Category Archives: Camina en pareja

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Recuerdo que  era carnaval y subimos del patio a la clase, íbamos disfrazados y apensas quedaba un rato para volver a casa. Estaba en primera fila porque hablaba demasiado…(eso me decían que era malo, y me lo creí, aunque ahora ya no lo piense) así que cuando llamaron a la puerta, lo escuché todo. La señorita de tercero, levantó una cinta de tul rosa y preguntó en voz alta:¿Alguna de las niñas de la clase, ha perdido esto en el jardín?

Ninguna contestó…insistió una vez más. Nadie habló. Entonces ella, hablándose para sí misma pero en voz alta, dijo: “no, esto no es de esta clase, debe ser de las de segundo, ellas son mucho más princesas” e indicó al niño que fuera a preguntar allí.

Aquella frase me quedó enorme y se abrió una brecha, me quedé con una pregunta  flotando en mí cabeza que empezó a adentrarme en un mundo desconocido…

Lo primero que pensé fue si lo que decía la señorita, sería bueno o malo porque cuando se tiene ocho años todo lo clasificas bajo estos dos opuestos. A mí ella me infundía mucho respeto, me daba casi hasta miedo. Su tono, su mirada, eran una mezcla entre la amargura y el sarcasmo. Por eso, aunque yo aún no había conocido a alguien como ella, ni entendía el significado de la ironía, aprendí por supervivencia a leer su tono. Me di cuenta de que lo que decía con mala leche, era todo lo contrario a lo que en realidad pensaba y eso era mala señal porque muchas veces indicaba enfado, crítica o desaprobación.

Las de segundo son más princesas….mi cabeza repetía dentro de mí. De repente las recordé, era cierto,  jugaban en el patio con sus disfraces rosas, sus coronas, sus tacones, el pelo al viento y reverenciándose sin parar. La verdad es que parecían muy felices.Y por el contrario, no visualizaba a mis amigas, no lograba imaginar a qué dedicábamos el tiempo libre las de tercero. No supe contestarme: ¿si las de segundo son princesas, nosotras qué somos???

Esa frase de la Srta. Sarcasmo fue lo mejor del curso, un regalo que no fui consciente de recibir y que me llevé en forma de una gran pregunta. Mientras explicaba en la pizarra cómo dividir, de la manera menos interesante del mundo (también el sistema educativo tenía su parte de culpa), yo la observaba a ella, de hecho, me pasé todo el curso analizándola. Quería entender esa ironía desde donde interpretaba a la vida, a   través de sus gafas de pasta marrón que era lo único que teníamos en común, ella y yo.   Y todo, para poder entender…. ¿Por que las de segundo eran más princesas? y traducir si eso era mejor o peor para nosotras, las de tercero.

Creo que a la siguiente navidad pedí a Papá Noel que me trajera un disfraz de princesa. En casa, no debieron entender nada, porque nunca había querido uno antes y me trajeron un vestido rosa chicle espantoso que me puse intentando ponerle ilusión. Además, lo combiné con sombra de ojos verde a lo 80´s versión Madonna. Viéndolo con perspectiva, creo que tenía un lío importante de referentes femeninos. La cuestión es que el vestido tuvo poco éxito y apenas lo utilicé , no me lo sentí nada mío. Tengo una foto donde lo llevo puesto, aparezco con cara de impostora, voy de feliz, pero parece que esté pensando: no me pega nada este vestido. Con el tiempo, llevé otros disfraces de campesina, vaquera, pitufa y tuve una concesión : un disfraz de hada madrina de túnica azul y barita con la estrella glitter pero muy espartana sin confetis ni cintas colgantes. Nunca más me puse un vestido de princesa…hasta el día de mi boda, veinte años más tarde.

