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¿Que es el verano?

Lo mejor de la vida

El verano es la energía del placer.

De volver a la niñez.

El verano es salvaje.

Es ir descalza.

El verano sirve para preguntarse, ¿quién eres realmente? Cuando llevas poca ropa, te bañas en el mar por la noche o miras las estrellas.

El verano te acerca a tu niñez.

En mi caso, me contaron que un verano, estaba en el jardín de mi abuela y unas mujeres gitanas sedientas y acaloradas se asomaron pidiéndome agua. A mí se me ocurrió, invitarles a pasar abrir la manguera, y con la inocencia de los  cinco años, les fui dando agua una a una, y aquello se convirtió en una fiesta acuática, ellas quedaron empapadas con sus vestidos negros…y yo estaba feliz…. hasta que mi hermana fue corriendo a avisar a algún adulto para que pusiera orden.

El verano te acerca a tu esencia. Yo soy la misma de ese jardín, que le encanta, regarse con el calor del sol  o  que es feliz saliendo por la noche a tomar un helado, mientras escucha la música callejera y los  niños corren por la plaza del pueblo… porque es algo que asocio al  verano y a mi infancia.

Las píldoras del verano

Esa es la idea de felicidad. Una estación que sirve para recargar pilas.

Cada verano, hay que tomarse una, dos o tres pildoritas de buenos momentos. Existen un montón de buenos momentos para coleccionar. Del verano pasado recolecté una noche de estrellas fugaces y el sonido del mar antes de irme a dormir. De este que recién acaba, me llevo haber buceado con mi hijo viendo miles de peces y un camino  con un sol insoportable hasta lograr llegar a un paraíso sin apenas gente.

Estos momentos tan medicinales, son los que te llevas a otras estaciones como botiquín de emergencia en caso de días grises

Hacer vacaciones: huir del mundanal ruido

Es la energía del verano quien me inspira el acto de llevarme a mis hijos del ruido de a fuera y meterles  a regañadientes  en el silencio del atardecer en una calita con el único plan de recoger piedras y mirar el mar. Y al rato dejan de quejarse y transforman el aburrimiento en  imaginación… mira mamá un mineral! Mira esta piedra, parece un dinosaurio! Y sucede que mientras se esfuma el aburrimiento de sus mentes, a mi se me esfuman las preocupaciones de la mía …. Entonces es cuando surge esa energía de dejarse llevar y me encuentro jugando  como una niña con mis niños, pintando las piedras y haciendo collares con las conchas recogidas.

He hecho las vacaciones de  no necesitar nada, las vacaciones de ir sin maquillar, con el pelo salado, las manos llenas de pintura  y las piernas descamadas… hecha un asco por fuera…lo reconozco, he sido la “niña mala” que se mancha,  que no se arregla, que se va a dormir tardísimo y se despierta tarde, como las brujas… he hecho todo lo que mi abuela decía que no se hacía excepto en verano, así que estos ultimos días de verano, la he tenido muy presente.  Ella decía “a l’estiu tota cuca viu”(en verano todo gusano sobrevive) para justificar el desorden propio de esta estación y muchos de los juegos que yo le proponía trataba de convencerme que mejor iban a ser para el verano, para ensuciarse en el jardín (el mismo jardín  de la fiesta gitana).Este año, la he obedecido  y he guardado lo mejor de mí para el verano.

¿Porque nos cansan las vacaciones?

Hace unos meses, alguien me preguntaba cual era la estación en la que me sentía mejor. En ese momento, la verdad, no supe que contestar??!! Señal de que estaba  muy lejos de mí misma. Ahora que todavía puedo oler el mar, lo tengo claro, es el verano!

También es cierto, que hay veranos y veranos. Algunas veces, las vacaciones no nos cunden, porque no nos permiten desprendernos de la carga de todo el año. A mí me ha ocurrido, me he visto algún final de agosto confesándole a alguna amiga las ganas de volver a la rutina

Es cierto que el verano invita al descanso pero depende si te lo permites, si logras fluir y dejarte llevar. También tiene que ver con el lugar al que vayas,  con el tipo de actividad escogida, la compañía, las expectativas que tengas (creo que la energía del verano sería irte sin expectativas). Depende de cuánto te acoples a esta energía, si te sueltas, y te adaptas a su ritmo, si te dejas seducir por el desorden, a vivir sin horarios, a parar y a perderse dentro de uno mismo, podrás hacer de tu verano un oasis del descanso, un balneario para dejar de correr y empezar a caminar.

Y, ¿en tu caso?, ¿te has recargado este verano, has sabido “parar” o te has cansado más? ¿te apetece volver a la rutina o te quedarías unos días más en el limbo?

La energía de leer un buen libro

Una prueba que no me falla y me dice si el verano ha sido terapéutico  o no, es si he sido capaz de leerme un libro o más. Para mí leer, significa, priorizarse, haber encontrado momentos para parar. En mi caso, el libro tiene que ser de cualquier cosa menos de psicología porque en ese caso, estaría “trabajando” y mi mente necesita descansar.

Escoge un libro inspirador que alimente tu alma. El libro que escojas también puede influir en la experiencia del verano y si es bueno te llena de aprendizajes que te hacen crecer, además te permite desconectar de tu vida un rato, y meter las narices en otra realidad e inspirarte en la vida de otros.

La autobiografia que he leído este verano: “Tú no eres como las otras madres”, me ha emocionado profundamente. Lo escribe la hija de la protagonista, Else, que es una rebelde judía que se casa con un católico, para el escándalo de sus padres y allegados. En un Berlín emergente disfruta de los locos años veinte y de una vida acomodada con una ajetreada vida social hasta que llega la época nazi. Entonces, tiene que huir a Bulgaria, un país pobre que la acoge desde el corazón. Else pasa de tenerlo todo a no tener de nada… ahí se da cuenta del valor de la sencillez, del amor de compartir en familia y de la generosidad de la gente que a cambio de nada, le echa un cable…

Durante los largos años del duro exilio, de la guerra y de la miseria, su marido escapa desde Berlín para encontrarse con ella  y sus hijas . Es entonces, cuando se reúnen todos en un pueblecito marinero y pasan un gran día de verano en la playa, como si fuera un break entre desgracia y desgracia.

Y mientras devoro el libro, me voy quedando con  ese instante de felicidad tan bien descrita,  y vuelvo a mi momento presente,  y me encuentro en una playa sin apenas turismo, pensando..Pero es que al final, ¿qué se necesita en realidad? Sino el mar y rodearte de las personas que más quieres ….

Aprender a soltar lo insustancial

Aprovechando esta energía del agua, te invito a soltar, a empezar este nuevo inicio de curso, desprendiéndote de las metas que nazcan de la exigencia y posponiendo lo que no es realmente urgente…

Guarda un poco de verano para los fines de semana, y no hagas mucho, aprende a descansar. Escoge extraescolares que no tengan un fin sino que las hagas por puro placer, sin buscar que te aporten nada útil, o lo que es lo mismo atrévete a perder un rato el tiempo (estamos enfermos de que todo lo que hagamos en el tiempo libre nos sirva de algo).

