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La vida es injusta

Estábamos en las tirolinas pasando el día con unos amigos, de repente los hermanos mayores de las dos familias pidieron un circuito más difícil y que solo su altura les permitía hacer. Los medianos lloraban y pataleaban porque se sentían ninguneados, secundados, e ignorados. Realmente era injusto, ¿porque unos hermanos, iban a tener privilegio sobre los otros? Mi amiga y yo, nos pusimos a comentarlo, llegamos a la conclusión, después de consolarles y explicarles que a veces ellos eran los que tenían privilegios sobre los mayores, que la vida era así, injusta. Mis padres al ser nosotros cuatro hermanos de edades variadas no podían tratarnos siempre por igual, porque había años que coincidíamos, pero otras épocas en que cada uno estaba en momentos distintos, unos adolescentes, otros más pequeños… y eso generaba necesidades diferentes. Supongo que eso ayudó a que cada uno hacía lo que le gustaba, uno pintaba, la otra bailaba, el otro tocaba la guitarra… Existen otras familias, llamadas aglutinadas, donde todos,  por ejemplo, juegan al tenis, o todos estudian la misma carrera,  puede que sea casualidad, porque estén muy estimulados hacia esa preferencia y les acabe interesando, pero también puede ser que inconscientemente se les tenga reprimidos ser otra cosa, aunque más tarde, probablemente en su vida adulta, descubran otras aficiones y aspectos de su forma de ser que acaben saliendo a la luz. La rivalidad entre hermanos forma parte de la naturaleza animal pero esta competencia, es mucho más fuerte e insana cuanta más igualdad se practique en la forma de valorarles, porque inevitablemente te conduce a compararlos más. Si a todos los hijos se les trata por igual, significa que la medida por los que se les valora es una, y puede que bajo una única medida unos sean superiores a los otros.

La rivalidad entre hermanos

Los hermanos rivalizan por la atención y el amor de los padres, lo vemos en cualquier cachorro de mamífero, pero este tendrá que entender que se le quiere por su forma genuina de ser.No podemos decir que queremos a todos los hijos por igual, ser preso de este pensamiento solo puede que engendrar culpa y competitividad insana.Debemos descubrir porque queremos a cada hijo, conocerle, abrazar y aplaudir sus diferencias y nunca compararles ni en resultados académicos, ni en el aspecto físico, ni en su forma de comportarse.Cada hijo te enseña unas cosas diferentes por lo que cada relación es distinta.Yo he sido madre tres veces, cada hijo ha nacido en un momento vital diferente y considero que he sido tres madres distintas, por edad, por circunstancias, por experiencias, por eso no he sido la misma madre:la primera madre que fui era novata, una madre virgen tiene mil miedos y en mi caso estaba agotada por no dormir, también era muy sacrificada, hacerlo “bien” era mi objetivo.La segunda madre que fui se sentía culpable cuando no lograba llegar a las necesidades de los dos, pero también era relajada frente a cómo cuidarles, mi objetivo  en este caso fue “quererlos por igual”.La tercera madre fue más amorosa, caótica y más paciente que nunca, con el objetivo de “dejarme llevar por el instinto”.Con cada experiencia, he ganado en ir dejando de ser “la madre ideal” y he dejado atrás los miedos, para seguir caminando en abrazar la madre que soy, aceptando sus defectos y valorando también más mis cualidades. Cada hijo me ha hecho conectar un poco más con el eslabón perdido de la maternidad salvaje y nos ha beneficiado a todos, a mí como madre y a ellos también como hijos.

Y tú, ¿qué tipo de madre eres para cada hijo?

Es una buena pregunta, porque puede realmente sorprenderte que a veces hay muchas incoherencias entre una madre para un hijo y otra para el hermano. Puede haber diferentes tipos de madre para cada hijo, la madre que aconseja, y la madre que se divierte con el otro, pero no deberían haber opuestos, por ejemplo, una madre atenta que escucha con uno, y con el otro una madre que no escucha nunca. En una conferencia para padres, sobre educación, una madre levantó la mano para comentarme lo difícil que era su hija mediana. Se puso hablar de lo maravillosa que era su hija mayor y su hija pequeña, y de la mediana solo se quejaba: que era cerrada, que no le contaba nada, que siempre estaba de mal humor… Le pedí que me dijera una cualidad de cada una de sus tres hijas, con la primera y la tercera, lo tuvo fácil, pero no se le ocurría nada bueno de la hija de en medio. El problema es cuando una madre solo valora lo que le falta a un hijo por lo que tiene el otro.  Cada hijo es genuino y encuentra unas cualidades por las que destacar. Si naces en  una familia donde existe un hermano estudioso, ocuparás la vacante del divertido, si la vacante, estudioso y divertido están ocupadas, buscarás otra cualidad por la que destacar. Este fenómeno sucede porque los hijos necesitan ser atendidos y cubrir sus necesidades a través del afecto de sus progenitores y despliegan sus encantos que al diferenciarse de los de sus hermanos permitirán que los padres se sientan atraídos por cada uno de ellos.

La oveja negra

Pero a veces, esto no sucede, hay un rechazo inconsciente y encubierto con un hijo, que suele ser, al que llamamos problemático, el niño difícil, el que se porta más mal, el que no para de molestar a su hermano pequeño… En ese caso, te has de preguntar, ¿que no estás haciendo con ese hijo?, ¿qué necesidades no estas cubriendo y qué cualidades tiene que no estás apreciando? En una visita familiar, observaba mucha armonía entre los padres y tres de sus hijos, pero mucha tensión cuando el cuarto y primogénito aparecía en escena. Se quejaban de lo mucho que molestaba a sus hermanos pequeños, y sin darse cuenta lo invitaban a hacer planes por separado, así que, con la excusa de ser el mayor, cuando todos estaban en el parque, él estaba jugando a la consola (aunque tenía la edad de estar también en el parque) o cuando se iban al cine, él se quedaba en casa de un amiguito. Un día, la madre, me explicó lo difícil que había sido su parto, que la dejó ingresada una semana porque tuvo desgarros y otras heridas en el útero, literalmente dijo “el niño me desgarró, me rompió por dentro”. Ese día pude entender un poco más lo que les pasaba, a veces es necesario entender como ha sido la relación madre e hijo, antes de que apareciera el problema.

Es normal que en una familia siempre hay quien tiene un mal día, uno que está especialmente más fastidión de lo normal… pero el problema es cuando siempre es el mismo miembro, cuando lo etiquetamos, y acaba convirtiéndose en la oveja negra. Este ser “el diferente” es muy peligroso, porque los propios hermanos lo expulsarán del grupo y reforzarán la idea de que es el hermano ´non grato´, al imitar el rechazo inconsciente de sus padres. El problema se enquista, cuando el rechazado se siente enfadado y no hace más que insistir en el mal comportamiento porque muestra su ira y su rabia hacia la incomprensión que siente y esa actitud lo estigmatiza aún más haciendo que se le rechace por más razones.

