Category Archives: Camina en femenino

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¿Que es el verano?

Lo mejor de la vida

El verano es la energía del placer.

De volver a la niñez.

El verano es salvaje.

Es ir descalza.

El verano sirve para preguntarse, ¿quién eres realmente? Cuando llevas poca ropa, te bañas en el mar por la noche o miras las estrellas.

El verano te acerca a tu niñez.

En mi caso, me contaron que un verano, estaba en el jardín de mi abuela y unas mujeres gitanas sedientas y acaloradas se asomaron pidiéndome agua. A mí se me ocurrió, invitarles a pasar abrir la manguera, y con la inocencia de los  cinco años, les fui dando agua una a una, y aquello se convirtió en una fiesta acuática, ellas quedaron empapadas con sus vestidos negros…y yo estaba feliz…. hasta que mi hermana fue corriendo a avisar a algún adulto para que pusiera orden.

El verano te acerca a tu esencia. Yo soy la misma de ese jardín, que le encanta, regarse con el calor del sol  o  que es feliz saliendo por la noche a tomar un helado, mientras escucha la música callejera y los  niños corren por la plaza del pueblo… porque es algo que asocio al  verano y a mi infancia.

Las píldoras del verano

Esa es la idea de felicidad. Una estación que sirve para recargar pilas.

Cada verano, hay que tomarse una, dos o tres pildoritas de buenos momentos. Existen un montón de buenos momentos para coleccionar. Del verano pasado recolecté una noche de estrellas fugaces y el sonido del mar antes de irme a dormir. De este que recién acaba, me llevo haber buceado con mi hijo viendo miles de peces y un camino  con un sol insoportable hasta lograr llegar a un paraíso sin apenas gente.

Estos momentos tan medicinales, son los que te llevas a otras estaciones como botiquín de emergencia en caso de días grises

Hacer vacaciones: huir del mundanal ruido

Es la energía del verano quien me inspira el acto de llevarme a mis hijos del ruido de a fuera y meterles  a regañadientes  en el silencio del atardecer en una calita con el único plan de recoger piedras y mirar el mar. Y al rato dejan de quejarse y transforman el aburrimiento en  imaginación… mira mamá un mineral! Mira esta piedra, parece un dinosaurio! Y sucede que mientras se esfuma el aburrimiento de sus mentes, a mi se me esfuman las preocupaciones de la mía …. Entonces es cuando surge esa energía de dejarse llevar y me encuentro jugando  como una niña con mis niños, pintando las piedras y haciendo collares con las conchas recogidas.

He hecho las vacaciones de  no necesitar nada, las vacaciones de ir sin maquillar, con el pelo salado, las manos llenas de pintura  y las piernas descamadas… hecha un asco por fuera…lo reconozco, he sido la “niña mala” que se mancha,  que no se arregla, que se va a dormir tardísimo y se despierta tarde, como las brujas… he hecho todo lo que mi abuela decía que no se hacía excepto en verano, así que estos ultimos días de verano, la he tenido muy presente.  Ella decía “a l’estiu tota cuca viu”(en verano todo gusano sobrevive) para justificar el desorden propio de esta estación y muchos de los juegos que yo le proponía trataba de convencerme que mejor iban a ser para el verano, para ensuciarse en el jardín (el mismo jardín  de la fiesta gitana).Este año, la he obedecido  y he guardado lo mejor de mí para el verano.

¿Porque nos cansan las vacaciones?

Hace unos meses, alguien me preguntaba cual era la estación en la que me sentía mejor. En ese momento, la verdad, no supe que contestar??!! Señal de que estaba  muy lejos de mí misma. Ahora que todavía puedo oler el mar, lo tengo claro, es el verano!

También es cierto, que hay veranos y veranos. Algunas veces, las vacaciones no nos cunden, porque no nos permiten desprendernos de la carga de todo el año. A mí me ha ocurrido, me he visto algún final de agosto confesándole a alguna amiga las ganas de volver a la rutina

Es cierto que el verano invita al descanso pero depende si te lo permites, si logras fluir y dejarte llevar. También tiene que ver con el lugar al que vayas,  con el tipo de actividad escogida, la compañía, las expectativas que tengas (creo que la energía del verano sería irte sin expectativas). Depende de cuánto te acoples a esta energía, si te sueltas, y te adaptas a su ritmo, si te dejas seducir por el desorden, a vivir sin horarios, a parar y a perderse dentro de uno mismo, podrás hacer de tu verano un oasis del descanso, un balneario para dejar de correr y empezar a caminar.

Y, ¿en tu caso?, ¿te has recargado este verano, has sabido “parar” o te has cansado más? ¿te apetece volver a la rutina o te quedarías unos días más en el limbo?

La energía de leer un buen libro

Una prueba que no me falla y me dice si el verano ha sido terapéutico  o no, es si he sido capaz de leerme un libro o más. Para mí leer, significa, priorizarse, haber encontrado momentos para parar. En mi caso, el libro tiene que ser de cualquier cosa menos de psicología porque en ese caso, estaría “trabajando” y mi mente necesita descansar.

Escoge un libro inspirador que alimente tu alma. El libro que escojas también puede influir en la experiencia del verano y si es bueno te llena de aprendizajes que te hacen crecer, además te permite desconectar de tu vida un rato, y meter las narices en otra realidad e inspirarte en la vida de otros.

La autobiografia que he leído este verano: “Tú no eres como las otras madres”, me ha emocionado profundamente. Lo escribe la hija de la protagonista, Else, que es una rebelde judía que se casa con un católico, para el escándalo de sus padres y allegados. En un Berlín emergente disfruta de los locos años veinte y de una vida acomodada con una ajetreada vida social hasta que llega la época nazi. Entonces, tiene que huir a Bulgaria, un país pobre que la acoge desde el corazón. Else pasa de tenerlo todo a no tener de nada… ahí se da cuenta del valor de la sencillez, del amor de compartir en familia y de la generosidad de la gente que a cambio de nada, le echa un cable…

Durante los largos años del duro exilio, de la guerra y de la miseria, su marido escapa desde Berlín para encontrarse con ella  y sus hijas . Es entonces, cuando se reúnen todos en un pueblecito marinero y pasan un gran día de verano en la playa, como si fuera un break entre desgracia y desgracia.