Y sé fiel a ti mismo, a tu esencia, búscate, y para ello no hace falta irte muy lejos o hacer miles de actividades, no se trata de estar con mucha gente, se trata de estar con gente que realmente te apetece… y todo esto sirve para todas las estaciones, solo que ahora que aún nos queda cerca y estamos impregnados de verano,  sería bueno tomarse una gran dosis de este jarabe que se llama: lo mejor de la vida.

Cómo despedirse del verano y tener una buena rentrée

No hagas  una pataleta, deja que se acabe el verano, como todo lo bueno, llega a su fin.

Los psicólogos más ortodoxos, recomiendan entrar en la rutina una semana antes del inicio del trabajo con el objetivo de que uno pueda ir haciéndose a la idea y que la vuelta sea menos dolorosa.

Ayer cuando acababa este post entre visita y visita, escuchaba a  la gente  que se saludaba en la oficina con un “¿Las vacaciones? Ya casi no me acuerdo” o con el típico “Ya estoy tan metido en el trabajo que me quedan muy lejos…!

Fluir, es lo que más se aprende en esta estación….así que yo recomiendo que te lleves algo que te transporte a la energía del verano y que de vez en cuando y antes de que llegue el frío te escapes a tu paraíso, aunque solo sea transportándote mentalmente.

Entra en la rutina, – des-pa-cito – y con muchas píldoras, yo me llevo la del ruido del mar… ¿y tú?

 

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La vida es injusta

Estábamos en las tirolinas pasando el día con unos amigos, de repente los hermanos mayores de las dos familias pidieron un circuito más difícil y que solo su altura les permitía hacer. Los medianos lloraban y pataleaban porque se sentían ninguneados, secundados, e ignorados. Realmente era injusto, ¿porque unos hermanos, iban a tener privilegio sobre los otros? Mi amiga y yo, nos pusimos a comentarlo, llegamos a la conclusión, después de consolarles y explicarles que a veces ellos eran los que tenían privilegios sobre los mayores, que la vida era así, injusta. Mis padres al ser nosotros cuatro hermanos de edades variadas no podían tratarnos siempre por igual, porque había años que coincidíamos, pero otras épocas en que cada uno estaba en momentos distintos, unos adolescentes, otros más pequeños… y eso generaba necesidades diferentes. Supongo que eso ayudó a que cada uno hacía lo que le gustaba, uno pintaba, la otra bailaba, el otro tocaba la guitarra… Existen otras familias, llamadas aglutinadas, donde todos,  por ejemplo, juegan al tenis, o todos estudian la misma carrera,  puede que sea casualidad, porque estén muy estimulados hacia esa preferencia y les acabe interesando, pero también puede ser que inconscientemente se les tenga reprimidos ser otra cosa, aunque más tarde, probablemente en su vida adulta, descubran otras aficiones y aspectos de su forma de ser que acaben saliendo a la luz. La rivalidad entre hermanos forma parte de la naturaleza animal pero esta competencia, es mucho más fuerte e insana cuanta más igualdad se practique en la forma de valorarles, porque inevitablemente te conduce a compararlos más. Si a todos los hijos se les trata por igual, significa que la medida por los que se les valora es una, y puede que bajo una única medida unos sean superiores a los otros.

La rivalidad entre hermanos

Los hermanos rivalizan por la atención y el amor de los padres, lo vemos en cualquier cachorro de mamífero, pero este tendrá que entender que se le quiere por su forma genuina de ser.No podemos decir que queremos a todos los hijos por igual, ser preso de este pensamiento solo puede que engendrar culpa y competitividad insana.Debemos descubrir porque queremos a cada hijo, conocerle, abrazar y aplaudir sus diferencias y nunca compararles ni en resultados académicos, ni en el aspecto físico, ni en su forma de comportarse.Cada hijo te enseña unas cosas diferentes por lo que cada relación es distinta.Yo he sido madre tres veces, cada hijo ha nacido en un momento vital diferente y considero que he sido tres madres distintas, por edad, por circunstancias, por experiencias, por eso no he sido la misma madre:la primera madre que fui era novata, una madre virgen tiene mil miedos y en mi caso estaba agotada por no dormir, también era muy sacrificada, hacerlo “bien” era mi objetivo.La segunda madre que fui se sentía culpable cuando no lograba llegar a las necesidades de los dos, pero también era relajada frente a cómo cuidarles, mi objetivo  en este caso fue “quererlos por igual”.La tercera madre fue más amorosa, caótica y más paciente que nunca, con el objetivo de “dejarme llevar por el instinto”.Con cada experiencia, he ganado en ir dejando de ser “la madre ideal” y he dejado atrás los miedos, para seguir caminando en abrazar la madre que soy, aceptando sus defectos y valorando también más mis cualidades. Cada hijo me ha hecho conectar un poco más con el eslabón perdido de la maternidad salvaje y nos ha beneficiado a todos, a mí como madre y a ellos también como hijos.

Y tú, ¿qué tipo de madre eres para cada hijo?

Es una buena pregunta, porque puede realmente sorprenderte que a veces hay muchas incoherencias entre una madre para un hijo y otra para el hermano. Puede haber diferentes tipos de madre para cada hijo, la madre que aconseja, y la madre que se divierte con el otro, pero no deberían haber opuestos, por ejemplo, una madre atenta que escucha con uno, y con el otro una madre que no escucha nunca. En una conferencia para padres, sobre educación, una madre levantó la mano para comentarme lo difícil que era su hija mediana. Se puso hablar de lo maravillosa que era su hija mayor y su hija pequeña, y de la mediana solo se quejaba: que era cerrada, que no le contaba nada, que siempre estaba de mal humor… Le pedí que me dijera una cualidad de cada una de sus tres hijas, con la primera y la tercera, lo tuvo fácil, pero no se le ocurría nada bueno de la hija de en medio. El problema es cuando una madre solo valora lo que le falta a un hijo por lo que tiene el otro.  Cada hijo es genuino y encuentra unas cualidades por las que destacar. Si naces en  una familia donde existe un hermano estudioso, ocuparás la vacante del divertido, si la vacante, estudioso y divertido están ocupadas, buscarás otra cualidad por la que destacar. Este fenómeno sucede porque los hijos necesitan ser atendidos y cubrir sus necesidades a través del afecto de sus progenitores y despliegan sus encantos que al diferenciarse de los de sus hermanos permitirán que los padres se sientan atraídos por cada uno de ellos.