Supongo que durante todo ese tiempo de mis 8 a mis 28…fue un periodo de incubación,  donde seguí recibiendo inputs de la felicidad relacionados con el arquetipo princesa. Al fin y al cabo, que iba a hacer yo, si veía a chicas de segundo por todas partes, hablando de si el vestido, las flores…y que el mejor día de su vida, iba a ser sin lugar a dudas, el día de su boda. La verdad es que podía hacerlo, tenía un novio que me hacía feliz y amigos para compartir esa felicidad servida en pack. No digo que no fuera un momento especial, pero siempre digo que mi historia de amor, que la tengo, contiene capítulos igual o más bonitos antes y después de nuestra boda. Esta reflexión, mí verdad, incomoda un poco a un buen amigo, se lo noto, por ejemplo,cuando ve el álbum de las fotos de la boda tirado de cualquier manera o le digo que todavía nos falta editar el vídeo. Entonces, nos mira con cara de incredulidad y un poco asustado,como si no le diéramos el valor que merece a ese día. Yo no tengo ni idea de cual ha sido el día más feliz de mi vida, tengo por suerte muchos buenos momentos, me parece deprimente e infantil, pensar que el mejor día de tu vida fue el día de tu boda.  Además según los años que hayan pasado, porque el tiempo siempre corre hacia adelante, la felicidad te quedará cada vez más y más  lejos. Pero a mí me provoca curiosidad notar a mi amigo incómodo. Hace poco volvió a salir el tema, estábamos un domingo entre amigos que casualmente coincidió con nuestro aniversario. Nuestro aniversario, pero no -el -de -la- boda, recalqué mirando a mi amigo, ya que me refería al aniversario del día en que mi novio ahora marido  y yo empezamos a salir. Y seguí por inercia al ver su cara: es más, creo que ese día fue seguramente el día más feliz de nuestra relación. Como sólo a los buenos amigos les permites, dejé que me criticara (porque de la crítica constructiva siempre aprendes)y que se burlara de mi comentario.Así que después de aguantar un rato metiéndose conmigo, le pregunté lo que me hubiera gustado que me preguntara la Srta. Sarcasmo, ¿porque crees que las de segundo son mejores que tú? Y le dije, y tú, Amigo, ¿porque crees que el día de tu boda fue el mejor día de tu vida…? se quedó callado y no contestó. Lo cierto es que le entendí…yo he estado treinta años intentando responder a la primera pregunta. Cuando me pidieron matrimonio , me volví loca de felicidad, recuerdo que llamé a mi padre a contarle, (él diseña vestidos de novia y conoce muy bien el mundo femenino), le comenté mi sorpresa por mi gran entusiasmo, al fin y al cabo, ya habíamos firmado una hipoteca, así que sabía que teníamos ilusión por construir un futuro juntos y que él me quería. Mi padre me contestó: mira os lo han metido en la cabeza desde que sois pequeñitas, en los cuentos de princesas, en las pelis de Disney… lo de ser una princesa, casaros con el príncipe azul , que os lo pidan de rodillas. Y sentenció: entonces están las que se mueren de ganas ( como las de segundo, pensé yo) y que lloran de alegría, las que ni fu ni fa y que lloran de alegría y las que dicen que nunca se casarán y que cuando les dan el anillo, también lloran de alegría!. Pues sí, le di la razón, estaba programada, educada para sentirme así, tenemos unas creencias tan, tan incorporadas que ni siquiera nos planteamos el porque de las cosas. Así que fui una novia feliz que me dejé llevar por el cuento que siempre me habían contado, y que con el tiempo ha quedado en un bonito recuerdo.

Ojo y que nadie se confunda, que soy fiel defensora de las bodas, del ritual que significa que empieza una nueva etapa y finaliza otra, porque como todos los rituales ayudan a ubicarte y a ubicar a los demás. También sé, que sería mejor novia hoy que el día de mi boda….porque entiendo más profundamente lo que significa ese compromiso, igual que he disfrutado mucho más de mi maternidad con el paso del tiempo. Pero soy detractora de casarse por el capricho o por tener ese – día princesa-, por ahí ya no paso. De hecho, en mis redes sociales sigo a una conocida que ha publicado diariamente todos los preparativos de su boda durante más de un año, y cuando piensas en eliminarla de tus contactos, por fin se casa, para el descanso de quienes la conocen. Pensé que después de tres semanas publicando sin parar las fotos de su boda, acabaría por fin con el bombardeo, pero no, ha seguido publicándolas compulsivamente y me preocupa. Cada vez que comparte una imagen más me pregunto que hará cuando se le acaben todas… y cómo se sentirá el día de después.

Pero, al final, y como buena hija de mi generación, siempre hay una contradicción, entre lo que realmente soy y lo que me han vendido que soy. Por eso, no descarto, en honor a mi madre, a mi abuela, a mi bisabuela y a todas las mujeres que me precedieron, que también les hicieron creer en princesas, editar, por fin, en nuestro décimo aniversario, el vídeo de la boda. Mi padre ya lo sabe, aunque yo aún no imagine hasta qué punto recordar mi boda me hará muchísima ilusión. Y claro, mi amigo será de los primeros en recibir ese recuerdo (bueno, un resumen porque hacer tragar a tus amigos toda la película, es de mal gusto). Creó que en el asunto del email le pondré  una frase bonita que todavía he de pensar pero que insinúe algo así como “para los que siguen soñado en los cuentos de hadas”.