Y mientras devoro el libro, me voy quedando con  ese instante de felicidad tan bien descrita,  y vuelvo a mi momento presente,  y me encuentro en una playa sin apenas turismo, pensando..Pero es que al final, ¿qué se necesita en realidad? Sino el mar y rodearte de las personas que más quieres ….

Aprender a soltar lo insustancial

Aprovechando esta energía del agua, te invito a soltar, a empezar este nuevo inicio de curso, desprendiéndote de las metas que nazcan de la exigencia y posponiendo lo que no es realmente urgente…

Guarda un poco de verano para los fines de semana, y no hagas mucho, aprende a descansar. Escoge extraescolares que no tengan un fin sino que las hagas por puro placer, sin buscar que te aporten nada útil, o lo que es lo mismo atrévete a perder un rato el tiempo (estamos enfermos de que todo lo que hagamos en el tiempo libre nos sirva de algo).

Y sé fiel a ti mismo, a tu esencia, búscate, y para ello no hace falta irte muy lejos o hacer miles de actividades, no se trata de estar con mucha gente, se trata de estar con gente que realmente te apetece… y todo esto sirve para todas las estaciones, solo que ahora que aún nos queda cerca y estamos impregnados de verano,  sería bueno tomarse una gran dosis de este jarabe que se llama: lo mejor de la vida.

Cómo despedirse del verano y tener una buena rentrée

No hagas  una pataleta, deja que se acabe el verano, como todo lo bueno, llega a su fin.

Los psicólogos más ortodoxos, recomiendan entrar en la rutina una semana antes del inicio del trabajo con el objetivo de que uno pueda ir haciéndose a la idea y que la vuelta sea menos dolorosa.

Ayer cuando acababa este post entre visita y visita, escuchaba a  la gente  que se saludaba en la oficina con un “¿Las vacaciones? Ya casi no me acuerdo” o con el típico “Ya estoy tan metido en el trabajo que me quedan muy lejos…!

Fluir, es lo que más se aprende en esta estación….así que yo recomiendo que te lleves algo que te transporte a la energía del verano y que de vez en cuando y antes de que llegue el frío te escapes a tu paraíso, aunque solo sea transportándote mentalmente.

Entra en la rutina, – des-pa-cito – y con muchas píldoras, yo me llevo la del ruido del mar… ¿y tú?

 

llenarse

La pregunta

En lugar de hacernos la pregunta de si nos sentimos o no felices deberíamos preguntarnos si nos sentimos llenas o por el contrario nos sentimos vacías.

El éxito o el abismo al vacío

Muchas mujeres sienten que han alcanzado el éxito, el éxito profesional, familiar, o los dos objetivos juntos, sin embargo, a pesar de sentir la admiración y el reconocimiento de los demás, les falta algo y no logran descifrar lo que es.

El intento de solución tras esa sensación de no sentirse del todo completas, les lleva a todavía esforzarse más, a hacer mejor de madres, a hacer más en el trabajo, “sé que puedo lograr muchas más cosas, sé que puedo hacer más…” me comentaba una de ellas en una sesión intentando buscar la manera de saciar su infelicidad.

Otras no sienten que hayan logrado ese éxito para el que han sido educadas, o tienen un trabajo estupendo, pero fracasan en la pareja o tienen una relación maravillosa pero no han encontrado un trabajo donde se sientan realizadas. En este caso, el intento de solución se convierte en una obsesión, o destacar al máximo profesionalmente (aunque aquello no me guste) u obsesionarse con la pareja perfecta que cree la rescatará de todos los males y de toda la infelicidad.

Educación basada en los resultados

¿Qué hay detrás de estas mujeres? Una educación basada en el molde de la niña perfecta. Este tipo de niña ideal, sabe cuál es su cometido desde pequeña y lo que se espera de ella. En mis años de estudiante hice de canguro de una niña de diez años que ya sabía qué universidad escoger y el coche que tendría cuando cumpliera los dieciocho. La niña perfecta sabe desde muy pequeña cómo tiene que vestir, qué tiene que estudiar, a qué se va a dedicar, qué tipo de marido tiene que escoger, para agradar. No hay ningún espacio para la libertad: “es una niña que nunca me ha dado problemas” “es una niña súper estudiosa” “es muy buena niña” “nunca me ha dado un disgusto” son las frases de sus orgullosos padres.

El afecto que reciben de ellos, es proporcional a cuánto se asemeje a la niña modélica que ellos diseñaron. Por eso, ellas se esfuerzan tanto y hacen méritos, por ejemplo, consiguen becas de entre miles de aspirantes, marcas deportivas admirables, oposiciones imposibles, un trabajo de ensueño…y el bucle se envenena más y más… Cuánto mayor es el éxito, más alimento reciben los padres que a su vez más les exigirán, aunque como nunca les han dado un disgusto, esta exigencia se basa en el refuerzo positivo y nunca en el castigo o la desaprobación.  El mayor enemigo de una persona que nunca se equivoca es el miedo a cometer un error, la desaprobación de sus padres y la decepción que pudiera provocarles, se convierte en una amenaza que que le conducen a una vida hiperexigente y controladora.

Desconocimiento personal = Esclavas de la perfección

Esclavas de la obligación, del éxito, esclavas del orgullo de sus padres a los que temen defraudar y a los que sienten que no pueden fallarles, por eso viven con terror equivocarse y tomar sus propias decisiones. Y lo peor es que se convierten en esclavas por no conocerse a sí mismas, porque mientras cumples órdenes no tienes espacio para escoger por ti misma y tomar tus propias decisiones o responsabilidades.

El GPS más fácil es cumplir lo que te dicen, lo terrorífico es todo lo que salga de lo formal, el folio en blanco donde tienes que dejarte llevar, escoger lo que te apetece y ser tú misma, se convierte en una carretera peligrosa que desvío cada vez que me encuentro con ella, porque no te conoces de nada y por lo tanto temes encontrarte con esa desconocida que podría hacer cualquier tontería.

Una paciente se encuentra con todos los deberes hechos, la carrera y el proyecto entregado, tres años en los mejores despachos de abogados, un novio recién dejado y una tristeza y agobio enorme. La vida le presenta de nuevo, la carretera peligrosa hacia el centro de sí misma o seguir con una vida vacía. Después de unos años de terapia, le he anunciado que es el momento adecuado (no habrá otro más oportuno), para dejarse llevar. Dejar de cumplir por un tiempo, para viajar al centro de sí misma a través del dolce far niente, un viaje sin máster, sin obligaciones, sin ONG, sin sentido, con el único propósito de pasarlo bien y conocerse. Está aterrorizada, y empiezan las resistencias: ¿como voy a decirle a mis padres que me voy a hacer “nada” ?, ¿como una psicóloga como tú, me recomienda perderme, perder el tiempo y pasar de todo?, es una locura! Una locura muy cuerda, para quien nunca ha podido explorar esa parte de sí misma. Lo va a conseguir, va a dejar de ser perfecta, va a dejar de luchar y a atreverse a divertirse y volverá encontrada y reconciliada con su parte más auténtica.