La oveja negra

Pero a veces, esto no sucede, hay un rechazo inconsciente y encubierto con un hijo, que suele ser, al que llamamos problemático, el niño difícil, el que se porta más mal, el que no para de molestar a su hermano pequeño… En ese caso, te has de preguntar, ¿que no estás haciendo con ese hijo?, ¿qué necesidades no estas cubriendo y qué cualidades tiene que no estás apreciando? En una visita familiar, observaba mucha armonía entre los padres y tres de sus hijos, pero mucha tensión cuando el cuarto y primogénito aparecía en escena. Se quejaban de lo mucho que molestaba a sus hermanos pequeños, y sin darse cuenta lo invitaban a hacer planes por separado, así que, con la excusa de ser el mayor, cuando todos estaban en el parque, él estaba jugando a la consola (aunque tenía la edad de estar también en el parque) o cuando se iban al cine, él se quedaba en casa de un amiguito. Un día, la madre, me explicó lo difícil que había sido su parto, que la dejó ingresada una semana porque tuvo desgarros y otras heridas en el útero, literalmente dijo “el niño me desgarró, me rompió por dentro”. Ese día pude entender un poco más lo que les pasaba, a veces es necesario entender como ha sido la relación madre e hijo, antes de que apareciera el problema.

Es normal que en una familia siempre hay quien tiene un mal día, uno que está especialmente más fastidión de lo normal… pero el problema es cuando siempre es el mismo miembro, cuando lo etiquetamos, y acaba convirtiéndose en la oveja negra. Este ser “el diferente” es muy peligroso, porque los propios hermanos lo expulsarán del grupo y reforzarán la idea de que es el hermano ´non grato´, al imitar el rechazo inconsciente de sus padres. El problema se enquista, cuando el rechazado se siente enfadado y no hace más que insistir en el mal comportamiento porque muestra su ira y su rabia hacia la incomprensión que siente y esa actitud lo estigmatiza aún más haciendo que se le rechace por más razones.

Abrazar a la madre imperfecta

Pero todo esto se puede parar, lo primero desde el propio lenguaje. No es lo mismo decir tengo un hijo problemático, que tengo un problema con un hijo. Si asumes que el problema es tuyo, es más fácil de solucionar. Para ello deberás reflexionar para detectar que es lo que realmente ocurre, qué pasaba en tu vida cuando lo concebiste, si lo deseabas o vino de sorpresa, si tenías el espacio en tu vida para ese niño o te costó hacerle un hueco, si querías que fuera de ese sexo o esperabas que fuera del otro, si se parece a ti, o no se parece en nada y como te afecta sus parecidos u opuestos contigo, si esperabas que fuera diferente a como es, si quieres que sea de una manera y te molesta cuando no cumple con tus expectativas o si dejas que sea quien quiere ser…todo lo que hagas consciente, sanará una herida entre tu hijo y tú, de lo contrario seguirá produciendo dolor en vuestra relación.

Con esta idea, también como madre has de abrazar la imperfección, has de entender que a veces con uno te pasas de largo y con otro te quedas corto, porque es imposible siempre ser justo. No se trata de dividir el pan en partes iguales, se trata de estar atento en dar a cada uno la proporción de atención que necesita en ese momento, y eso significa, que a veces un hijo necesita más que otro, puede que uno te pide más atención a la vez que el otro te pida más distancia.

También la vida de una familia es muy larga, y es normal que hoy te lleves mejor con uno, pero descubras más adelante una afinidad con otro. Lo importante es que no haya preferencias, pero sí que prefieras a cada hijo por y para compartir cosas distintas.

Enamorarse de cada hijo

Cada uno te habrá de enamorar por sus particularidades, por eso es importante, valorar y encontrar sus cualidades y abrazarle por ellas. ¿te falta algún hijo del que aún no te hayas enamorado? Aún estás a tiempo, siempre se está a tiempo de mejorar. Para ello, has de saber que cada hijo ha de tener su espacio, su tiempo y sus necesidades cubiertas. Pregúntate, ¿cuánto tiempo pasas con cada uno de ellos? ¿cuánto juegas con cada uno de ellos? ¿que gustos y preferencias tiene cada uno? ¿qué necesidades particulares tiene cada uno? ¿qué expectativas tiene cada uno de su madre? ¿qué es lo que te enamora de cada uno de tus hijos? Me he enamorado de mis tres chicos por cosas muy distintas: del primero por su sensibilidad, del segundo por su fuerza y del tercero por su ternura. Reconozco que no con todos ha sido un flechazo, hay amores locos y otros amores que se cuecen a fuego lento. Pero lo importante es descubrir a cada uno de estos amores, porque son únicos y diferentes y por eso son relaciones diferentes y especiales, porque a cada hijo te unen cosas distintas.

Es cierto también que la vida te va poniendo a prueba, que a veces te desenamoras porque las personas cambian y necesitas esforzarte de nuevo para volver a reencontrarte. Seguramente, en la edad de la adolescencia es más difícil enamorarte de un hijo que te contesta mal, vive en su mundo y no te dirige la palabra, pero sí logras verle la gracia, el aprenderá también a quererse. Una paciente adolescente, me comentaba como sus padres solo se referían a ella con buenas palabras cuando le hablaban de su infancia y ella ni siquiera podía recordarse, me explicó que ella no se reconocía en esa niña pequeña y que le gustaría que sus padres también pudieran hablar bien de la persona en la que se había convertido.

También los hijos, pueden sacarte de quicio por cosas muy distintas, porque aunque sean niños tienen también su carácter y habrá cosas de ellos que no te gustarán y que probablemente sean el espejo de tus propios defectos, así que también deberás aprender a abrazar sus dientes y calvas podridas, que al final son los defectos que están en ti y en tu pareja. Con esto se puede concluir que amar a los hijos es un ejercicio de aceptación y de amor hacia ti mismo y hacia tu pareja. Todo lo que no tengas resuelto en ti y en tu pareja, quedará reflejado en su rechazo hacia ellos. Todas tus frustraciones y limitaciones son tuyas, no hagas que se apropien de ellas tus hijos.

El árbol como metáfora

Si tu fueras un árbol y cada hijo un tronco, deja que cada uno escoja quien quiere ser y limítate a observar y dar ese espacio para que tengan suficiente terreno para llegar hasta donde ellos quieran. Acepta que habrán hijos más enraizados que otros, unos crecerán más rápido y otros necesitarán que les riegues más…no importa que unos hagan las ramas más altas porque quieran llegar muy lejos y otros las hagan más cortas porque necesiten menos, lo importante es que cada uno tenga la libertad para crecer hasta donde decida y en la dirección que ellos escojan. Limítate a escuchar cuánta agua necesita cada uno, y deja que cada extensión de ti  sea  como quiera ser, con sus particularidades , ama a la rama más parecida a ti  y también a la más diferente, todas las extensiones de ti te enseñarán algo y anímales para que algún día ellos siembren también su propio árbol.