Yo en cambio, ya no soy de esas, he intentado con todas mis fuerzas, creerme el cuento, pero no he sabido, no pude. Me ha costado reconocerlo, me ha costado mucho entender que no me gusta ser una princesa. Me ha costado entender que las pequeñas muertes, en forma de crisis, defectos, rupturas y decepciones existen en todas las relaciones y me ha aliviado el saber que eso es lo auténtico, y que no puedes encontrar luz sin sombra. No soy feliz siendo una princesa, ni me hace feliz jugar a príncipes, así que creo que empiezo a estar orgullosa de no llevar corona. Y menos me gustan los hombres que te tratan como princesas… cuidado con esos!!!

Y hoy, nueve años y pico después de vestirme de princesa por segunda vez, he podido completar esta frase: las de segundo son más princesas y las de tercero no quieren serlo… porque no se han creído del todo que ser mujer es agradar y complacer al hombre, ni que lo necesitan para ser felices y al amor no le llaman tener un príncipe azul, ni necesitan una boda de cuento de hadas (basta con un ritual cristiano o pagano donde le den sentido a su amor…) Son completas en sí mismas pero cuando son sabias saben que necesitan a un hombre, que no un príncipe, no para completarlas sino para complementarlas (que no tiene nada que ver), no para toda la vida, sino hasta que dure el amor, no siendo felices y comiendo perdices, sino muriendo y renaciendo juntos y a la vez separados.

Yo no soy una princesa, ni falta que me hace. No soy perfecta, y por eso no busco a un hombre perfecto. También me equivoco y no pretendo gustar a todo el mundo o almenos es lo que intento. Y hago reverencias solo a quien lo merece y espero que me las hagan a mí solo cuando realmente lo merezca.

Acompaño a otras niñas y mujeres a despertar y a  rebelarse. A través de mi trabajo, he descubierto que todas las mujeres, lleven o no el vestido de princesa, sean de tercero o sean de segundo, poseen en su alma a una diosa que es mucho más grande que ser una princesa. Sólo tienen que aprender a desnudarse y quitarse la corona, sólo tienen que atreverse a ser auténticas y a defender lo que sienten. A pesar de que si escoges este camino, estarás más sola, incomodes a los demás y seas un poco diferente. Vale la pena ser valiente y desnudarse.

Y cierro con una sabia, que lo cura todo, Clarissa Pinkola y sus palabras medicina: Si has intentado encajar en algún molde y no lo has conseguido, probablemente has tenido suerte. Es posible que seas una exiliada, pero has protegido tu alma. Jamás es un error buscar lo que una necesita. Jamás.

 

 

decir adios

Decir adiós, decir que no, distanciarse, caerse, exiliarse, cambiar, morir, cerrar una etapa, desenamorarse, discutir, romper con alguien, huir, olvidar, poner límites, ignorar, centrarse en uno mismo, perder,  estar solo, acabar, alejarse, marcharse, desconfiar, enfadarse,  olvidar, crecer…..

La vida y el amor conviven con la dolorosa pero necesaria energía de la separación .

Nacer: la primera experiencia de separación

La primera separación que experimentamos en la vida es al nacer, cuando dejamos de vivir en ese hogar calentito y seguro que es el vientre materno.

El primer aliento, es la primera experiencia de separación que vivimos, cuando hemos de respirar por primera vez por nosotros mismos y ya no dependemos del oxígeno que nos proporcionaba el cuerpo de nuestra madre.

Debe de ser duro nacer, por eso la mayoría lloramos, porque las separaciones, al principio duelen, nos producen sufrimiento, desorientación y miedo. Evidentemente la separación no es abrupta entre la madre y el  hijo sino que ésta, será progresiva y tendrá idas y venidas, hasta que el niño se valga por sí mismo y se convierta en un adulto autónomo.

Los padres: los grandes maestros

Recoger y soltar, será el ejercicio que todo padre y madre ejercerán desde el principio en relación a sus hijos. Ahora me acerco y doy amor con mi apoyo, ahora me alejo y doy amor dejando que tu solo puedas cosechar éxitos y resolver dificultades. Al mismo tiempo, el hijo aprenderá los mismos movimientos, ahora te necesito y aprendo de ti, ahora te cuestiono para poder alejarme y explorar el mundo. Todo un arte aparentemente sencillo pero cuando este movimiento no fluye, se originan todas nuestras neurosis.