El primer paso para liberarse=criticar a los padres

Una hija complaciente, jamás ha tenido la libertad de cuestionar o criticar a sus padres. Algunas incluso en terapia, se niegan a hacerlo puesto que lo interpretan como un sacrilegio, como si estuvieran faltando al jefe de su secta. Sus padres han hecho una campaña de prestigio de que son padres modélicos, con grandes valores, grandes trabajos, dignos ejemplares. Ellas solo tienen que imitarles o que seguir las coordenadas que ellos van trazando a medida que crecen.

Por ello, cuestionarlos, el que se abra una mini brecha, donde quepa la posibilidad de que estos padres modélicos se hayan equivocado inconscientemente, con el deseo de hacerlo bien…es el principio de la crítica.

No estamos hablando de malos padres, en realidad el concepto de malos o buenos también es infantil y proviene del mismo tipo de educación, hay que lograr superar la dicotomía. Se trata de padres que posiblemente también crecieron con el mismo patrón y no son conscientes de su propia prisión, por lo tanto, no se trata de buscar unos culpables, sino de entender el origen de mi problema y comprenderlo.

Imitando a los “exitosos”

Cuando creces complaciendo sientes un vacío en tu interior. Ese vacío lo empiezas a llenar como te han enseñado, haciendo lo que la mayoría hace…por eso escogen la misma carrera que las amigas que se sienten seguras, el mismo coche que el vecino que parece feliz, el objetivo es tener la misma vida de los que parecen mejores que tú.

El valor a imitar es el éxito por eso las personas que triunfan se convierten en tu referente. Por ejemplo, a una paciente en crisis matrimonial, le pregunté qué era lo que le había enamorado de su marido, me contestó que era el mejor de su promoción. Nos acercamos a los que tienen éxito, sin plantearnos si quien está detrás nos gusta de verdad. Confundimos a alguien de éxito, con alguien feliz. Pero si el éxito está construido para buscar la aprobación, no es un éxito auténtico, puesto que el talento nace del placer y solo los mejores disfrutan haciendo lo que hacen.

Las personas felices, rigen su vida en la confluencia entre la responsabilidad y el placer. Toman decisiones arriesgándose a equivocarse, se atreven a caerse y cuando se levantan de nuevo son más libres que cuando se cayeron. No llenan todo su tiempo con obligaciones, sino que también buscan actividades que les llenen, aunque no sirvan para nada y si se sienten en crisis no buscan un chupete emocional para huir de sí mismos, sino que se rompen para reconstruirse de nuevo. Por lo tanto, no es la vida que tienen, no es su pareja, ni su casa, ni su trabajo, ni su coche lo que hace que se sientan bien, es lo que son y la libertad de ser auténticos.

Huir  de uno mismo con el exceso de actividad o llenarse con las pequeñas maravillas de la vida

Hace un tiempo, en el círculo de mujeres, pedí que cada una trajera una definición de felicidad. La primera voluntaria leyó lo que parecía un día en un parque de atracciones: viajar, salir, comprar, cenar fuera, ropa, caprichos, vacaciones…La segunda, habló de una puesta de sol, un abrazo, una mirada, un proyecto. No hizo falta decir nada.

El vacío se puede llenar con un trabajo que me absorba todo mi tiempo, con consumismo compulsivo, viajando en forma de huida para evitar el aburrimiento que es una puerta hacia uno mismo, con un novio que me dé sentido e identidad, con un cuerpo perfecto que me dé sensación de control en mi vida, o con las copas del fin de semana, o educando de forma rígida a los hijos como hicieron conmigo…

Puedes vivir con este parche solución muchos años…chupetes emocionales, les llamo. Pero llega el día, si tu parte sana se pronuncia, que ya no puedes más, que no quieres vivir engañado… que quieres recuperar aquella niña libre de seis años que corría y saltaba, que era salvaje y que aún estaba por codificar.

Cuando entras en crisis, cuando ya no puedes más, estás más cerca que nunca de tu parte sana, la depresión, la ansiedad te están avisando que te cargues el sistema y que lo formatees de nuevo. Pero, ¿cómo se hace? Puedes hacerlo en forma de psicoterapia, en forma de viaje interior, meditación, llorar, grupos terapéuticos, para enfrentarte a tus demonios. Hablar con una misma es atreverse a mirarse al espejo, de esta forma, desarrollas la conciencia y creces.

Dejar de huir con miles de actividades, es la manera.  Hay sesiones en las que cuento las veces que la persona asocia el estar bien con la cantidad de actividades que ha hecho, por contraste, en la sesión que te explica que ha estado sin planes, te la encuentras decaída y triste. Es la prueba de que a veces huimos de la crisis a través de la actividad, y nos sentimos “distraídos” que no es lo mismo que estar bien.

Como decía Facundo Cabral “no confundas a la actividad con la vida; ahí está el sol, exactamente ahí para que lo veas, ahí está el árbol hace muchos años para que te des cuenta que es una maravilla”

Llenarse para crear

Las mujeres necesitamos llenarnos para conocernos y sentir nuestra completud. Nuestra naturaleza, nos brinda la oportunidad de ser madres, llenamos nuestros úteros de vida, gestamos y parimos un ser humano y es una energía creativa que empodera nuestro sentido en el mundo.  Sin embargo, no podemos estar todo el tiempo en la tierra maternando hijos humanos, pero sí podemos crear otro tipo de hijos. Nuestros proyectos, el sentido que le damos a nuestra vida, hacer crecer una idea: sembrarla, gestarla y parirla, nos alinea con nuestra naturaleza cíclica y creativa.

Por eso necesitamos periodos de descanso: de  vaciarnos, de parar, de no hacer, de no pensar, de dejarnos llevar y dejarnos cuidar, nutrirnos para cargar pilas y de nuevo gestar una idea, salir a la superficie y volver a crear.