 

Si te apetece profundizar en el tema no dudes en apuntarte al taller de la madre el 9 de mayo, para profundizar en ti como hija y en ti como madre.

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llenarse

La pregunta

En lugar de hacernos la pregunta de si nos sentimos o no felices deberíamos preguntarnos si nos sentimos llenas o por el contrario nos sentimos vacías.

El éxito o el abismo al vacío

Muchas mujeres sienten que han alcanzado el éxito, el éxito profesional, familiar, o los dos objetivos juntos, sin embargo, a pesar de sentir la admiración y el reconocimiento de los demás, les falta algo y no logran descifrar lo que es.

El intento de solución tras esa sensación de no sentirse del todo completas, les lleva a todavía esforzarse más, a hacer mejor de madres, a hacer más en el trabajo, “sé que puedo lograr muchas más cosas, sé que puedo hacer más…” me comentaba una de ellas en una sesión intentando buscar la manera de saciar su infelicidad.

Otras no sienten que hayan logrado ese éxito para el que han sido educadas, o tienen un trabajo estupendo, pero fracasan en la pareja o tienen una relación maravillosa pero no han encontrado un trabajo donde se sientan realizadas. En este caso, el intento de solución se convierte en una obsesión, o destacar al máximo profesionalmente (aunque aquello no me guste) u obsesionarse con la pareja perfecta que cree la rescatará de todos los males y de toda la infelicidad.

Educación basada en los resultados

¿Qué hay detrás de estas mujeres? Una educación basada en el molde de la niña perfecta. Este tipo de niña ideal, sabe cuál es su cometido desde pequeña y lo que se espera de ella. En mis años de estudiante hice de canguro de una niña de diez años que ya sabía qué universidad escoger y el coche que tendría cuando cumpliera los dieciocho. La niña perfecta sabe desde muy pequeña cómo tiene que vestir, qué tiene que estudiar, a qué se va a dedicar, qué tipo de marido tiene que escoger, para agradar. No hay ningún espacio para la libertad: “es una niña que nunca me ha dado problemas” “es una niña súper estudiosa” “es muy buena niña” “nunca me ha dado un disgusto” son las frases de sus orgullosos padres.

El afecto que reciben de ellos, es proporcional a cuánto se asemeje a la niña modélica que ellos diseñaron. Por eso, ellas se esfuerzan tanto y hacen méritos, por ejemplo, consiguen becas de entre miles de aspirantes, marcas deportivas admirables, oposiciones imposibles, un trabajo de ensueño…y el bucle se envenena más y más… Cuánto mayor es el éxito, más alimento reciben los padres que a su vez más les exigirán, aunque como nunca les han dado un disgusto, esta exigencia se basa en el refuerzo positivo y nunca en el castigo o la desaprobación.  El mayor enemigo de una persona que nunca se equivoca es el miedo a cometer un error, la desaprobación de sus padres y la decepción que pudiera provocarles, se convierte en una amenaza que que le conducen a una vida hiperexigente y controladora.

Desconocimiento personal = Esclavas de la perfección

Esclavas de la obligación, del éxito, esclavas del orgullo de sus padres a los que temen defraudar y a los que sienten que no pueden fallarles, por eso viven con terror equivocarse y tomar sus propias decisiones. Y lo peor es que se convierten en esclavas por no conocerse a sí mismas, porque mientras cumples órdenes no tienes espacio para escoger por ti misma y tomar tus propias decisiones o responsabilidades.

El GPS más fácil es cumplir lo que te dicen, lo terrorífico es todo lo que salga de lo formal, el folio en blanco donde tienes que dejarte llevar, escoger lo que te apetece y ser tú misma, se convierte en una carretera peligrosa que desvío cada vez que me encuentro con ella, porque no te conoces de nada y por lo tanto temes encontrarte con esa desconocida que podría hacer cualquier tontería.

Una paciente se encuentra con todos los deberes hechos, la carrera y el proyecto entregado, tres años en los mejores despachos de abogados, un novio recién dejado y una tristeza y agobio enorme. La vida le presenta de nuevo, la carretera peligrosa hacia el centro de sí misma o seguir con una vida vacía. Después de unos años de terapia, le he anunciado que es el momento adecuado (no habrá otro más oportuno), para dejarse llevar. Dejar de cumplir por un tiempo, para viajar al centro de sí misma a través del dolce far niente, un viaje sin máster, sin obligaciones, sin ONG, sin sentido, con el único propósito de pasarlo bien y conocerse. Está aterrorizada, y empiezan las resistencias: ¿como voy a decirle a mis padres que me voy a hacer “nada” ?, ¿como una psicóloga como tú, me recomienda perderme, perder el tiempo y pasar de todo?, es una locura! Una locura muy cuerda, para quien nunca ha podido explorar esa parte de sí misma. Lo va a conseguir, va a dejar de ser perfecta, va a dejar de luchar y a atreverse a divertirse y volverá encontrada y reconciliada con su parte más auténtica.

El primer paso para liberarse=criticar a los padres

Una hija complaciente, jamás ha tenido la libertad de cuestionar o criticar a sus padres. Algunas incluso en terapia, se niegan a hacerlo puesto que lo interpretan como un sacrilegio, como si estuvieran faltando al jefe de su secta. Sus padres han hecho una campaña de prestigio de que son padres modélicos, con grandes valores, grandes trabajos, dignos ejemplares. Ellas solo tienen que imitarles o que seguir las coordenadas que ellos van trazando a medida que crecen.

Por ello, cuestionarlos, el que se abra una mini brecha, donde quepa la posibilidad de que estos padres modélicos se hayan equivocado inconscientemente, con el deseo de hacerlo bien…es el principio de la crítica.

No estamos hablando de malos padres, en realidad el concepto de malos o buenos también es infantil y proviene del mismo tipo de educación, hay que lograr superar la dicotomía. Se trata de padres que posiblemente también crecieron con el mismo patrón y no son conscientes de su propia prisión, por lo tanto, no se trata de buscar unos culpables, sino de entender el origen de mi problema y comprenderlo.

Imitando a los “exitosos”

Cuando creces complaciendo sientes un vacío en tu interior. Ese vacío lo empiezas a llenar como te han enseñado, haciendo lo que la mayoría hace…por eso escogen la misma carrera que las amigas que se sienten seguras, el mismo coche que el vecino que parece feliz, el objetivo es tener la misma vida de los que parecen mejores que tú.

El valor a imitar es el éxito por eso las personas que triunfan se convierten en tu referente. Por ejemplo, a una paciente en crisis matrimonial, le pregunté qué era lo que le había enamorado de su marido, me contestó que era el mejor de su promoción. Nos acercamos a los que tienen éxito, sin plantearnos si quien está detrás nos gusta de verdad. Confundimos a alguien de éxito, con alguien feliz. Pero si el éxito está construido para buscar la aprobación, no es un éxito auténtico, puesto que el talento nace del placer y solo los mejores disfrutan haciendo lo que hacen.