Evidentemente para saber separarte y convertirte en un adulto, antes te han tenido que querer. Nadie sabe dar afecto si antes no lo ha recibido, nadie se atreve separarse y caminar solo por la vida si no cree en uno mismo. La medida perfecta se encontraría entre el amor que no ahoga y el amor que te empuja a que te valgas por ti mismo, pero esa medida es muy difícil de encontrar, no existe la medida perfecta en una relación, aunque haya que intentar acercarse.

Cicatrizar la herida de la infancia

Todos en la vida adulta, en mayor o menor medida, tendemos a buscar que nos quieran, porque todos estamos heridos por la separación, el rechazo y el tú no juegas. En nuestro recorrido vital habremos vivido experiencias primarias de desamor porque son inevitables a la condición de existir. En la infancia, vives tantas experiencias de amor como de desamor. En función de como hayas manejado a lo largo de tu vida las sucesivas separaciones y como te hayan enseñado a separarte, tendrás un estilo más adaptativo o menos. Una experiencia de separación es cuando estabas enfermo y querías que te mimaran más, cuando te dijeron que no, cuando tus padres salían y te dejaban en casa con los abuelos, cuando no te comprendieron, cuando no te escucharon lo suficiente, cuando no se dieron cuenta que estabas mal, cuando te castigaron, cuando no apreciaron tus verdaderas cualidades, cuando desconocían lo que necesitabas, cuando no te dejaron ir, … todos de alguna manera, no hemos recibido todo el amor que hubiéramos deseado. Crecemos con una herida de que nos hubiera gustado que nos quisieran de otra manera, siempre es así. Superar ese complejo ,aceptar que no existe el padre/madre ideal, perdonar a tus padres y comprender que te quisieron como mejor supieron, se llama madurar.

A lo largo de la vida, irás despidiéndote de  muchas personas y experiencias. La suma de todas ellas te proporciona un estilo de afrontamiento frente a  la separación, pero se puede modificar si éste no te deja avanzar.  ¿ Te has fijado en que aspecto tienes más dificultad: en dejar o en ser dejado?Analiza tu historia vital con una línea y marca todas aquellas separaciones que recuerdes (pérdidas, separaciones de padres o familiares cercanos, despedidas, cambios de casa, cambios de escuela, hospitalizaciones, castigos o broncas, rechazo en la escuela, decepciones, rupturas de amistad ,de pareja…)Las  experiencias de separación traumáticas pueden condicionar las relaciones en la vida adulta. Una ruptura mal digerida de un primer amor puede condicionar las relaciones de pareja  futuras. A veces en psicoterapia, tratas la ruptura de un paciente con su pareja y te das cuenta que se siente peor por la penúltima experiencia  que por la última relación. Si sientes que tienes situaciones de separación no resueltas y no puedes cerrar el pasado, trabajarlo en una psicoterapia puede ser de mucha utilidad, para crear un buen abono de tus relaciones futuras.

Los hijos no son tuyos

Los padres también tienen que ser lo suficientemente maduros para entender que un hijo no es una propiedad, es hijo de la naturaleza, es alguien que no te pertenece y que acabará teniendo su propia vida. Hay padres que viven la vida de sus hijos, que sus éxitos o fracasos se los hacen suyos y que diseñan un ideal de hijo a la carta, que tratan de modelar y hacer a su imagen o semejanza, o mucho peor, que intentan que logre todos los sueños que ellos no pudieron cumplir. Un ejemplo serían los casos de los padres con niños deportistas de élite o niños de 10 que viven presionados desde casa para que sean perfectos.

Estos padres no tiene una vida propia que les satisfaga y desde el control de sus vástagos, viven sus éxitos como si fueran propios. Esta dificultad de separase hace que el niño no tenga el espacio suficiente para desarrollar su individualidad. Se convierten en un apéndice de su familia porque no entienden donde acaban sus padres y donde empiezan ellos.