Abrazar a la madre imperfecta

Pero todo esto se puede parar, lo primero desde el propio lenguaje. No es lo mismo decir tengo un hijo problemático, que tengo un problema con un hijo. Si asumes que el problema es tuyo, es más fácil de solucionar. Para ello deberás reflexionar para detectar que es lo que realmente ocurre, qué pasaba en tu vida cuando lo concebiste, si lo deseabas o vino de sorpresa, si tenías el espacio en tu vida para ese niño o te costó hacerle un hueco, si querías que fuera de ese sexo o esperabas que fuera del otro, si se parece a ti, o no se parece en nada y como te afecta sus parecidos u opuestos contigo, si esperabas que fuera diferente a como es, si quieres que sea de una manera y te molesta cuando no cumple con tus expectativas o si dejas que sea quien quiere ser…todo lo que hagas consciente, sanará una herida entre tu hijo y tú, de lo contrario seguirá produciendo dolor en vuestra relación.

Con esta idea, también como madre has de abrazar la imperfección, has de entender que a veces con uno te pasas de largo y con otro te quedas corto, porque es imposible siempre ser justo. No se trata de dividir el pan en partes iguales, se trata de estar atento en dar a cada uno la proporción de atención que necesita en ese momento, y eso significa, que a veces un hijo necesita más que otro, puede que uno te pide más atención a la vez que el otro te pida más distancia.

También la vida de una familia es muy larga, y es normal que hoy te lleves mejor con uno, pero descubras más adelante una afinidad con otro. Lo importante es que no haya preferencias, pero sí que prefieras a cada hijo por y para compartir cosas distintas.

Enamorarse de cada hijo

Cada uno te habrá de enamorar por sus particularidades, por eso es importante, valorar y encontrar sus cualidades y abrazarle por ellas. ¿te falta algún hijo del que aún no te hayas enamorado? Aún estás a tiempo, siempre se está a tiempo de mejorar. Para ello, has de saber que cada hijo ha de tener su espacio, su tiempo y sus necesidades cubiertas. Pregúntate, ¿cuánto tiempo pasas con cada uno de ellos? ¿cuánto juegas con cada uno de ellos? ¿que gustos y preferencias tiene cada uno? ¿qué necesidades particulares tiene cada uno? ¿qué expectativas tiene cada uno de su madre? ¿qué es lo que te enamora de cada uno de tus hijos? Me he enamorado de mis tres chicos por cosas muy distintas: del primero por su sensibilidad, del segundo por su fuerza y del tercero por su ternura. Reconozco que no con todos ha sido un flechazo, hay amores locos y otros amores que se cuecen a fuego lento. Pero lo importante es descubrir a cada uno de estos amores, porque son únicos y diferentes y por eso son relaciones diferentes y especiales, porque a cada hijo te unen cosas distintas.

Es cierto también que la vida te va poniendo a prueba, que a veces te desenamoras porque las personas cambian y necesitas esforzarte de nuevo para volver a reencontrarte. Seguramente, en la edad de la adolescencia es más difícil enamorarte de un hijo que te contesta mal, vive en su mundo y no te dirige la palabra, pero sí logras verle la gracia, el aprenderá también a quererse. Una paciente adolescente, me comentaba como sus padres solo se referían a ella con buenas palabras cuando le hablaban de su infancia y ella ni siquiera podía recordarse, me explicó que ella no se reconocía en esa niña pequeña y que le gustaría que sus padres también pudieran hablar bien de la persona en la que se había convertido.

También los hijos, pueden sacarte de quicio por cosas muy distintas, porque aunque sean niños tienen también su carácter y habrá cosas de ellos que no te gustarán y que probablemente sean el espejo de tus propios defectos, así que también deberás aprender a abrazar sus dientes y calvas podridas, que al final son los defectos que están en ti y en tu pareja. Con esto se puede concluir que amar a los hijos es un ejercicio de aceptación y de amor hacia ti mismo y hacia tu pareja. Todo lo que no tengas resuelto en ti y en tu pareja, quedará reflejado en su rechazo hacia ellos. Todas tus frustraciones y limitaciones son tuyas, no hagas que se apropien de ellas tus hijos.

El árbol como metáfora

Si tu fueras un árbol y cada hijo un tronco, deja que cada uno escoja quien quiere ser y limítate a observar y dar ese espacio para que tengan suficiente terreno para llegar hasta donde ellos quieran. Acepta que habrán hijos más enraizados que otros, unos crecerán más rápido y otros necesitarán que les riegues más…no importa que unos hagan las ramas más altas porque quieran llegar muy lejos y otros las hagan más cortas porque necesiten menos, lo importante es que cada uno tenga la libertad para crecer hasta donde decida y en la dirección que ellos escojan. Limítate a escuchar cuánta agua necesita cada uno, y deja que cada extensión de ti  sea  como quiera ser, con sus particularidades , ama a la rama más parecida a ti  y también a la más diferente, todas las extensiones de ti te enseñarán algo y anímales para que algún día ellos siembren también su propio árbol.

 

Si te apetece profundizar en el tema no dudes en apuntarte al taller de la madre el 9 de mayo, para profundizar en ti como hija y en ti como madre.

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decir adios

Decir adiós, decir que no, distanciarse, caerse, exiliarse, cambiar, morir, cerrar una etapa, desenamorarse, discutir, romper con alguien, huir, olvidar, poner límites, ignorar, centrarse en uno mismo, perder,  estar solo, acabar, alejarse, marcharse, desconfiar, enfadarse,  olvidar, crecer…..

La vida y el amor conviven con la dolorosa pero necesaria energía de la separación .

Nacer: la primera experiencia de separación

La primera separación que experimentamos en la vida es al nacer, cuando dejamos de vivir en ese hogar calentito y seguro que es el vientre materno.

El primer aliento, es la primera experiencia de separación que vivimos, cuando hemos de respirar por primera vez por nosotros mismos y ya no dependemos del oxígeno que nos proporcionaba el cuerpo de nuestra madre.

Debe de ser duro nacer, por eso la mayoría lloramos, porque las separaciones, al principio duelen, nos producen sufrimiento, desorientación y miedo. Evidentemente la separación no es abrupta entre la madre y el  hijo sino que ésta, será progresiva y tendrá idas y venidas, hasta que el niño se valga por sí mismo y se convierta en un adulto autónomo.

Los padres: los grandes maestros

Recoger y soltar, será el ejercicio que todo padre y madre ejercerán desde el principio en relación a sus hijos. Ahora me acerco y doy amor con mi apoyo, ahora me alejo y doy amor dejando que tu solo puedas cosechar éxitos y resolver dificultades. Al mismo tiempo, el hijo aprenderá los mismos movimientos, ahora te necesito y aprendo de ti, ahora te cuestiono para poder alejarme y explorar el mundo. Todo un arte aparentemente sencillo pero cuando este movimiento no fluye, se originan todas nuestras neurosis.

Evidentemente para saber separarte y convertirte en un adulto, antes te han tenido que querer. Nadie sabe dar afecto si antes no lo ha recibido, nadie se atreve separarse y caminar solo por la vida si no cree en uno mismo. La medida perfecta se encontraría entre el amor que no ahoga y el amor que te empuja a que te valgas por ti mismo, pero esa medida es muy difícil de encontrar, no existe la medida perfecta en una relación, aunque haya que intentar acercarse.