Las personas felices, rigen su vida en la confluencia entre la responsabilidad y el placer. Toman decisiones arriesgándose a equivocarse, se atreven a caerse y cuando se levantan de nuevo son más libres que cuando se cayeron. No llenan todo su tiempo con obligaciones, sino que también buscan actividades que les llenen, aunque no sirvan para nada y si se sienten en crisis no buscan un chupete emocional para huir de sí mismos, sino que se rompen para reconstruirse de nuevo. Por lo tanto, no es la vida que tienen, no es su pareja, ni su casa, ni su trabajo, ni su coche lo que hace que se sientan bien, es lo que son y la libertad de ser auténticos.

Huir  de uno mismo con el exceso de actividad o llenarse con las pequeñas maravillas de la vida

Hace un tiempo, en el círculo de mujeres, pedí que cada una trajera una definición de felicidad. La primera voluntaria leyó lo que parecía un día en un parque de atracciones: viajar, salir, comprar, cenar fuera, ropa, caprichos, vacaciones…La segunda, habló de una puesta de sol, un abrazo, una mirada, un proyecto. No hizo falta decir nada.

El vacío se puede llenar con un trabajo que me absorba todo mi tiempo, con consumismo compulsivo, viajando en forma de huida para evitar el aburrimiento que es una puerta hacia uno mismo, con un novio que me dé sentido e identidad, con un cuerpo perfecto que me dé sensación de control en mi vida, o con las copas del fin de semana, o educando de forma rígida a los hijos como hicieron conmigo…

Puedes vivir con este parche solución muchos años…chupetes emocionales, les llamo. Pero llega el día, si tu parte sana se pronuncia, que ya no puedes más, que no quieres vivir engañado… que quieres recuperar aquella niña libre de seis años que corría y saltaba, que era salvaje y que aún estaba por codificar.

Cuando entras en crisis, cuando ya no puedes más, estás más cerca que nunca de tu parte sana, la depresión, la ansiedad te están avisando que te cargues el sistema y que lo formatees de nuevo. Pero, ¿cómo se hace? Puedes hacerlo en forma de psicoterapia, en forma de viaje interior, meditación, llorar, grupos terapéuticos, para enfrentarte a tus demonios. Hablar con una misma es atreverse a mirarse al espejo, de esta forma, desarrollas la conciencia y creces.

Dejar de huir con miles de actividades, es la manera.  Hay sesiones en las que cuento las veces que la persona asocia el estar bien con la cantidad de actividades que ha hecho, por contraste, en la sesión que te explica que ha estado sin planes, te la encuentras decaída y triste. Es la prueba de que a veces huimos de la crisis a través de la actividad, y nos sentimos “distraídos” que no es lo mismo que estar bien.

Como decía Facundo Cabral “no confundas a la actividad con la vida; ahí está el sol, exactamente ahí para que lo veas, ahí está el árbol hace muchos años para que te des cuenta que es una maravilla”

Llenarse para crear

Las mujeres necesitamos llenarnos para conocernos y sentir nuestra completud. Nuestra naturaleza, nos brinda la oportunidad de ser madres, llenamos nuestros úteros de vida, gestamos y parimos un ser humano y es una energía creativa que empodera nuestro sentido en el mundo.  Sin embargo, no podemos estar todo el tiempo en la tierra maternando hijos humanos, pero sí podemos crear otro tipo de hijos. Nuestros proyectos, el sentido que le damos a nuestra vida, hacer crecer una idea: sembrarla, gestarla y parirla, nos alinea con nuestra naturaleza cíclica y creativa.

Por eso necesitamos periodos de descanso: de  vaciarnos, de parar, de no hacer, de no pensar, de dejarnos llevar y dejarnos cuidar, nutrirnos para cargar pilas y de nuevo gestar una idea, salir a la superficie y volver a crear.

Desde cualquier arte, la música, la artesanía, el dibujo, la escritura, desde el amor de dar, enseñar, compartir,educar, cocinar, desde el placer del baile, el sexo, la risa, el descanso o desde cualquier sentimiento que venga de dentro, podremos llenarnos, crear y ser libres.

 

 

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Robarte la piel

¿Donde está tu lado salvaje? ¿esa parte de ti que no fuistes porque no dejaron que fueses? ¿qué parte de tu persona hicieron que exageraras y sacaras hacia fuera? y ¿que otra parte se quedó escondida o reprimida? Ese lado pendiente de desarrollar porque tu cultura subestimó y creyó que no era apta o ni siquiera se dieron cuenta de que tenía valor, a lo  que nadie prestó atención, ni siquiera tú mismo, es probablemente donde resida tu fuerza y tu verdadera esencia.

Encajar en la talla M

En dirección a Atenas, hacia la meca del éxito,  habia un posadero llamado Procusto que te ofrecía dormir en su posada en unas condiciones muy amorales. Decía a los viajeros, que si daban la talla y encajaban en la cama no les cobraría nada, de lo contrario, o les estiraba las extremidades para alcanzar los topes de la cama si el cliente era pequeño, o le cortaba las piernas  y los brazos si se pasaba de largo a menos que pagaran una cantidad de dinero para salvarse.En realidad, les engañaba, porque poseía dos  modelos de camas, la larga y la corta,  y siempre conducía al cliente a  la cama en la que no encajaba para poder cobrar la cantidad de dinero y  si no podían pagarle, cometer sus fechorías,mutilanado o alargando sus cuerpos.El síndrome de Procusto significa “aquel que corta la cabeza o los pies de quien sobresale”.

En ese modelaje llamado educación , nuestro adultos trataron de que nuestro comportamiento no se saliera de la raya, no fuera exagerado…cuántas veces oímos decir a los padres aquello que lo que más desean es que sus hijos sean “normales”.

Fantaseamos con ser como los demás, a poder ser, no destacar por debajo de la media, pero tampoco nos atrae destacar mucho por encima de la media, ser iguales nos garantiza que estamos dentro, que pertenecemos al grupo, y aparentemente esto, nos hace sufrir menos.  El problema, es que encajar en la talla mediana,  ya nos cuesta  y sufriremos mutilaciones emocionales a lo largo de  nuestra vida,  con tal de encajar en la medida exacta. En ese camino hacia el “éxito de ser como los demás” vamos perdiendo nuestra creatividad, nuestro yo más genuino y  original. Lo peor es que nos revestimos con una piel  más dura, que no siente,  para no sufrir la pérdida de nuestra esencia, y mientras perdemos sensibilidad, vamos mejorando nuestra maquinaria de adaptacióm al medio, nos vamos convirtiendo en seres normales que ni ven, ni oyen , ni sienten lo que de verdad importa.