Desde cualquier arte, la música, la artesanía, el dibujo, la escritura, desde el amor de dar, enseñar, compartir,educar, cocinar, desde el placer del baile, el sexo, la risa, el descanso o desde cualquier sentimiento que venga de dentro, podremos llenarnos, crear y ser libres.

 

 

burla-princesa

Recuerdo que  era carnaval y subimos del patio a la clase, íbamos disfrazados y apensas quedaba un rato para volver a casa. Estaba en primera fila porque hablaba demasiado…(eso me decían que era malo, y me lo creí, aunque ahora ya no lo piense) así que cuando llamaron a la puerta, lo escuché todo. La señorita de tercero, levantó una cinta de tul rosa y preguntó en voz alta:¿Alguna de las niñas de la clase, ha perdido esto en el jardín?

Ninguna contestó…insistió una vez más. Nadie habló. Entonces ella, hablándose para sí misma pero en voz alta, dijo: “no, esto no es de esta clase, debe ser de las de segundo, ellas son mucho más princesas” e indicó al niño que fuera a preguntar allí.

Aquella frase me quedó enorme y se abrió una brecha, me quedé con una pregunta  flotando en mí cabeza que empezó a adentrarme en un mundo desconocido…

Lo primero que pensé fue si lo que decía la señorita, sería bueno o malo porque cuando se tiene ocho años todo lo clasificas bajo estos dos opuestos. A mí ella me infundía mucho respeto, me daba casi hasta miedo. Su tono, su mirada, eran una mezcla entre la amargura y el sarcasmo. Por eso, aunque yo aún no había conocido a alguien como ella, ni entendía el significado de la ironía, aprendí por supervivencia a leer su tono. Me di cuenta de que lo que decía con mala leche, era todo lo contrario a lo que en realidad pensaba y eso era mala señal porque muchas veces indicaba enfado, crítica o desaprobación.

Las de segundo son más princesas….mi cabeza repetía dentro de mí. De repente las recordé, era cierto,  jugaban en el patio con sus disfraces rosas, sus coronas, sus tacones, el pelo al viento y reverenciándose sin parar. La verdad es que parecían muy felices.Y por el contrario, no visualizaba a mis amigas, no lograba imaginar a qué dedicábamos el tiempo libre las de tercero. No supe contestarme: ¿si las de segundo son princesas, nosotras qué somos???

Esa frase de la Srta. Sarcasmo fue lo mejor del curso, un regalo que no fui consciente de recibir y que me llevé en forma de una gran pregunta. Mientras explicaba en la pizarra cómo dividir, de la manera menos interesante del mundo (también el sistema educativo tenía su parte de culpa), yo la observaba a ella, de hecho, me pasé todo el curso analizándola. Quería entender esa ironía desde donde interpretaba a la vida, a   través de sus gafas de pasta marrón que era lo único que teníamos en común, ella y yo.   Y todo, para poder entender…. ¿Por que las de segundo eran más princesas? y traducir si eso era mejor o peor para nosotras, las de tercero.

Creo que a la siguiente navidad pedí a Papá Noel que me trajera un disfraz de princesa. En casa, no debieron entender nada, porque nunca había querido uno antes y me trajeron un vestido rosa chicle espantoso que me puse intentando ponerle ilusión. Además, lo combiné con sombra de ojos verde a lo 80´s versión Madonna. Viéndolo con perspectiva, creo que tenía un lío importante de referentes femeninos. La cuestión es que el vestido tuvo poco éxito y apenas lo utilicé , no me lo sentí nada mío. Tengo una foto donde lo llevo puesto, aparezco con cara de impostora, voy de feliz, pero parece que esté pensando: no me pega nada este vestido. Con el tiempo, llevé otros disfraces de campesina, vaquera, pitufa y tuve una concesión : un disfraz de hada madrina de túnica azul y barita con la estrella glitter pero muy espartana sin confetis ni cintas colgantes. Nunca más me puse un vestido de princesa…hasta el día de mi boda, veinte años más tarde.

Supongo que durante todo ese tiempo de mis 8 a mis 28…fue un periodo de incubación,  donde seguí recibiendo inputs de la felicidad relacionados con el arquetipo princesa. Al fin y al cabo, que iba a hacer yo, si veía a chicas de segundo por todas partes, hablando de si el vestido, las flores…y que el mejor día de su vida, iba a ser sin lugar a dudas, el día de su boda. La verdad es que podía hacerlo, tenía un novio que me hacía feliz y amigos para compartir esa felicidad servida en pack. No digo que no fuera un momento especial, pero siempre digo que mi historia de amor, que la tengo, contiene capítulos igual o más bonitos antes y después de nuestra boda. Esta reflexión, mí verdad, incomoda un poco a un buen amigo, se lo noto, por ejemplo,cuando ve el álbum de las fotos de la boda tirado de cualquier manera o le digo que todavía nos falta editar el vídeo. Entonces, nos mira con cara de incredulidad y un poco asustado,como si no le diéramos el valor que merece a ese día. Yo no tengo ni idea de cual ha sido el día más feliz de mi vida, tengo por suerte muchos buenos momentos, me parece deprimente e infantil, pensar que el mejor día de tu vida fue el día de tu boda.  Además según los años que hayan pasado, porque el tiempo siempre corre hacia adelante, la felicidad te quedará cada vez más y más  lejos. Pero a mí me provoca curiosidad notar a mi amigo incómodo. Hace poco volvió a salir el tema, estábamos un domingo entre amigos que casualmente coincidió con nuestro aniversario. Nuestro aniversario, pero no -el -de -la- boda, recalqué mirando a mi amigo, ya que me refería al aniversario del día en que mi novio ahora marido  y yo empezamos a salir. Y seguí por inercia al ver su cara: es más, creo que ese día fue seguramente el día más feliz de nuestra relación. Como sólo a los buenos amigos les permites, dejé que me criticara (porque de la crítica constructiva siempre aprendes)y que se burlara de mi comentario.Así que después de aguantar un rato metiéndose conmigo, le pregunté lo que me hubiera gustado que me preguntara la Srta. Sarcasmo, ¿porque crees que las de segundo son mejores que tú? Y le dije, y tú, Amigo, ¿porque crees que el día de tu boda fue el mejor día de tu vida…? se quedó callado y no contestó. Lo cierto es que le entendí…yo he estado treinta años intentando responder a la primera pregunta. Cuando me pidieron matrimonio , me volví loca de felicidad, recuerdo que llamé a mi padre a contarle, (él diseña vestidos de novia y conoce muy bien el mundo femenino), le comenté mi sorpresa por mi gran entusiasmo, al fin y al cabo, ya habíamos firmado una hipoteca, así que sabía que teníamos ilusión por construir un futuro juntos y que él me quería. Mi padre me contestó: mira os lo han metido en la cabeza desde que sois pequeñitas, en los cuentos de princesas, en las pelis de Disney… lo de ser una princesa, casaros con el príncipe azul , que os lo pidan de rodillas. Y sentenció: entonces están las que se mueren de ganas ( como las de segundo, pensé yo) y que lloran de alegría, las que ni fu ni fa y que lloran de alegría y las que dicen que nunca se casarán y que cuando les dan el anillo, también lloran de alegría!. Pues sí, le di la razón, estaba programada, educada para sentirme así, tenemos unas creencias tan, tan incorporadas que ni siquiera nos planteamos el porque de las cosas. Así que fui una novia feliz que me dejé llevar por el cuento que siempre me habían contado, y que con el tiempo ha quedado en un bonito recuerdo.