Cicatrizar la herida de la infancia

Todos en la vida adulta, en mayor o menor medida, tendemos a buscar que nos quieran, porque todos estamos heridos por la separación, el rechazo y el tú no juegas. En nuestro recorrido vital habremos vivido experiencias primarias de desamor porque son inevitables a la condición de existir. En la infancia, vives tantas experiencias de amor como de desamor. En función de como hayas manejado a lo largo de tu vida las sucesivas separaciones y como te hayan enseñado a separarte, tendrás un estilo más adaptativo o menos. Una experiencia de separación es cuando estabas enfermo y querías que te mimaran más, cuando te dijeron que no, cuando tus padres salían y te dejaban en casa con los abuelos, cuando no te comprendieron, cuando no te escucharon lo suficiente, cuando no se dieron cuenta que estabas mal, cuando te castigaron, cuando no apreciaron tus verdaderas cualidades, cuando desconocían lo que necesitabas, cuando no te dejaron ir, … todos de alguna manera, no hemos recibido todo el amor que hubiéramos deseado. Crecemos con una herida de que nos hubiera gustado que nos quisieran de otra manera, siempre es así. Superar ese complejo ,aceptar que no existe el padre/madre ideal, perdonar a tus padres y comprender que te quisieron como mejor supieron, se llama madurar.

A lo largo de la vida, irás despidiéndote de  muchas personas y experiencias. La suma de todas ellas te proporciona un estilo de afrontamiento frente a  la separación, pero se puede modificar si éste no te deja avanzar.  ¿ Te has fijado en que aspecto tienes más dificultad: en dejar o en ser dejado?Analiza tu historia vital con una línea y marca todas aquellas separaciones que recuerdes (pérdidas, separaciones de padres o familiares cercanos, despedidas, cambios de casa, cambios de escuela, hospitalizaciones, castigos o broncas, rechazo en la escuela, decepciones, rupturas de amistad ,de pareja…)Las  experiencias de separación traumáticas pueden condicionar las relaciones en la vida adulta. Una ruptura mal digerida de un primer amor puede condicionar las relaciones de pareja  futuras. A veces en psicoterapia, tratas la ruptura de un paciente con su pareja y te das cuenta que se siente peor por la penúltima experiencia  que por la última relación. Si sientes que tienes situaciones de separación no resueltas y no puedes cerrar el pasado, trabajarlo en una psicoterapia puede ser de mucha utilidad, para crear un buen abono de tus relaciones futuras.

Los hijos no son tuyos

Los padres también tienen que ser lo suficientemente maduros para entender que un hijo no es una propiedad, es hijo de la naturaleza, es alguien que no te pertenece y que acabará teniendo su propia vida. Hay padres que viven la vida de sus hijos, que sus éxitos o fracasos se los hacen suyos y que diseñan un ideal de hijo a la carta, que tratan de modelar y hacer a su imagen o semejanza, o mucho peor, que intentan que logre todos los sueños que ellos no pudieron cumplir. Un ejemplo serían los casos de los padres con niños deportistas de élite o niños de 10 que viven presionados desde casa para que sean perfectos.

Estos padres no tiene una vida propia que les satisfaga y desde el control de sus vástagos, viven sus éxitos como si fueran propios. Esta dificultad de separase hace que el niño no tenga el espacio suficiente para desarrollar su individualidad. Se convierten en un apéndice de su familia porque no entienden donde acaban sus padres y donde empiezan ellos.

 

El proceso de diferenciarse: de niño a adulto

Desde que nace un niño hay que saber despedirse de este, desde que camina, habla por sí mismo, te lleva la contraria, se enfada contigo, te cuestiona y acaba creando sus propios valores en su propia familia. El proceso de autonomía de un niño precisa de que se le de el espacio necesario para que pueda diferenciarse de sus padres. Hay pacientes que de niños nunca pudieron llevar la contraria a sus padres. La música alta, un tatuaje, un desplante, un portazo o un me largo…son necesarios. Sin conflictos no pueden haber cambios, si no hay confrontación de opiniones en una familia , el niño no podrá crecer. Por lo tanto, si tu hijo no es rebelde y está en la adolescencia, pregúntate si tiene suficiente espacio para cuestionarte. Tengo una paciente que expresó el sano impulso de rebeldía en silencio y disimulando, empezó premeditadamente a rebelarse haciendo mala letra y sacando malas notas, porque no había espacio para más. Si tu hijo pequeño te llama tonta, tu tarea educativa no es castigarle y reprimir su enfado sino enseñarle a que está bien no estar de acuerdo contigo pero que lo debe expresar sin insultos explicando los motivos de su discrepancia. De lo contrario , si le reprimimos, construiremos niños que temen el conflicto, a la confrontación, que no son críticos. Una casa donde no hay comunicación, donde no se puede ser libre y hablar desde la verdad, desde lo que realmente se piensa, es como una dictadura que reprime la voluntad.  Sin conflicto, se interrumpe tu desarrollo, impidiendo construir un criterio propio, anulando de esta forma tu capacidad crítica.

Consecuencias de la sobreprotección y la parentalidad autoritaria

Tanto los padres sobreprotectores, como también lo estrictos que son los dos extremos en la línea de la parentalidad, no permiten que un niño se separe y crezca rumbo al desconocido mundo del adulto.

El sobreprotector le transmite que el mundo exterior a la familia es una amenaza que está lleno de peligros y que como en casa, no va a encontrar un sitio más seguro y cómodo, ni siquiera con una pareja.

El hiperestricto monitoriza la vida del hijo adulto enviando señales de cómo tiene que vestir, qué tiene que estudiar, donde aplicar trabajo, qué tipo de pareja escoger…haciendo que este no sepa realmente cuales son sus verdaderos intereses y transmitiendo que si escojen por sí mismos pueden cometer el gravísimo error de equivocarse, así que lo mejor es seguir los sabios consejos de los padres.

En ambos casos hay una restricción de la experiencia, vivo en una zona controlada sin peligro, no me equivoco si nunca piso una zona desconocida, por lo que si no hay retos tampoco podré tener éxitos y saber que puedo superar la adversidad.

Hay una frase de Jonas Salk que dice. ” Los buenos padres, les dan a sus hijos raíces y alas.Las raíces para que sepa donde está su casa, las alas para que vuelen lejos y pongan en práctica lo que se les ha enseñado”

La inseguridad de no creer en uno mismo, la culpa por alejarme y diferenciarme de mis padres como si fuera malo, la falta de autonomía, la baja autoestima, son síntomas de las personas que se les ha vetado el impulso de crecer y alejarse de sus progenitores. Ellos se convierten en niños asustados con piel de adulto, que no son Peter Panes por elección sino como resultado.

Enseñar a despedirse

Para dejar crecer y ayudar a tu hijo a convertirse en un adulto autónomo hay que enseñarle a partir, a exiliarse de ti, a vivir con naturalidad el dolor de separarse y enseñarle a aceptar que separarse forma parte de la vida…Los lobos enseñan a sus cachorros a cazar y a sobrevivir en el bosque para que llegado el momento puedan aprender a valerse por sí mismos.

La vida tiene muertes, es un constante viaje de despedidas. Hoy mismo una paciente lloraba asustada porque su vida iba demasiado bien. “Ahora que tengo el marido ideal y el trabajo perfecto me angustia que se muera o me despidan”, hasta el punto que lleva dos meses con nauseas y vómitos. No poder parar su mundo ahora y congelarlo en ese instante de máxima felicidad y la conciencia de que el presente no dura para siempre le provoca ansiedad. Ella tendrá que aprender a fluir, aprender a disfrutar de la felicidad caduca en lugar de sufrir porque un día se vaya a acabar, a abrazar el presente y fluir sin anticipar el cambio o el final de esta etapa.