Etiquetas y prohibiciones

¿Qué cosas no te dejaron hacer de pequeño? ¿qué no probastes? ¿qué te asustó explorar? ¿qué no te aplaudieron? ¿qué desconocían de tu forma de ser? ¿porque te riñieron?¿qué reforzaron, y qué ignoraron? Cuando te decían , cuidado, se buen@, no lo hagas, te puedes hacer daño, eso no se hace, o eso no se dice, estos juegos no son para ti….¿qué dejastes de hacer, de ser, qué dejastes de expresar y por lo tanto de descubrir dentro de ti?.

¿Cuáles eran las etiquetas que llevabas? a veces detrás de un despistado hay un gran pensador, detrás de un rebelde hay alguien que es sensible a las injusticias, detrás de un gran carácter hay un gran líder, y del que no calla un gran comunicador, de alguien sensible un gran creativo , de un mal estudiante hay un “gran alguien” en talentos que no se ponderan en la escuela ….

Eso quiere decir que no hay rasgos de personalidad malos o buenos sino formas de interpretar esos rasgos…hay una amiga a la que siempre la admiro por su honestidad y transparencia… algo que confiesa haber oído en forma de reproche por ser directa e imprudente….

Rebeldes que siguieron su instinto

Si rebobinamos hacia atrás en la historia podrás observar que aquellas personas que dejaron huella, fueron personas que sobresalieron de la cama,que su sociedad no aceptaba….y  sufrieron porque los marcaron por ser diferentes pero persistieron a pesar de no ser aceptados, se rebelaron, se negaron a encajar, porque su naturaleza y su genialidad pudieron más que el hecho de ser aceptados por el grupo.

Monet por ejemplo creó un arte distinto al de sus coetáneos, pero como buen rebelde, confió en él mismo, con la certeza de que iba a contracorriente de su época y sería alguien. Con el tiempo, saboreó el éxito encabezando una tendencia que él inició, y pudo ser reconocido como merecía.

Hipatia de Alejandría rechazó casarse para dedicarse a la ciencia y escribió grandes libros que hoy forman parte del conocimiento contemporáneo sobre matemática, astronomía o geometría.

A Charles Darwin su padre le decía que solo sabía jugar con perros, y fue el creador de la teoría de las especies!

Descubrir nuestra esencia

Entonces, ¿de qué depende despertar? ¿Cómo descubrir esas partes de nosotros que quedaron enterradas en nuestra infancia? ¿y qué podría reactivarlas?. A  veces enamorarse, una música que sacuda nuestra alma, una gran película que nos remueva por dentro,una cura geográfica (irse lejos de tu Procusto), ser madre o padre, un viaje solo, una crisis personal o una amistad auténtica… Todas aquellas experiencias que nos impactan emocionalemtne pueden de repente bajar las barreras de nuestra coraza y dejar en la superficie ese talento que desconocíamos…

Cuando uno no se reconoce a sí mismo, intuye que ha nacido para hacer otra cosa , el problema es que su versión original está tan enterrada que uno no se da cuenta  que  lleva un disfraz  puesto las 24 horas del día.Podemos llevar siglos funcionando desmotivados sabiendo que nos falta algo  o por el contrario hay quien se adapta a ser un número más y prefiere vivir como un robot sin alma antes que arriesgarse al rechazo.

Llevarlo a la conciencia es clave para despertar, hay veces que uno se encuentra reproduciendo roles que no ha escogido, viviendo la vida que los padres pretendían que escogiera, pero que en realidad no decidieron libremente. Para encontrar tu propia voz, es importante discriminar donde acaba quien me educó y donde empieza quien yo soy.A veces no es más libre el hijo que hace todo lo contrario sino el hijo que ha podido ser crítico con lo recibido y puede luego discriminar lo que le sirve y lo que prefiere no repetir.

Recuperar recuerdos de la niñez

Volver a nuestra infancia, recordando lo que fuimos y ver qué nos gustaba hacer,como éramos de niños.. es clave en el proceso de recuperación de  nuestra parte más genuïna. Antes que nos dijeran hablas demasiado o hablas poco, eres un rebelede o paradito, vas de chulo o está colgado, te acuestas con muchos o eres una mojigata… Mucho antes… cuando jugabas con muñecas, o igual pintabas, o escribías cuentos, o montabas un espectáculo de teatro, o cantabas o te rodeabas de animales o devorabas pelis …

También es importante indagar en aquellas personas que te conocieron fuera del entorno familiar más íntimo, preguntar a tíos, primos lejanos o amigos de la infancia sobre lo que recuerdan de ti y cómo  te veían ellos cuando eras un niño.

Puede que lo que tu seas no sea reconocido en tu familia más cercana, por ejemplo, si vienes de una familia de médicos y tu vocación es ser actor, o si vienes de una familia de actores y lo tuyo es la medicina.O si tu eres una persona seria y tu familia es una fiesta o si tu eres una fiesta y tu familia te ve como un iluminado.

En cualquier caso hemos de volver a esa cama y pensar qué nos cortaron, qué no desarrollamos , qué nos dejamos por el camino por miedo a ser diferentes. Después, si recuperamos nuestra parte mutilada, es importante empezar a reconocerla y darle espacio para que pueda expresarse.

El tercer ojo

Conectar con tu vulnerabilidad, sería un tercer ojo por el que puedes descubrir tu verdad  y la esencia de quienes te rodean.Cuando alguien no te deja ser tu mismo:sufres.Cuando alguien no te acepta , te trata mal, aprendes con el tiempo a modelarte con tal de complacer. Olvidas que estas traicionándote  y que estás dejando de ser único. Leí una vez sobre un niño que en clase les obligaban a pintar la primavera con una flor de color rojo… todos debían representarla igual, coartando su creatividad. Al cambiar de escuela, le tocó dibujar el verano, pero allí no hubieron consignas, ni de colores, ni de formas y el niño se quedó en blanco porque no sabía qué expresar.

Por eso, si logras sentir el dolor cuando tratan de cambiarte,de reprimir tus cualidades y dones,  podrás resistirte y protegerás  tu esencia. Lo mismo pasa en una relación de pareja, cuando quieres gustar tanto que dejas de ser quien realmente eres, con tal de encajar en los gustos del otro. Y entonces, sin darte cuenta,  mueres en vida, se te apaga la luz, encajas, cabes en la cama del otro, pero no eres tú. El dolor y la tristeza, nos avisan de que no estamos en el sitio adecuado, de que hay algo que debemos cambiar, decir y transformar.

Así que es mejor arriesgarse a no gustar y estar vivo a pesar de que el precio por atreverse a ser diferente sea estar más sólo, … que ser como todos ,estar acompañado, pero matar a tu alma.

Y tú, ¿te has preguntado alguna vez por esa parte tuya más salvaje? ¿que parte de ti incomoda en el otro? ¿te atreves a quitarte la coraza y ser tu mismo? nunca es tarde para despertar!!