Ojo y que nadie se confunda, que soy fiel defensora de las bodas, del ritual que significa que empieza una nueva etapa y finaliza otra, porque como todos los rituales ayudan a ubicarte y a ubicar a los demás. También sé, que sería mejor novia hoy que el día de mi boda….porque entiendo más profundamente lo que significa ese compromiso, igual que he disfrutado mucho más de mi maternidad con el paso del tiempo. Pero soy detractora de casarse por el capricho o por tener ese – día princesa-, por ahí ya no paso. De hecho, en mis redes sociales sigo a una conocida que ha publicado diariamente todos los preparativos de su boda durante más de un año, y cuando piensas en eliminarla de tus contactos, por fin se casa, para el descanso de quienes la conocen. Pensé que después de tres semanas publicando sin parar las fotos de su boda, acabaría por fin con el bombardeo, pero no, ha seguido publicándolas compulsivamente y me preocupa. Cada vez que comparte una imagen más me pregunto que hará cuando se le acaben todas… y cómo se sentirá el día de después.

Pero, al final, y como buena hija de mi generación, siempre hay una contradicción, entre lo que realmente soy y lo que me han vendido que soy. Por eso, no descarto, en honor a mi madre, a mi abuela, a mi bisabuela y a todas las mujeres que me precedieron, que también les hicieron creer en princesas, editar, por fin, en nuestro décimo aniversario, el vídeo de la boda. Mi padre ya lo sabe, aunque yo aún no imagine hasta qué punto recordar mi boda me hará muchísima ilusión. Y claro, mi amigo será de los primeros en recibir ese recuerdo (bueno, un resumen porque hacer tragar a tus amigos toda la película, es de mal gusto). Creó que en el asunto del email le pondré  una frase bonita que todavía he de pensar pero que insinúe algo así como “para los que siguen soñado en los cuentos de hadas”.

Yo en cambio, ya no soy de esas, he intentado con todas mis fuerzas, creerme el cuento, pero no he sabido, no pude. Me ha costado reconocerlo, me ha costado mucho entender que no me gusta ser una princesa. Me ha costado entender que las pequeñas muertes, en forma de crisis, defectos, rupturas y decepciones existen en todas las relaciones y me ha aliviado el saber que eso es lo auténtico, y que no puedes encontrar luz sin sombra. No soy feliz siendo una princesa, ni me hace feliz jugar a príncipes, así que creo que empiezo a estar orgullosa de no llevar corona. Y menos me gustan los hombres que te tratan como princesas… cuidado con esos!!!

Y hoy, nueve años y pico después de vestirme de princesa por segunda vez, he podido completar esta frase: las de segundo son más princesas y las de tercero no quieren serlo… porque no se han creído del todo que ser mujer es agradar y complacer al hombre, ni que lo necesitan para ser felices y al amor no le llaman tener un príncipe azul, ni necesitan una boda de cuento de hadas (basta con un ritual cristiano o pagano donde le den sentido a su amor…) Son completas en sí mismas pero cuando son sabias saben que necesitan a un hombre, que no un príncipe, no para completarlas sino para complementarlas (que no tiene nada que ver), no para toda la vida, sino hasta que dure el amor, no siendo felices y comiendo perdices, sino muriendo y renaciendo juntos y a la vez separados.

Yo no soy una princesa, ni falta que me hace. No soy perfecta, y por eso no busco a un hombre perfecto. También me equivoco y no pretendo gustar a todo el mundo o almenos es lo que intento. Y hago reverencias solo a quien lo merece y espero que me las hagan a mí solo cuando realmente lo merezca.

Acompaño a otras niñas y mujeres a despertar y a  rebelarse. A través de mi trabajo, he descubierto que todas las mujeres, lleven o no el vestido de princesa, sean de tercero o sean de segundo, poseen en su alma a una diosa que es mucho más grande que ser una princesa. Sólo tienen que aprender a desnudarse y quitarse la corona, sólo tienen que atreverse a ser auténticas y a defender lo que sienten. A pesar de que si escoges este camino, estarás más sola, incomodes a los demás y seas un poco diferente. Vale la pena ser valiente y desnudarse.

Y cierro con una sabia, que lo cura todo, Clarissa Pinkola y sus palabras medicina: Si has intentado encajar en algún molde y no lo has conseguido, probablemente has tenido suerte. Es posible que seas una exiliada, pero has protegido tu alma. Jamás es un error buscar lo que una necesita. Jamás.

 

 

Foto : Catching the breeze (by gynaballerina)8cac1b54c403b0ac3c9dd65e97e1c152

Disfrutar de la soledad, de estar bien con uno mismo, es un estadio tan importante como saber compartir y congeniar con el otro.

Hay quien se evita constantemente a través  de la obsesión con el trabajo, o de una relación hiperfusionada o de vivir la vida de los hijos… Sin embargo,  quien se basta consigo mismo para sentirse bien, logra vivir sin apegos, ser libre puesto que no espera que los demás le completen.

Sentirnos mal  cuando estamos solos nos hace a veces buscar la felicidad en  los demás, fantasear en que si encontramos una pareja o creamos una familia, nuestro malestar desaparecerá, pero no es así. Ninguna pareja puede lograr el éxito, si por separado cada uno no tiene sentido en sí mismo. Aunque parezca una obviedad, muchas personas sienten que su vida carece de sentido si no existe alguien con quien compartirla.