El problema es que vivimos en un mundo demasiado seguro, certero y controlado, que no tiene muertes ni pérdidas o que si ocurren las interpretamos como la apocalipsis, en parte porque pocas veces pasan cosas inesperadas… pero pueden pasar y nuestra cultura nos transmite que es una experiencia insuperable. Nos educan para tener pero no para perder, nos ponen anuncios de gente feliz de vacaciones permanentes, de personas que lo tienen todo… y nos hacen creer que eso es posible, pero los anuncios duran 5 segundos y la vida real es más larga y las cosas cambian. En realidad, es bueno que así sea porque sino, no podríamos valorar los buenos momentos.

Aceptar el dolor

Cuando vivimos una separación ya sea en forma de muerte, pérdida, ruptura, final, o cambio, debemos fluir, no resistirnos y aceptarlo. El intento de control, de resistencia, de reprimir el dolor nos pone enfermos física y psicológicamente. En cambio, si dejo que mi cuerpo y mi mente se convulsionen ante la pérdida, podré tras el doloroso golpe asimilar la experiencia. A medida que lloro y expreso ese dolor lo hago consciente y puedo aceptarlo. Las pastillas para anestesiarme en una pérdida, son contraproducentes ,  para superar el dolor no hay que anestesiarlo, hay que afrontarlo.

Recientemente vi una película en el cine, Brooklyn, que recomiendo, porque es la historia de una jovencita que se exilia de la Irlanda pobre a la Nueva York emergente y refleja en su historia la complejidad  de la separación. La película es un continuo ejercicio de despedidas  que te ayudan a aceptar que están allí y que forman parte del ciclo de la vida. Es realmente una película muy terapéutica, yo lloré por todas las separaciones de mi vida conscientes e inconscientes. A través de las rupturas que viven los protagonistas, puedes aprender a fluir en la experiencia de las despedidas, con dolor pero sin resistencia. Dejar ir es un arte y toda una muestra de amor con mayúsculas.

Dejar espacio en la relación de pareja

Al igual que ocurre en la gesta de educar a un hijo ayudándole a crecer, favoreciendo la autonomía dando espacio.  En una relación de pareja la realización individual de cada miembro de la relación tiene que tener cabida a pesar de la fusión con el otro.Es necesario ser maduro para poder establecer una relación de pareja sana. Eso significa que estás preparado para dar y recibir y al mismo tiempo para irte y dejar marchar.Significa que cada miembro de una relación tiene que dominar tanto la capacidad de amar y acercarse como la capacidad de alejarse y estar solo, tanto la capacidad de recibir amor como la de dejar marchar. Quienes no dominen estas cuatro energías difícilmente podrán llevar a cabo con éxito una relación. Una paciente estaba muy enfadada porque su novio le había dejado, es un “cabrón” repetía enfadada. Si algo no permito en mis sesiones es a que alguien se quede enquilosado en un papel de víctima, ¿es un cabrón porque te ha dejado? ¿Y si no era feliz? Me dijo que nunca me abandonaría… Detrás de un mal duelo, que se cronifica en el tiempo, existe una falta de autonomía previa a la relación de pareja.

La verdad aunque a veces sea dolorosa es lo único que permite avanzar. Cuando un paciente me pregunta como dejar a su novia sin que sufra, le contesto que eso no es posible. Probablemente ese paciente no lleve bien decir que no, se hace demasiado responsable de la felicidad del otro y le cuesta alejarse, poner límites y ser asertivo con los demás. Para superarlo, deberá aprender a ser egoísta, a conectar con sus derechos y a empatizar con sus propias necesidades. No hace falta ser un talibán, pero al final romper implica soltar la cuerda, y entender que cada uno tendrá que digerir su dolor solo.

Vacunarse del virus: miedo a la soledad

La baja tolerancia a la frustración nos hace ser débiles, y la mala prensa que tiene la soledad nos hace tragar muchos sapos y aguantar situaciones insostenibles. Una obra de teatro con un título muy sugerente; Infeliz pero casada, lo dice todo. Las mujeres tienen que vacunarse del virus que aprenden desde niñas que es mejor estar mal acompañadas que solas. Separarse a veces, es la mejor opción y uno no tiene que creer que el mundo  se acaba. Para que la vida vuelva a brotar hay que aprender a cortar las malas hierbas, amar el ciclo de la naturaleza, y entender que separarse y cambiar, es a veces un trámite necesario para seguir evolucionando y volver a empezar.

imagen goonies

Niños sin tiempo, ni libertad

Mis hijos han descubierto ahora las pelis de nuestra infancia (Los Goonies, La Historia Interminable, E.T…) y es inevitable que viéndolas treinta años más tarde, compares tu niñez con la de ellos y se despierten recuerdos que te invitan a reflexionar. Después de una sesión doble de pelis ochenteras, me invadió un sentimiento de nostalgia…sobretodo viendo mis escenas favoritas, cuando los protagonistas salen con todos los amigos en bici, escapando de los “malos” y viviendo mil aventuras. Qué sensación tan mágica la de cuando éramos niños y te ibas por ahí con tus amigos diciendo aquello de “me voy a dar una vuelta…ya volveré…”. Los niños de ahora tienen muchas menos oportunidades de ser libres. Nos hemos convertido en padres helicóptero, volamos a una distancia muy baja y lo monitorizamos todo. Ni se sale a jugar a la calle, ni te vas en bici solo, ni hay tiempo para aburrirse, ni para encontrarse con uno mismo…

El niño que llevamos dentro no se ha de morir nunca en un adulto, el problema es que ahora nuestro niño interior muere demasiado pronto, a veces incluso en la misma infancia. Es muy triste pero hay niños de siete años que solo les motivan los juegos de pantalla y han perdido el interés por el juego real y espontáneo.El estar parado y contemplar, el ser curioso y tener ilusión por descubrir, el inventarse juegos y montarse la película, el no hacer nada… ¿queda algún niño que tenga el espacio para pensar en las musarañas? es más difícil que nunca…

La baja tolerancia al aburrimiento

El último día de vacaciones de verano, decidimos quedarnos por la tarde en la playa, estaba vacía, solo había un hombre preparando las cañas para pescar y nosotros. Tampoco podíamos alargar demasiado porque al día siguiente empezaban las clases… pero los niños estaban encantados hablando con el pescador mientras esperaban si picaba….y decidimos darles su tiempo. Viéndoles tan contentos con algo tan sencillo, tuve ganas de parar el reloj, de no volver a la ciudad, de darles lo que necesita realmente un niño y pasar de las prisas para siempre…Dejamos pocos espacios para que hagan, siempre programados, sufrimos si se aburren, si no tienen plan, en parte porque los sobreestimulamos y en consecuencia, tienen muy baja tolerancia a la inactividad. Por eso, ante el aburrimiento que no hemos enseñado a gestionar , les blindamos de extraescolares y parques de atracciones convirtiendo su pequeño mundo en una montaña rusa de actividad. Cuando eras niño y decías me aburro , no te daban un móvil o una Tablet para que dejaras de dar la lata…así que acababas inventando algo… Pero ahora si en un restaurante los mayores miramos el whats up hasta que llegue el primer plato, es lógico que ellos que lo imitan todo, exijan distraerse igual.