 

 

 

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burla-princesa

Recuerdo que  era carnaval y subimos del patio a la clase, íbamos disfrazados y apensas quedaba un rato para volver a casa. Estaba en primera fila porque hablaba demasiado…(eso me decían que era malo, y me lo creí, aunque ahora ya no lo piense) así que cuando llamaron a la puerta, lo escuché todo. La señorita de tercero, levantó una cinta de tul rosa y preguntó en voz alta:¿Alguna de las niñas de la clase, ha perdido esto en el jardín?

Ninguna contestó…insistió una vez más. Nadie habló. Entonces ella, hablándose para sí misma pero en voz alta, dijo: “no, esto no es de esta clase, debe ser de las de segundo, ellas son mucho más princesas” e indicó al niño que fuera a preguntar allí.

Aquella frase me quedó enorme y se abrió una brecha, me quedé con una pregunta  flotando en mí cabeza que empezó a adentrarme en un mundo desconocido…

Lo primero que pensé fue si lo que decía la señorita, sería bueno o malo porque cuando se tiene ocho años todo lo clasificas bajo estos dos opuestos. A mí ella me infundía mucho respeto, me daba casi hasta miedo. Su tono, su mirada, eran una mezcla entre la amargura y el sarcasmo. Por eso, aunque yo aún no había conocido a alguien como ella, ni entendía el significado de la ironía, aprendí por supervivencia a leer su tono. Me di cuenta de que lo que decía con mala leche, era todo lo contrario a lo que en realidad pensaba y eso era mala señal porque muchas veces indicaba enfado, crítica o desaprobación.

Las de segundo son más princesas….mi cabeza repetía dentro de mí. De repente las recordé, era cierto,  jugaban en el patio con sus disfraces rosas, sus coronas, sus tacones, el pelo al viento y reverenciándose sin parar. La verdad es que parecían muy felices.Y por el contrario, no visualizaba a mis amigas, no lograba imaginar a qué dedicábamos el tiempo libre las de tercero. No supe contestarme: ¿si las de segundo son princesas, nosotras qué somos???

Esa frase de la Srta. Sarcasmo fue lo mejor del curso, un regalo que no fui consciente de recibir y que me llevé en forma de una gran pregunta. Mientras explicaba en la pizarra cómo dividir, de la manera menos interesante del mundo (también el sistema educativo tenía su parte de culpa), yo la observaba a ella, de hecho, me pasé todo el curso analizándola. Quería entender esa ironía desde donde interpretaba a la vida, a   través de sus gafas de pasta marrón que era lo único que teníamos en común, ella y yo.   Y todo, para poder entender…. ¿Por que las de segundo eran más princesas? y traducir si eso era mejor o peor para nosotras, las de tercero.

Creo que a la siguiente navidad pedí a Papá Noel que me trajera un disfraz de princesa. En casa, no debieron entender nada, porque nunca había querido uno antes y me trajeron un vestido rosa chicle espantoso que me puse intentando ponerle ilusión. Además, lo combiné con sombra de ojos verde a lo 80´s versión Madonna. Viéndolo con perspectiva, creo que tenía un lío importante de referentes femeninos. La cuestión es que el vestido tuvo poco éxito y apenas lo utilicé , no me lo sentí nada mío. Tengo una foto donde lo llevo puesto, aparezco con cara de impostora, voy de feliz, pero parece que esté pensando: no me pega nada este vestido. Con el tiempo, llevé otros disfraces de campesina, vaquera, pitufa y tuve una concesión : un disfraz de hada madrina de túnica azul y barita con la estrella glitter pero muy espartana sin confetis ni cintas colgantes. Nunca más me puse un vestido de princesa…hasta el día de mi boda, veinte años más tarde.

Supongo que durante todo ese tiempo de mis 8 a mis 28…fue un periodo de incubación,  donde seguí recibiendo inputs de la felicidad relacionados con el arquetipo princesa. Al fin y al cabo, que iba a hacer yo, si veía a chicas de segundo por todas partes, hablando de si el vestido, las flores…y que el mejor día de su vida, iba a ser sin lugar a dudas, el día de su boda. La verdad es que podía hacerlo, tenía un novio que me hacía feliz y amigos para compartir esa felicidad servida en pack. No digo que no fuera un momento especial, pero siempre digo que mi historia de amor, que la tengo, contiene capítulos igual o más bonitos antes y después de nuestra boda. Esta reflexión, mí verdad, incomoda un poco a un buen amigo, se lo noto, por ejemplo,cuando ve el álbum de las fotos de la boda tirado de cualquier manera o le digo que todavía nos falta editar el vídeo. Entonces, nos mira con cara de incredulidad y un poco asustado,como si no le diéramos el valor que merece a ese día. Yo no tengo ni idea de cual ha sido el día más feliz de mi vida, tengo por suerte muchos buenos momentos, me parece deprimente e infantil, pensar que el mejor día de tu vida fue el día de tu boda.  Además según los años que hayan pasado, porque el tiempo siempre corre hacia adelante, la felicidad te quedará cada vez más y más  lejos. Pero a mí me provoca curiosidad notar a mi amigo incómodo. Hace poco volvió a salir el tema, estábamos un domingo entre amigos que casualmente coincidió con nuestro aniversario. Nuestro aniversario, pero no -el -de -la- boda, recalqué mirando a mi amigo, ya que me refería al aniversario del día en que mi novio ahora marido  y yo empezamos a salir. Y seguí por inercia al ver su cara: es más, creo que ese día fue seguramente el día más feliz de nuestra relación. Como sólo a los buenos amigos les permites, dejé que me criticara (porque de la crítica constructiva siempre aprendes)y que se burlara de mi comentario.Así que después de aguantar un rato metiéndose conmigo, le pregunté lo que me hubiera gustado que me preguntara la Srta. Sarcasmo, ¿porque crees que las de segundo son mejores que tú? Y le dije, y tú, Amigo, ¿porque crees que el día de tu boda fue el mejor día de tu vida…? se quedó callado y no contestó. Lo cierto es que le entendí…yo he estado treinta años intentando responder a la primera pregunta. Cuando me pidieron matrimonio , me volví loca de felicidad, recuerdo que llamé a mi padre a contarle, (él diseña vestidos de novia y conoce muy bien el mundo femenino), le comenté mi sorpresa por mi gran entusiasmo, al fin y al cabo, ya habíamos firmado una hipoteca, así que sabía que teníamos ilusión por construir un futuro juntos y que él me quería. Mi padre me contestó: mira os lo han metido en la cabeza desde que sois pequeñitas, en los cuentos de princesas, en las pelis de Disney… lo de ser una princesa, casaros con el príncipe azul , que os lo pidan de rodillas. Y sentenció: entonces están las que se mueren de ganas ( como las de segundo, pensé yo) y que lloran de alegría, las que ni fu ni fa y que lloran de alegría y las que dicen que nunca se casarán y que cuando les dan el anillo, también lloran de alegría!. Pues sí, le di la razón, estaba programada, educada para sentirme así, tenemos unas creencias tan, tan incorporadas que ni siquiera nos planteamos el porque de las cosas. Así que fui una novia feliz que me dejé llevar por el cuento que siempre me habían contado, y que con el tiempo ha quedado en un bonito recuerdo.