Esto no solamente se debe a una idea equivocada del amor, sino que coincide con que son personas que no han desarrollado su propio mundo interior, con sus ilusiones e inquietudes propias….

Clarissa Pinkola  lo explica en su libro  Mujeres que corren con lobosHace tiempo, el adjetivo inglés “alone” [solo], equivalía a dos palabras: “all one”, es decir, “todo uno”. Ser todo uno significaba ser una unidad total. Este es precisamente el objetivo de la soledad, ser totalmente una misma.

¿Eres feliz contigo misma? ¿Qué haces para sentirte bien? ¿Te sientes sola cuando estás sola?¿Qué entiendes por felicidad?

Una paciente me decía que su hermana era feliz porque tenía un hogar con hijos, que lo tenía todo cuando ella no tenía nada, ni era nadie, a pesar de que ella tenía un buen trabajo, un apartamento y una vida social activa. Le contesté :¿Qué crees que le pasará a tu hermana cuando la familia crezca? Ella al igual que tú, tiene que disfrutar de ella misma, sus hijos no serán eternamente niños, crecerán y volarán... Otra paciente con el síndrome del nido vacío y recién separada me comentaba: ¿quién soy yo?, estoy sola, mis hijos se han emancipado y mi único momento de felicidad es cuando me llama mi ex….

Otra paciente se pasó dos años fantaseando con un ex marido del que se había separado voluntariamente pero al  no ser capaz de lidiar con su soledad, echaba de menos una familia. Al final prefería estar mal acompañada que sola.Lo que interpretamos en sesión es que la condición de tener algo propio, le daba en sí misma una identidad y que proyectarse en un futuro sola donde tenía que tener sentido por sí misma, era tan complicado, que volvía una y otra vez a fantasear con el hecho de recuperar su vida pasada. Sabía quien era como mujer casada aún siendo desgraciada, pero no sabía quien era ella estando sola.

¿Pero quién eres tú? ¿Eres lo que tienes, eres porque te quieren , eres lo que te rodea, eres porque tienes éxito? No es sencillo en un mundo tan materialista vaciarse y sentirse pleno mientras bailas sola . A veces cuando uno para y deja de estar ocupado, atraviesa esa incómoda ansiedad de encontrarse aburrido y cae en elementos compulsivos autodestructivos: comprarse ropa que nunca te pondrás, encerrarse un fin de semana atiborrándote de comida basura y series, salir de caza y ligar con el primero que pasa con tal de sentirte validada o perseguir en facebook a tu ex…Estos ansiolíticos de segunda… nos pasan factura, a corto plazo calman el malestar pero traen una resaca de vacío y depresión que no compensa.

No es fácil desnudarse y descubrir quienes somos sin lo que nos rodea. No depender, no tener apegos es la medicina para curar la ansiedad del que siente que carece o vive con el miedo de perder lo que tiene. Una amiga en el otoño de su vida,puesto que acababa de cumplir cincuenta años,  colgó dos fotos en facebook con el título: dos momentos de felicidad. En la primera imagen salía con su hijo cuando era un bebé y en el pie de la foto ponía:cuando crees que lo tienes todo para siempre.La segunda, era una foto actual, en la que aparecía bailando sola y debajo de la foto escribió:  cuando descubres que no necesitas nada para sentirte bien.  La verdad, es que tuvo un montón de likes.Como las estaciones , el ciclo de la vida va cambiando y la edad te enseña a desprenderte de las posesiones que serían los frutos del árbol y te vas quedando con la esencia, que serían tus raíces, lo que realmente importa. La madurez nos enseña que menos es más.

A veces les pregunto a los pacientes como son sus dormitorios, si lo tienen cuidado, si le ponen objetos, cuadros, fotos, música y si lo pasan bien estando allí o solo lo usan como trámite para dormir o disfrutar de la intimidad en pareja. Una paciente recién separada me comentaba que al entrar en la cama solo notaba el vacío de su ex. Le  sugerí que no asociara su habitación únicamente al mundo de la pareja, puesto que también simboliza nuestra alma, lo más profundo de uno mismo, el espacio propio y nuestra intimidad. A mis dos hijos que duermen juntos les colgué una cajita de madera en la pared de cada cama, les dije que allí podían poner sus secretos y las cosas que les gustan… uno tiene la piel de una serpiente, una pelota de goma y su caja de dientes de leche… el otro la misma caja con sus dientes, una barca con piezas de lego construida por él y una piedra-fósil que encontró este verano en la playa y que cree que es un tesoro!!! otros objetos van cambiando según  van creciendo y viviendo nuevas experiencias….

Esta paciente me dijo que, era en el salón de su apartamento dónde pasaba todo el tiempo que se encontraba sola en casa, intentándose distraer con su copa de vino, la televisión y su ordenanor….Allí anestesiaba el dolor de su soledad, conectando con el mundo exterior. En cambio, en la habitación, la ansiedad se apoderaba de ella. Dentro, solo tenía un jarrón sin flores  y  una foto que aparecía de pequeña con sus padres.  Me dijo que esa imagen le hacía sentirse menos sola y le daba seguridad…. Ahora, tiene de tarea para la próxima sesión, hacerse un pequeño altar como el de mis hijos y colocar allí, aquellas imágenes, momentos y objetos que le recuerden que tiene vida propia y que se tiene a sí misma para uso y disfrute.

Esta noche, en la oscuridad de la luna nueva, la primera no luna del otoño, es energéticamente un buen momento para reconocerse, encontrarse y disfrutar de una misma. Pero, ¿cómo cultivar el espacio propio?, ¿cómo sentirnos bien sin distraerse, como llenarse sin apegos?…en realidad no hay una única fórmula, es un camino que cada una debe explorar según su personalidad, su momento vital, escuchando a su corazón…

Son muchas las pacientes que me preguntan cómo se hace esto de sentirse lleno, y es muy difícil ponerle palabras, a veces les digo que sería como ser un motivado de la vida, un apasionado…Realmente es una paradoja, porque llenarse es vaciarse de lo de fuera, para descubrir lo que hay más a dentro. Pero a lo largo de los años, se me han ido ocurriendo algunas sugerencias que se pueden ir cultivando y que he bautizado como alimento para el alma:

– No vivir la vida de forma linial y entenderla como ciclos

– Conectar y fusionarte con la naturaleza: caminar descalzo, tirar piedras al agua, recoger pechinas…mojarte con la lluvia, bañarte con el sol, salarte con el mar…

– Disfrutar del autocuidado: alimentarse sano, hacer deporte, dormir de noche, hacer siestas y parar o descansar.