Este domingo sin tiempos, ni prisas, previo al comienzo de las clases, me sirvió como jornada de reflexión para plantearme varios retos a conseguir en el nuevo curso escolar. Son tres y aquí los comparto:

Los 3 retos para el nuevo curso escolar

. 1er reto

Dejarles hacer…y darles más autonomía

Hace unos años leí una entrevista de una mujer neoyorkina que había llevado la iniciativa de promover que los niños en la ciudad volvieran solos a casa en autobús. Explicaba que los padres actuales ven peligros por todos lados y se habían vuelto tan protectores que restringían exageradamente la libertad de sus hijos. Creo que la manía de los gobiernos y los medios de comunicación por aumentar la paranoia de que vivimos en un mundo peligroso, tampoco ayuda. Pero lo cierto es que un niño necesita explorar y alejarse de los padres para lograr autonomía y para impulsarles a ello, debemos transmitirles que el mundo es seguro. Cuando un niño capta que confían en él y que salir a manejarse con el exterior es bueno, tiene la oportunidad de comprobar que se puede valer por él mismo y no solo mejora en autoestima sino que aprende a hacerse responsable.

En los planes de vacaciones de muchas familias cada vez se oye más aquello del recurso del camping o de la casa rural con varios argumentos: el de que mientras descansas unos monitores les distraen, no paran y se lo pasan bomba, o el de que no sufres porque no pueden alejarse mucho ya que están en un espacio acotado y supervisado. Está claro que el no descansar ni un segundo durante el eterno periodo vacacional de los niños (ya casi no se veranea con los abuelos) te hace recurrir a vacaciones con relevos…Pero yo abogo por buscar un destino tranquilo, un pueblecito sin coches rollo Verano Azul donde hagan cuatro amigos y puedan entrar y salir con sus bicis para que experimenten esa sensación de libertad (por cierto se aceptan sugerencias si alguien conoce el lugar idílico…).

Pero mientras llega el próximo verano, podemos enseñar a cocinar, (con fuego!), dejar que se duchen solos, dejar que sean ellos con su sentido de orientación que intenten dirigirte a los sitios conocidos , dejarles ir a comprar el pan o hacer algún recado cerca de casa, dejar que hagan… solos, sí SOLOS lo que vayan reclamando hacer sin ayuda… En realidad se trata de dejar de decirles que NO de forma automática, o el clásico: “eres demasiado pequeño” porque nos paraliza el miedo a que puedan hacerse daño y limitamos su impulso por crecer.

. 2ndo Reto

Reconciliarse con el descanso y el tiempo libre

Enseñar a parar. Os suena eso de: “y este fin de semana que plan haremos…? “Quedarse en casa y que cada uno decida por sí mismo como ocupará su tiempo es un buen ejercicio para adquirir autoconocimiento. En tres generaciones, hemos pasado de no hacer demasiado caso a los niños a convertirnos en animadores del fin de semana. Tengo una amiga que cuando ya no puede más coge a toda su familia y lanza la campaña: hoy día libre!…y consiste en que cada uno escoja hacer lo que le gusta. Parece que temamos el descanso o el espacio no estructurado, incluso los adultos buscamos todo el tiempo estar distraídos y hacer planes. Como reto este año me planteo practicar el día libre de mi amiga y disfrutar de las pequeñas cosas con ellos, un paseo con el simple objetivo de disfrutarlo, cocinar, escuchar música, ver una peli o descansar en silencio pensando en las musarañas y dejar que ellos escojan solos que hacer con su tiempo sin organizarles demasiado la vida. Con todo ello fomentaremos la creatividad, la conciencia con uno mismo y la conexión con el placer. Julio Basulto nutricionista autor del libro Se me hace bola (muy recomendable ), explica que para evitar peleas y obsesiones por un alimento tóxico lo mejor es no comprarlo. En la misma línea de pensamiento, creo que si los niños son pequeños y no tienen acceso fácil a los juegos virtuales es mucho más sencillo que surja el juego espontáneo. Entonces, que tu hijo disfrute del juego espontáneo, se puede convertir a largo plazo en un factor protector para evitar adicciones futuras a los juegos de pantalla. Hay un viral que corre ahora por Facebook sobre dibujos de niños que están conectados a la tecnología y niños sin acceso a ésta. La imagen habla por sí sola, la diferencia es abismal, mientras que unos dibujos están llenos de detalles, colores y son super creativos, los de los niños expuestos, son monigotes básicos, simples y poco imaginativos.

Las actividades muy estructuradas y regladas como son las extraescolares son también en exceso una interferencia en el desarrollo del juego espontáneo porque se reduce considerablemente el tiempo libre. Está claro que cada edad requiere unas necesidades concretas, pero cuando son pequeños, un niño tiene que tener tiempo para el juego…Los niños con todas las tardes ocupadas, no juegan en toda la semana. Para el desarrollo emocional de una persona, es importante encontrarse con uno mismo, si siempre está ocupado y distraído,no tendrá la oportunidad de saber quien es y le producirá mucha inseguridad.

. 3er reto

Menos es más

En general es una generación de demasiados. Demasiados canales, demasiadas chuches, demasiados cumpleaños, demasiados regalos, demasiados planes, demasiada actividad, demasiada información…tanto exceso genera niños tiranos, egocéntricos insatisfechos y desorientados. Creo que la crisis ha hecho que recortemos en cosas para los adultos pero los niños tienen casi todo o mucho más. Tenemos la teoría clara de los límites: decir que no, inculcar buenas conductas, hábitos …sin embargo, poner límites también significa no consentirles y no empacharles de excesos. Por ejemplo, llega el cumpleaños, tu quieres celebrarlo pero no hacerles una boda y el tema se va de madre, el regalo de los abuelos, amigos, padrinos, tíos… la fiesta del cole, la fiesta familiar…. Los atiborramos y no lo podemos evitar, igual porque la culpa de estar poco con ellos nos ablanda o porque el consumismo nos empuja. No nos damos cuenta de que ellos con menos son más felices. La abundancia les estresa y les genera inseguridad porque muchas veces no saben qué elegir y necesitan un tope. En este mundo de demasiados, el reto o objetivo es enseñarles a quedarse con la esencia, a sentirse satisfechos valorando lo que ya tienen, a enseñarles a esperar, a que no todo lo que quieren es urgente y tiene que ser inmediato, a valorar los abrazos y los gestos de reconocimiento igual o más que los regalos materiales y para ello es bueno tomar conciencia e inculcarles un poco más de austeridad, menos extras y menos de comprarles algo porque sí (aunque sea de los chinos ellos no conocen el valor de las cosas).

 El cambio empieza en los padres

Estos son mis 3 retos de esta temporada, parece sencillo pero ya os contaré, no es un cambio dirigido solo a ellos, el cambio empieza en nosotros, los padres, ya que somos el modelo a seguir….Si te ven parar, pararán, si te ven disfrutar del no hacer, disfrutarán, si te ven contento sin necesitar más , no necesitarán…Os animo a que probéis también, estoy convencida de que por pequeño que nos parezca el gesto, el resultado a largo plazo será grande. Feliz curso!