Ojo y que nadie se confunda, que soy fiel defensora de las bodas, del ritual que significa que empieza una nueva etapa y finaliza otra, porque como todos los rituales ayudan a ubicarte y a ubicar a los demás. También sé, que sería mejor novia hoy que el día de mi boda….porque entiendo más profundamente lo que significa ese compromiso, igual que he disfrutado mucho más de mi maternidad con el paso del tiempo. Pero soy detractora de casarse por el capricho o por tener ese – día princesa-, por ahí ya no paso. De hecho, en mis redes sociales sigo a una conocida que ha publicado diariamente todos los preparativos de su boda durante más de un año, y cuando piensas en eliminarla de tus contactos, por fin se casa, para el descanso de quienes la conocen. Pensé que después de tres semanas publicando sin parar las fotos de su boda, acabaría por fin con el bombardeo, pero no, ha seguido publicándolas compulsivamente y me preocupa. Cada vez que comparte una imagen más me pregunto que hará cuando se le acaben todas… y cómo se sentirá el día de después.

Pero, al final, y como buena hija de mi generación, siempre hay una contradicción, entre lo que realmente soy y lo que me han vendido que soy. Por eso, no descarto, en honor a mi madre, a mi abuela, a mi bisabuela y a todas las mujeres que me precedieron, que también les hicieron creer en princesas, editar, por fin, en nuestro décimo aniversario, el vídeo de la boda. Mi padre ya lo sabe, aunque yo aún no imagine hasta qué punto recordar mi boda me hará muchísima ilusión. Y claro, mi amigo será de los primeros en recibir ese recuerdo (bueno, un resumen porque hacer tragar a tus amigos toda la película, es de mal gusto). Creó que en el asunto del email le pondré  una frase bonita que todavía he de pensar pero que insinúe algo así como “para los que siguen soñado en los cuentos de hadas”.

Yo en cambio, ya no soy de esas, he intentado con todas mis fuerzas, creerme el cuento, pero no he sabido, no pude. Me ha costado reconocerlo, me ha costado mucho entender que no me gusta ser una princesa. Me ha costado entender que las pequeñas muertes, en forma de crisis, defectos, rupturas y decepciones existen en todas las relaciones y me ha aliviado el saber que eso es lo auténtico, y que no puedes encontrar luz sin sombra. No soy feliz siendo una princesa, ni me hace feliz jugar a príncipes, así que creo que empiezo a estar orgullosa de no llevar corona. Y menos me gustan los hombres que te tratan como princesas… cuidado con esos!!!

Y hoy, nueve años y pico después de vestirme de princesa por segunda vez, he podido completar esta frase: las de segundo son más princesas y las de tercero no quieren serlo… porque no se han creído del todo que ser mujer es agradar y complacer al hombre, ni que lo necesitan para ser felices y al amor no le llaman tener un príncipe azul, ni necesitan una boda de cuento de hadas (basta con un ritual cristiano o pagano donde le den sentido a su amor…) Son completas en sí mismas pero cuando son sabias saben que necesitan a un hombre, que no un príncipe, no para completarlas sino para complementarlas (que no tiene nada que ver), no para toda la vida, sino hasta que dure el amor, no siendo felices y comiendo perdices, sino muriendo y renaciendo juntos y a la vez separados.

Yo no soy una princesa, ni falta que me hace. No soy perfecta, y por eso no busco a un hombre perfecto. También me equivoco y no pretendo gustar a todo el mundo o almenos es lo que intento. Y hago reverencias solo a quien lo merece y espero que me las hagan a mí solo cuando realmente lo merezca.

Acompaño a otras niñas y mujeres a despertar y a  rebelarse. A través de mi trabajo, he descubierto que todas las mujeres, lleven o no el vestido de princesa, sean de tercero o sean de segundo, poseen en su alma a una diosa que es mucho más grande que ser una princesa. Sólo tienen que aprender a desnudarse y quitarse la corona, sólo tienen que atreverse a ser auténticas y a defender lo que sienten. A pesar de que si escoges este camino, estarás más sola, incomodes a los demás y seas un poco diferente. Vale la pena ser valiente y desnudarse.

Y cierro con una sabia, que lo cura todo, Clarissa Pinkola y sus palabras medicina: Si has intentado encajar en algún molde y no lo has conseguido, probablemente has tenido suerte. Es posible que seas una exiliada, pero has protegido tu alma. Jamás es un error buscar lo que una necesita. Jamás.

 

 

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  • Gloria

    Como siempre.., excelente publicación. Me encanta!ResponderCancelar

  • Susana

    Fantástico post!! Yo también estoy cansada del cuento de princesas !!! Mujeres perfectas, bodas ideales y vidas programadas. Mi madre nunca fue una princesa e intentó que ninguna de sus 4 hijas lo fuera. Siempre pensé que se equivocaba, y con el paso del tiempo veo que ha conseguido que seamos 4 mujeres fuertes que muchas veces no se ajustan a los cánones establecidos. Ahora soy madre de una princesaResponderCancelar

    • Gracias Susana, no importa si te sientes atraída por el arquetipo princesa o por otro distinto. El tema está en que ningún referente femenino te encasille, te encorsete y te atrape quitándote libertad y no dejando encontrar a tu verdadera esencia. Si las niñas se disfrazan ahora de Elsas que sea porque les apetezca y no porque lo hacen todas…hay que crear más cuentos de no princesas, más modelos de mujeres para que puedas elegir la que más va con tu forma de ser.
      beso grande para ti y tu princess!ResponderCancelar

  • Anouschka

    Caaaaaaarla. Has dado en el mega claaaaavo con este post y esta sección la voy a imprimir y enmarcar, no solo para recordarla sino para que mi hijo me pregunte sobre ella. Para que se convierta entema de conversación con cada persona que entre en mi casa. Medan ganas de pinerme de pue, como en los conciertos, y gritar “¡BRAAAAAVO!”

    “porque no se han creído del todo que ser mujer es agradar y complacer al hombre, ni que lo necesitan para ser felices y al amor no le llaman tener un príncipe azul, ni necesitan una boda de cuento de hadas (basta con un ritual cristiano o pagano donde le den sentido a su amor…) Son completas en sí mismas pero cuando son sabias saben que necesitan a un hombre, que no un príncipe, no para completarlas sino para complementarlas (que no tiene nada que ver), no para toda la vida, sino hasta que dure el amor, no siendo felices y comiendo perdices, sino muriendo y renaciendo juntos y a la vez separados.”ResponderCancelar