– Tener sueños, objetivos, ideas y proyectos personales y/o profesionales pero siempre ligados a uno mismo, fieles a quienes somos, que busquen la realización y no el reconocimiento

– Estar permanentemente aprendiendo: un idioma, un instrumento, un curso de cualquier cosa que te llame, o cosas sencillas, una receta de cocina…

– Arreglar tu casa e impregnarla de detalles que hablen de ti y te hagan sentir bien.

– Hacer cosas creativas: tocar un instrumento aunque sea mal, pintar, escribir o si no eres muy artista, escuchar música, ver y consumir arte…

– Cuidar a un ser vivo: un geranio, un animal aunque sea un pez, un huerto, un cactus también vale para empezar…

– Recuperar a tu niña interior: subir a una roca y saltar, cantar, chapotear charcos, reírse, jugar, poner el árbol de Navidad …

– Escucharse, hablar con uno mismo pasando tiempo sola y sin hacer nada.

– Observar los cambios de ciclo: la luna en sus diferentes fases, los árboles cambiando de estación, las mareas,  ver más amenudo los amaneceres o las puestas de sol, conectar con las diferentes fases de tu ciclo menstrual.

– Disfrutar de las pequeñas cosas, de los placeres de la vida: quedarte en casa un viernes leyendo un buen libro o viendo una buena peli aunque la hayas visto mil veces, saborear un buen arroz…o degustar un buen vino.

– Cocinarte, plancharte, limpiarte tu casa, arreglarte, vestirte acorde a quien eres y lo que quieres expresar… que se note que te importas, que te quieres y que te disfrutas.

–  Bailar con una misma, sola o en compañía pero sobretodo, no dejar de bailar nunca!

Lo importante es desvestirse y descubrir qué es lo innecesario, lo que nos sobra. Como árbol en invierno descubrir qué somos sin las hojas, sin las ideas, conceptos, apegos y condicionantes que forman nuestra identidad. Desnudándonos llegamos a la raíz, hasta el núcleo esencial de nuestro ser.La Danza del Vacío. Adyashanti.

 

 

 

6a00d8341bfb1653ef014e8692d64e970dUn patrón cultural  heredado

La niña buena, la hija ejemplar, ha sido educada desde la cuna para cuidar al otro y olvidarse de sus necesidades. La educación patriarcal que calla nuestra fuerza y nos convierte en mujeres complacientes ha fabricado cientos de miles de ellas, mujeres con su instinto dormido enfocadas al servicio de los demás.

El deseo de la hija modélica, se ha heredado de abuel@s a padres, tod@s han tratado de educar y obtener ese perfil angelical en la hija que fue nuestra bisabuela, abuela, madre y nosotras mismas. Nuestra cultura teme al poder femenino, por eso, este tipo de padres y madres, ante cualquier atisbo de talento, de fortaleza, de creatividad, tiende a reprimir, a callar la voz, a silenciar el poder.

Antropológicamente esto tiene una explicación, una mujer al servicio de los demás que no conecta con sus propias necesidades, no dejará la función materna de lado, que es lo que el patriarcado pretendía evitar. Si ella abandona la casa y en consecuencia accede a la cultura y a la vida social, el hombre ha de compartir las esferas de poder.

El miedo al abandono

Por eso, a pesar de que la mujer en la actualidad está ya en los puestos de máxima responsabilidad, el éxito femenino es vivido por ambos sexos con miedo y recelo. Cuando una mujer brilla experimenta sutilmente rechazo a su alrededor, no solamente por parte de los hombres sino también por parte de las propias mujeres. Por ejemplo, las tachadas de brujas en la edad media, eran en realidad mujeres que no querían ser unas ignorantes, por eso intentaban acceder a la sabiduría que se les tenía vetada. Preparaban ungüentos con plantas, tratando de curar a los enfermos, se reunían entre ellas y compartían sus recetas…Pero la iglesia se encargó de castigar y quemar a aquellas mujeres que intentaban rebelarse de la sumisión. El mensaje inconsciente que hemos heredado de todo aquello es que haciendo poco ruido una mujer se mantiene a salvo.

Las mujeres temen el éxito porque constatan que gustan menos. A todas nos ha llegado el comentario: se pasa/te pasas de lista, no seas creída, va/vas de guapa, eres una rebelde, pero que mal carácter tienes, tienes muy malgenio, va de “guais”, …Podríamos decir que una mujer sumisa no es consciente de su poder y ya desde niña aprende que se la quiere si apoya al otro y no ocupa demasiado espacio, ni protagonismo. Con el tiempo el mensaje queda forjado en su personalidad, cuidar de los demás es un peaje para que te quieran en detrimento de tus propias necesidades.

La autora Bethany Webster explica como la niña experimenta soledad o miedo al abandono cuando con su  inocente alegría, irrita- inesperadamente-  a la madre o al padre . Como ella expresaNo tememos al éxito. Esta es una idea errónea. Lo que realmente tememos es al abandono”. La soledad a la que tememos cuando imaginamos el éxito futuro, es un eco del recuerdo que experimentamos siendo niños cuando rechazaron nuestra espontaneïdad y nuestra forma genuïna de ser fuera del guión de  “la niña buena”.

El rol de la niña buena

La hija buena, ha sido una niña que en su familia ha ocupado el papel de camión escoba para limpiar la suciedad real y emocional de los miembros de su casa. La niña buena es camaleónica, siempre al servicio de los demás va adoptando diversas formas según precise el clima del momento. Ha desarrollado una gran empatía porque así capta lo que cada uno necesita y cubriendo las necesidades del otro, es reconocida. A veces cobra forma de enfermera para curar a los enfermos, a veces de psicóloga para escuchar y justificar las cicatrices emocionales de una familia llena de guerras, a veces se convierte en la mediadora para cubrir todos los frentes de todas las partes peleadas, a veces es la dama de compañía para que el otro no se sienta solo, o hace de madre porque cuida de los hermanos, ayuda a hacer deberes, hace de criada porque barre, cocina y limpia aunque tenga 10 años …en fin hace lo que haga falta, no importa que deje de lado sus salidas, sus planes con amigos, eso sí, suelen tener una carrera profesional brillante porque como hija modélica son trabajadoras incansables. La obligación moral y académica es validada por los progenitores y el placer y sus necesidades reales quedan reprimidas (a pesar de que los demás hermanos sí las disfruten). Lo peor es que todo lo hacen con una sonrisa en la boca porque no quieren que los demás sufran por ella y no son conscientes de que mientras alimentan el rol de hija perfecta se olvidan de sí mismas.