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Mi primer hijo fue buscado y deseado. No nos costó concebirlo, así que al principio todo parecía tan sencillo….pero pasaron muchas cosas durante el embarazo, parecía que la vida me quería decir algo. Mi hermana tuvo un aborto. Al mes, mi madre enfermó de cáncer y era serio, estuve creyendo que la perdía durante muchos momentos del embarazo… era contradictorio por un lado sentía una alegría inmensa porque iba a tener un bebé y por el otro lado una tristeza también inmensa, porque igual mi madre se iba…. Durante los meses de gestación no pude crear un espacio emocional muy grande entre yo y mi hijo, trabajaba, acompañaba a mi madre a los médicos, le hacía compañía en la quimio, mi mente estaba ocupada y llena de preocupaciones… Sólo cuando con ella le comprábamos ropa al bebé podía dar espacio a esa nueva realidad que se acercaba…esa era nuestra válvula de escape ya que nos hacía trasladarnos a un futuro que significaba que había superado la operación y seguía con nosotros . Y así fue, su tratamiento fue un éxito y mi embarazo estaba a punto de acabar, de nuevo, todo iba bien. Pero  entonces, cuando faltaba una semana para nacer Luca, mi abuela, mi segunda madre , estaba grave… yo lo único que le pedía a mi hijo era que todavía no podía salir porque no quería que naciera mientras mi abuela moría. Mi abuela murió un miércoles y al miércoles siguiente nacía mi hijo. Así que fueron unos meses de pérdidas, de conectar mucho con la muerte, cuando dentro de mí se engendraba una nueva vida. ¿qué me quería decir la vida? ¿Acaso nacer y morir es lo mismo?

Yo vengo de una familia a lo italiano, de muchos tíos, primos y de muchas generaciones que se mezclan unas con otras, así que había bebés y niños siempre en casa… creía que ser madre iba a ser como jugar con muñecos porque era algo que siempre había deseado…. Y de alguna manera también ensayado. Y de repente nació Luca. Todas las teorías se fueron a la porra. Luca fue lo más bonito que me ha pasado en la vida pero también lo más agotador y intenso. Lloraba las 24 horas del día y solo callaba cuando dormía que seguido apenas eran dos horas durante el dia y tres de noche, máximo cuatro un dia bueno. Me tocó un bebé nervioso, le daba pecho cada dos horas y media y seguía llorando entre toma y toma. Había una sequía en Cataluña muy preocupante, y cuando habían decidido llenar los pantanos de forma artificial empezó a llover a la vez que nació mi hijo. No sé si llegué a estar , si estaba contenta, se suponía que debía estarlo, pero también agotada y confundida. No paraba de llover y mi hijo de llorar…

Entonces como aún estaba conectada con mi educación masculina, de estudiar, trabajar, esforzarme, para controlar, para lograr el éxito, cerrar con conclusiones y solucionar las cosas. Me puse manos a la obra con los lloros de mi hijo, leía libros de cómo calmar al bebé, infusiones anticólicos, el bendito aerored y aunque mejoraba un poco, mi vida había cambiado para siempre y a mucha velocidad. Nada era suficiente para conseguir mejorar aquello un poco. Siempre digo que si mi primer hijo hubiera sido el segundo o el pequeño, la experiencia de la maternidad hubiera sido una inmersión más progresiva, no porque ya sabía lo que me esperaba, que también, sino porque los otros fueron bebés predecibles… donde vas aprendiendo el valor del sacrificio, de la entrega, del amor incondicional , de la paciencia, de olvidar tu identidad para dar paso a la del otro….pero poco a poco, mientras paseas con una amiga ,lees una libro, descansas y das espacio en tu vida a esa personita que va cogiendo terreno a medida que pasa más tiempo despierto… …Pero con Luca no podía hacer nada, solo atender sus lloros o dormir cuando él dormía, era sacrificio por vena y en picado, sin tener tiempo de despedir a tu anterior vida, sin poder ni llegar a cubrir las necesidades básicas, cenábamos de pie con el niño en brazos mientras seguía llorando….Lo más frustrante era ver a las demás madres que sonreían sin parar, diciéndome que no les había cambiado nada la vida, que tener un bebé era maravilloso… No podía sentirme peor, me llamé niña mimada como si no fuera capaz de hacer lo que las demás sin quejarme, me llamé caprichosa porque pensé que igual me había precipitado al querer un hijo sin estar suficientemente preparada, me llamé dormilona porque soñaba con la cama a todas horas , me llamé inmadura porque no sabía llevar una situación aparentemente tan fácil con naturalidad, me llamé vaga porque llamé a todos mis pacientes y les dije que no podría verles hasta pasados unos meses de tregua…. Tampoco me permitía estar triste, porque caer en una depresión por tener un hijo ya me hubiera parecido el colmo… así que me imagino que estaba como en una borrachera de insomnio y cansancio. Aturdida y sorprendida por mis sensaciones….y enfadada conmigo misma por no ser capaz de llevarlo con la positividad y alegría que esperaba.

Ahora visto con la perspectiva de los años, me doy cuenta que era una madre virgen, e inocente…que lo leía todo desde una visión masculina, por eso no me permitía estar mal o comprenderme…llevaba años trabajando, estudiando, dando apoyo y asesoramiento a padres y a familias…tenía un centro psicológico a nivel profesional me sentía preparada y capacitada…por eso estaba tan sorprendida con que un bebé sobrepasara todas mis fuerzas y me hiciera sentir tan pequeña. Me doy cuenta que iba por la vida, desconectada de mi feminidad, así a saco, me creía muy madura pero claro era la mitad de mí…solo había desarrollado mi lado masculino. No entendía qué significaba ser una mujer, para mí mi preocupación máxima era como lidiar mi vida profesional con la familiar, no tenía referentes, porque mi madre no había trabajado, así que pensaba en las mil fórmulas para poderlo combinar sin renunciar demasiado ni al trabajo ni a mi hijo.

Las madres de hoy en día somos vírgenes y no estamos sostenidas…se supone que tienes un hijo y tienes que llevarlo como si lo supieras hacer de siempre, pero nadie te enseña que hay una caída, un cambio de perspectiva, que el egoísmo y la independencia que tanto te han inculcado ya es pasado y que ahora debes construir un espacio de entrega y generosidad.

A las mujeres no les educan para ser madres, ahora se nos educa para ser profesionales, médicos, abogadas, economistas, …desde muy pequeñas mensajes femeninos pocos, solo de valor estético y poco más. Es muy curioso, pero cuando oyes a un grupo de mujeres reunidas, se presentan por su profesión pero pocas veces inician la conversación desde la palabra madre.

Todo aquello en lo que no me fijé, porque nadie me dijo que era importante prestar atención , el cómo era mi madre como madre, y mi abuela, y mis tías y las madres de mis amigas, …es lo que ahora me inspira, es donde busco mis raíces para entender una parte de lo que significa ser mujer.

Recuerdo una conversación a los 15 años entre amigas, donde valoramos a las madres que sí habían estudiado y desarrollado una carrera profesional, el resto de madres, no valían lo mismo, no eran un referente puesto que nos estaban educando para salir a fuera… no para vivir a dentro.

Y cuando tienes un hijo, de repente tienes que vivir a dentro y no sabes que hacer, se te cae la casa encima, y si para más inri tu bebé que es lo que se supone que has de contemplar y disfrutar solo llora entonces el impacto es mortal.

Así que esta experiencia tan de montaña rusa emocional, de peli de sustos que no sabes por donde va a salir el siguiente, empezó a tomar sentido… parar, aceptar, sentir….tres estadios muy femeninos que Luca me enseñó en tan poco tiempo.

Solo me quedaba aceptar que esa madre inmensa, perfecta, amorosa y ideal que yo había inventado en mi imaginación porque es la que te ponen en los anuncios no iba a ser yo, no iba a ser la que había diseñado para mis hijos porque no existía… no era una supermadre, ni lo sería nunca….

Simplemente era madre con lo bueno y con lo malo, una madre imperfecta, y a partir de que fui entendiendo que Luca era un niño nervioso, que era un niño demandante que requería mucha entrega…lo  pude aceptar sin intentar solucionar nada, porque entendí que no había nada que solucionar, porque él era como era, con lo bueno y con lo malo, la vida no es perfecta y porque cualquier vínculo tiene su lado positivo y su lado negativo. Entonces comprendí el mensaje de mi embarazo,que  la vida y la muerte son lo mismo, que cuando algo muere, algo comienza y que todo lo malo tiene luz, y todo lo bueno tiene sombras. Porque al dejar de luchar, pudo morir dentro de mí  la que era antes de ser madre y surgió el espacio necesario para que naciera mi nueva yo, la que soy ahora que tengo hijos.

En solo seis meses, descubrí mi otra mitad, lo que está debajo, mi sombra me dio luz, mi lado femenino se despertó…

La brecha que abrió Luca ha hecho que repitiera la experiencia de ser madre dos veces más… porque cada experiencia de ser madre es una puerta hacia los grandes misterios de ser mujer. Es una llave para poder acceder a tu poder, para poder conectar con la esencia de la feminidad, con la esencia de la vida, y de lo que realmente importa, es una oportunidad para aceptar los caprichos de la naturaleza, para encontrarte con lo bonito y con lo feo, para aceptar lo imperfecto, olvidarse del tiempo, de los cálculos, de las prisas, olvidarse de planificar, aprender a dejarse llevar, aprender a perder batallas, a mirarte en el espejo y aceptar que te equivocas, que tienes limitaciones, que te cansas, que te agotas… pero que cuando miras a tu hijo nada de eso importa ya que aprendes que el caos existe para que puedas apreciar lo mejor de la vida: tus hijos.

 

 

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Cuando llegamos a casa, nos desajustamos la corbata, nos quitamos los tacones, la americana y nos relajamos, dejamos los códigos sociales de lado , desconectamos del mundanal ruido y nos liberamos, siendo más que en ningún otro contexto, nosotros mismos.

Muchas veces tras una reunión con la escuela, los padres se quedan alucinados de la descripción de su hijo, el niño que en casa desobedece y cuesta hacer que recoja sus juguetes es un niño responsable, educado y obediente en clase. Esta incoherencia es una señal de buena salud mental. Un niño capaz de cumplir con las normas indica que tiene buena capacidad de adaptación , es capaz de diferenciar un contexto más informal, el familiar, de un contexto más formal, el colegio. Para que un niño pueda captar las normas de la escuela y cumplirlas, es imprescindible que en casa haya recibido un mínimo de normas. Un niño sano no se comporta de la misma forma en el cole que en casa, igual que nosotros no somos iguales en una reunión de trabajo que en una comida con amigos. El niño que en casa se muestra relajado, es porque se siente lo suficientemente seguro para romper con los convencionalismos externos. Es un síntoma de que está cómodo y libre, porque se siente querido y ha captado que le quieren por como es y no por lo que hace.

Por el contrario un niño modélico en casa, ejemplar, que nunca eleva la voz, que nunca se enfada, ni desobedece, ni reta a los padres, es un niño que probablemente no tenga confianza con ellos y les tenga miedo. No hay que confundir el miedo con el respeto, ni la educación con la severidad.

Esta semana en la prensa han entrevistado a Jari Lavonen el decano de Educación de la universidad de Helsinki, allí, en Finlandia los alumnos empiezan la escuela a los 7 años y comentaba al respecto que un niño de 4 años tiene que jugar, no ser educado de una forma reglada y pesada. También esta semana Salmurri un psicólogo clínico experto en salud emocional comentaba en La contra de La Vanguardia, que hay que enseñar a pensar en lugar de enseñar a obedecer. Es por eso que en casa hemos de brindar a los niños un ambiente informal, distendido donde hayan normas pero sobretodo haya mucho amor. Hasta los siete años el niño tiene pocos recursos para canalizar las emociones, muchas veces necesitan comportarse como más bebés para compensar las ocho horas de educación reglada que han recibido en una jornada escolar , por ejemplo, pueden cambiarse solos en el vestuario de fútbol del cole, sin embargo, en casa pueden hacerse los remolones y necesitar más ayuda, o comer con menos modales… Nuestra reacción típica sería continuar exigiendo creyendo que el niño se está colgando porque ya lo sabe hacer, cuando en realidad el niño está descansando, necesita dejar de esforzarse y buscar seguridad.

Los adultos reprimidos fueron niños silenciosos para no molestar o enfadar a unos padres un poco desconocidos, rígidos o distantes. Estos niños aparentemente ejemplares, tampoco se rebelaron de adolescentes, ni un portazo, ni una contestación, ni siquiera se atrevieron a poner la música más alta. Ellos de adultos tienen mucho temor a ser juzgados por eso no abandonan nunca la formalidad, ni siquiera, en un ambiente distendido, suelen hablar como un libro, son rígidos, excesivamente educados hasta el punto de ser distantes y evitan la relación más íntima, o cercana.

Estoy deacuerdo con las charlas para padres donde aprendes estrategias educativas para ejercer el rol de autoridad que necesitamos transmitir a nuestros hijos. Pero un adolescente, para convertirse luego en un adulto sano, tiene que haberse rebelado de alguna manera, ya sea en la forma de vestir, en querer salir todas las noches posibles, en invertir la mayor parte del tiempo en los amigos y en asumir ciertos riesgos…. Con eso no quiero decir que los padres no tengan que hacer su papel y seguir insistiendo en los estudios, en seguir acompañándoles en sus vidas para prevenir las conductas de riesgo y en seguir ejerciendo su autoridad, pero el adolescente tiene que cumplir con su rol y su naturaleza será intentar transgredir las normas de casa o por lo menos atreverse a cuestionarlas. Para ello, los padres tienen que ofrecer el espacio necesario para que el niño exprese sus quejas, sus desacuerdos y pueda transformarse en adolescente. A esta edad las reglas han de ser revisadas y algunas renegociadas con ellos. En consulta te encuentras el clásico perfil de paciente Peter Pan (un adolescente con entradas) que no tuvo la oportunidad de serlo cuando realmente le tocaba cronológicamente. Un niño modélico que no se convierte en adolescente, es preocupante, el que solo estudia, no pide salir de noche, se va el fin de semana con los padres, tiene pocos amigos, y está muy lejos de tener novio/a , una de dos, o le asusta crecer (padres sobreprotectores) o está reprimido (padres autoritarios), pero en ambos casos, el gen adolescente será mucho más rebelde y cronificado cuánto más tarde en salir. Como decía un profesor de psicología evolutiva, a cada edad se ha de hacer lo que toca…El comentario, mi hijo está muy adolescente, ya está en la edad del pavo, tiene mucha tontería… siempre es expresado con cara de terror pero en realidad, que un niño se convierta en un adolescente, es muy buena señal porque significa que tiene el espacio emocional en la familia para poder expresarse como tal.