Con el tiempo la niña buena se convierte en una mujer que necesita seguir complaciendo a los adultos de su entorno, en especial a sus amigas o a la pareja. Los síntomas más típicos son: baja autoestima, problemas de identidad, depresión, desconexión emocional, dificultad para poner límites y para enfadarse, inseguridad, dependencia emocional …y una actitud maternal y cuidadora exagerada. Moralmente son la viva imagen de la Virgen María, demasiado buenas demasiado perfectas, demasiado ingenuas. Tienen el coco tan comido que cuando les invitas a rebelarse y les abres la puerta de su jaula, no se atreven a escapar porque sienten que se están portando mal.

Rebelarse: el único modo de escapar

Con un poco de suerte, estas mujeres llegan a terapia con depresión. La depresión es un trastorno que bien interpretado puede darnos muchas pistas a nivel terapéutico. La palabra depresión, está relacionada con el hecho de querer quitarme presión en mi vida. Entonces, hago una ―de – presión, que es un intento más para lograr salir del patrón . Cuando una chica ya no puede más, y necesita liberarse de esta carga tan asfixiante de estar siempre cuidando del otro se deprime. La depresión es la escusa inconsciente para que ellas justifiquen el abandono de ese rol durante un tiempo.

Es probable que de adolescentes su parte sana intente emerger y desde la rebeldía logren salir del patrón de la niña perfecta, las que lo logren serán las más afortunadas porque podrán salvarse. Pero si esta niña tiene la mala suerte de provenir de una familia más rígida de lo normal, con una cultura predominantemente patriarcal, pueden quedarse atrapadas allí. Tras varios intentos fallidos por huir, finalmente entenderán que es mejor callarse y fingir el papel. La presión familiar que surge cuando la niña saca su parte sana es tan fuerte que la propia familia las atacará tachándolas de locas, de enfermas, de mentirosas y por supervivencia ellas preferirán seguir jugando al papel de niña tonta para salvar su integridad y su salud mental. Los padres de la niña buena son modélicos hasta que su niña se rebela, entonces son capaces de transformarse en monstruos destructores con tal de poner a su niña despistada en el redil.

Primera candidata en hombres depredadores

El gran peligro de la niña buena, es que cuando logran salir de su casa caigan en el mismo patrón relacional. Los hombres muertos de hambre para alimentar su ego, dan con ellas, entre otras cosas, porque éstas llevan un cartel con luces de neón anunciando que son un buen blanco para sus tiranías. Ellas que siguen dormidas, están encantadas con su amo y señor el cual les sube la autoestima porque sienten que pertenecen a su reino y se sienten confirmadas en su papel de mujer perfecta.

Así que ya tenemos el bucle, la niña buena es castigada por el marido depredador cuando ella intenta hablar con su propia voz y vuelve apaleada a casa con sus padres. Tienen la sensación de meterse otra vez en la boca del lobo, sienten que en ninguna parte estarán a salvo y que no les queda otra, que volver a su papel de hija modélica. Muchas han de aguantar la mirada desaprobatoria de sus padres que dice “¿qué has hecho mal para que ya no te quieran?” Normalmente, los “padres ejemplares” no reconocerán que la pareja de su hija ha sido destructiva ya que sería reconocerse a sí mismos. Otros padres sí reconocen al marido como alguien peligroso pero generan culpa en la hija, tachándola de ingenua, de incompetente… y cuestionándoles una y otra vez como alguien tan perfecto ha caído tan bajo….y no ha sabido dar con un buen hombre.

Encontrar tu potencial

¿Dónde queda la parte sana de estas chicas? Sus amigas se preguntan como la amiga 10, la hija obediente, la alumna aplicada, la profesional intachable, se siente tan perdida y desorientada? La que todas las madres ponían como ejemplo, es ahora una chica débil, perdida, y depresiva.

¿Cómo alguien tan fuerte, con tantas cualidades, se queda sin voz sin criterio sin fuerza…?.esta es una de las preguntas que muchas de mis pacientes se hacen así mismas. Cuando la etapa rebelde de la adolescente queda reprimida, puedes tener 38 años pero emocionalmente sentirte como una niña de 13 que no se atreve a ser ella misma por miedo a decepcionar.

El recorrido terapéutico de estas mujeres es duro pero muy reparador… alejarse de todas aquellas personas que han formado parte del engranaje de su rol de niña buena es un peaje indispensable. Construirse en ambientes con personas ajenas a su condición de mujer complaciente para llegar a convertirse en personas dueñas de su vida es su pasaporte.

Una parte importante del proceso de sanación, es repasar  las personas que te han rodeado a lo largo de tu camino y llegar a la conclusión de que en tu vida nunca has escogido por tí misma, que “tu gente” eran personas que se acercaron a ti, muchas veces por interés, para obtener un beneficio, porque necesitaban a una madre. “Escoger” es el ejercicio más terapéutico… desde cosas pequeñas como la ropa a aspectos más importantes como las amistades, el trabajo o la pareja…

Liberarte de la antigua culpa de que es tu responsabilidad que los otros se sientan bien, y aceptar lo inevitable que cuando escoges  tu camino dejes atrás a personas que esperaban que tomaras el suyo y las hieras,  son dos grandes quimeras que deberás superar.

No engordes tu autoestima a través de cuánto los demás te quieren por ser “taaaan buena tía”. Tu valía personal no se mide por cuánto ayudes y mitigues el dolor de los demás…seguramente tienes otras cualidades por descubir que no dependen de tu capacidad de ayudar y hacer favores. Búscalas y poténcialas.

De la niña buena no hay un patrón exacto pero todas coinciden en que su vida es secundaria porque los intereses de los demás van por delante. Si te has sentido identificada con el post, empieza a escoger y no mires atrás, la libertad de ser tu misma te estará esperando y aunque los demás intenten retenerte, no dudes que tu vida es única y que tienes derecho a darte prioridad.

Encuentra tu poder, no importa que por ello los demás te quieran menos, tu te querrás más…

…..y tú, ya sabes lo que vales?