Hace poco una amiga me comentaba que cuando había un conflicto en casa, se convocaba una asamblea familiar para abordar el problema conjuntamente. No cuestiono el método si al final el objetivo es afrontar y resolver el conflicto. Pero abogo más por la naturalidad que ofrece un contexto familiar que no tiene porque copiar métodos más formales. Cada contexto tiene su riqueza y en cada lugar, aprenderemos cosas muy valiosas e interesantes. Está bien que el niño respire dos contextos con reglas diferentes, en casa se come la verdura de una forma y en el cole de otra, lo importante es validar las dos formas para que no se vivan como una incoherencia, y que el niño pueda vivir en sintonía en cada ambiente y respetar ambos mundos.

Hay que aprender a obedecer pero también a desobedecer, hay que aprender a pedir perdón pero también hay que aprender a perdonar. Los adultos marcan las reglas, deacuerdo, pero también han de enseñar a sus hijos la flexibilidad de las normas, las excepciones, el reconocer cuando nos equivocamos … el convivir en el conflicto. No me creo a las parejas “perfectas” que no discuten nunca y a las familias “modélicas” donde nunca hay peleas. Hay que enseñar a los niños a canalizar la rabia, los celos, la tristeza y el enfado pero si prohíbo estas emociones en casa o son un tabú, no enseño a mi hijo a defenderse ante las injusticias, a defender sus derechos y a demostrar su valía personal cuando alguien le infravalora. En el cole aprenderán más a callar , a pasar por el tubo aunque no se esté deacuerdo pero en casa aprenderán más a defenderse y a expresar su criterio. Ambas habilidades son esenciales en la vida pero unas se ensayan o se tienen más oportunidades de vivir en casa y las otras más en la escuela.El esfuerzo de hacer algo que no nos gusta o que nos cuesta es importante para sobrevivir en una sociedad donde muchas veces la forma de conseguir algo implica ceder, pero también es igual de importante aprender a divertirse ,reconocer lo que nos gusta y luchar por ello, porque muchas veces el secreto del éxito en la vida tiene que ver en lograr ser uno mismo y luchar por mis ideas.

Hace un par de veranos, cuando mis hijos mayores tenían 3 y 5 años me encontré en la playa a una educadora del colegio que me preguntó si el mayor había hecho el cuaderno de vacaciones (por suerte no era obligatorio), por eso me atreví a contestarle la verdad, que era que ni siquiera lo habíamos comprado. Por otro lado, le expliqué un montón de avances que los niños habían hecho, entonces me sorprendí de la de cosas que habíamos trabajado casi sin darnos cuenta. El pequeño había tirado el chupete a los peces, habíamos instaurado la costumbre de cenar todos juntos y habíamos tenido tiempo de calidad para dedicarnos a jugar mucho con ellos. Ella me contestó que habíamos hecho un gran trabajo, así que ahora tras esa anécdota cada verano me propongo unos objetivos alcanzables aprovechando que al pasar más tiempo de calidad con ellos, también puedes aplicar normas nuevas porque las van a tolerar mejor.

Al final después de tantas teorías sobre la educación, a mí lo que me llama es el sentido común y la naturalidad. No es cierto que los niños solo se educan en la escuela, nosotros como padres también tenemos un montón de cosas valiosas que enseñar a nuestros hijos que solo aprenderán en la familia.

En casa aprendemos de la vida, a ser fuertes y a ser débiles, aprendemos a ser felices: hablamos de la muerte y de los monstruos que pueden salir del armario por la noche, también discutimos, nos gritamos y pataleamos. Lloramos por los miedos y las cosas que nos asustan, así que aprendemos a ver nuestro lado más vulnerable y a no avergonzarnos de ello. Aunque nos cueste bastante, nos pedimos perdón y aunque nos cueste perdonar, porque seguimos heridos un rato, perdonamos. Otras cosas no las perdonamos hasta que pasan unos días y también aprendemos que es lícito. Patinamos, vamos en bici o patinete, saltamos encima de las camas y del sofá, y desobedecemos cuando nos piden que bajemos y no bajamos hasta la quinta vez que ya nos lo piden gritando… También paseamos y le damos comida al perro, ponemos la mesa, y recogemos los juguetes aunque a veces pedimos ayuda a los padres, nos encanta sentirnos útiles y así sin darnos cuenta aprendemos a ser responsables. Hacemos muchas cosas que en el cole están prohibidas pero que también hemos de aprender, por ejemplo a enfadarnos con la autoridad (los padres) y discutirles las normas para salirnos con la nuestra y aunque pocas veces nos salimos con la nuestra, a veces se acaba negociando….así que aprendemos a hacernos escuchar y a hacernos valer. Jugamos con el Ipad , con el móvil y nos enfadamos cuando nos obligan a apagarlos, a veces con rabieta y lloros dramáticos, al rato se nos pasa porque aprendemos que no nos queda otra, que los berrinches se me pasan y así aprendemos a tolerar la frustración. Cocinamos galletas de chocolate con mucho azúcar, hay días especiales que comemos pizza, hacemos palomitas y vemos una peli y nos vamos a dormir más tarde de lo que toca, ponemos música y bailamos como locos….Así, aprendemos a divertirnos, a hacer lo que nos gusta, y a valorar las excepciones . Aprendemos a amar la naturaleza,  cuando nos llevan al mar, a la montaña, y nos damos cuenta que hay sitios increíbles que se pueden disfrutar sin gastar dinero. Aprendemos a querer a la familia, cuando pasamos un día con los abuelos, los tíos y primos como el dia Navidad donde todo el mundo está contento celebrando que estamos juntos. Aprendemos a compartir cuando invitamos a amigos a comer y aprendemos a valorar la amistad cuando disfrutamos de su compañía. Aprendemos a guardar secretos cuando descubro quien son los reyes de la navidad y aprendo a que a veces las mentiras son necesarias para no romper la ilusión de  los que todavía no quieren saber la verdad. Aprendo a respetar la intimidad cuando llaman a mi puerta cuando quieren algo o no leen mi diario ni me preguntan por cosas que no tienen porque saber. Aprendo a escuchar cuando me escuchan y a hablar cuando me hablan. Aprendo a querer porque me quieren.  Esta es una parte de la infancia y esas vivencias todo lo que en el cole no tendremos tantas oportunidades de aprender pero que también es necesario aprender….

Un niño que no es feliz en casa, no podrá aprender matemáticas en la escuela.

 

Os dejo con algo que dijo John Lennon:

Cuando yo tenía cinco años, mi madre siempre me decía que la felicidad es la clave para la vida. Cuando fui a la escuela, me preguntaron qué quería ser cuando fuera grande, escribí feliz. Me dijeron que yo no entendía la pregunta. Les dije que no entendían la vida.