 

El proceso de diferenciarse: de niño a adulto

Desde que nace un niño hay que saber despedirse de este, desde que camina, habla por sí mismo, te lleva la contraria, se enfada contigo, te cuestiona y acaba creando sus propios valores en su propia familia. El proceso de autonomía de un niño precisa de que se le de el espacio necesario para que pueda diferenciarse de sus padres. Hay pacientes que de niños nunca pudieron llevar la contraria a sus padres. La música alta, un tatuaje, un desplante, un portazo o un me largo…son necesarios. Sin conflictos no pueden haber cambios, si no hay confrontación de opiniones en una familia , el niño no podrá crecer. Por lo tanto, si tu hijo no es rebelde y está en la adolescencia, pregúntate si tiene suficiente espacio para cuestionarte. Tengo una paciente que expresó el sano impulso de rebeldía en silencio y disimulando, empezó premeditadamente a rebelarse haciendo mala letra y sacando malas notas, porque no había espacio para más. Si tu hijo pequeño te llama tonta, tu tarea educativa no es castigarle y reprimir su enfado sino enseñarle a que está bien no estar de acuerdo contigo pero que lo debe expresar sin insultos explicando los motivos de su discrepancia. De lo contrario , si le reprimimos, construiremos niños que temen el conflicto, a la confrontación, que no son críticos. Una casa donde no hay comunicación, donde no se puede ser libre y hablar desde la verdad, desde lo que realmente se piensa, es como una dictadura que reprime la voluntad.  Sin conflicto, se interrumpe tu desarrollo, impidiendo construir un criterio propio, anulando de esta forma tu capacidad crítica.

Consecuencias de la sobreprotección y la parentalidad autoritaria

Tanto los padres sobreprotectores, como también lo estrictos que son los dos extremos en la línea de la parentalidad, no permiten que un niño se separe y crezca rumbo al desconocido mundo del adulto.

El sobreprotector le transmite que el mundo exterior a la familia es una amenaza que está lleno de peligros y que como en casa, no va a encontrar un sitio más seguro y cómodo, ni siquiera con una pareja.

El hiperestricto monitoriza la vida del hijo adulto enviando señales de cómo tiene que vestir, qué tiene que estudiar, donde aplicar trabajo, qué tipo de pareja escoger…haciendo que este no sepa realmente cuales son sus verdaderos intereses y transmitiendo que si escojen por sí mismos pueden cometer el gravísimo error de equivocarse, así que lo mejor es seguir los sabios consejos de los padres.

En ambos casos hay una restricción de la experiencia, vivo en una zona controlada sin peligro, no me equivoco si nunca piso una zona desconocida, por lo que si no hay retos tampoco podré tener éxitos y saber que puedo superar la adversidad.

Hay una frase de Jonas Salk que dice. ” Los buenos padres, les dan a sus hijos raíces y alas.Las raíces para que sepa donde está su casa, las alas para que vuelen lejos y pongan en práctica lo que se les ha enseñado”

La inseguridad de no creer en uno mismo, la culpa por alejarme y diferenciarme de mis padres como si fuera malo, la falta de autonomía, la baja autoestima, son síntomas de las personas que se les ha vetado el impulso de crecer y alejarse de sus progenitores. Ellos se convierten en niños asustados con piel de adulto, que no son Peter Panes por elección sino como resultado.

Enseñar a despedirse

Para dejar crecer y ayudar a tu hijo a convertirse en un adulto autónomo hay que enseñarle a partir, a exiliarse de ti, a vivir con naturalidad el dolor de separarse y enseñarle a aceptar que separarse forma parte de la vida…Los lobos enseñan a sus cachorros a cazar y a sobrevivir en el bosque para que llegado el momento puedan aprender a valerse por sí mismos.

La vida tiene muertes, es un constante viaje de despedidas. Hoy mismo una paciente lloraba asustada porque su vida iba demasiado bien. “Ahora que tengo el marido ideal y el trabajo perfecto me angustia que se muera o me despidan”, hasta el punto que lleva dos meses con nauseas y vómitos. No poder parar su mundo ahora y congelarlo en ese instante de máxima felicidad y la conciencia de que el presente no dura para siempre le provoca ansiedad. Ella tendrá que aprender a fluir, aprender a disfrutar de la felicidad caduca en lugar de sufrir porque un día se vaya a acabar, a abrazar el presente y fluir sin anticipar el cambio o el final de esta etapa.

El problema es que vivimos en un mundo demasiado seguro, certero y controlado, que no tiene muertes ni pérdidas o que si ocurren las interpretamos como la apocalipsis, en parte porque pocas veces pasan cosas inesperadas… pero pueden pasar y nuestra cultura nos transmite que es una experiencia insuperable. Nos educan para tener pero no para perder, nos ponen anuncios de gente feliz de vacaciones permanentes, de personas que lo tienen todo… y nos hacen creer que eso es posible, pero los anuncios duran 5 segundos y la vida real es más larga y las cosas cambian. En realidad, es bueno que así sea porque sino, no podríamos valorar los buenos momentos.

Aceptar el dolor

Cuando vivimos una separación ya sea en forma de muerte, pérdida, ruptura, final, o cambio, debemos fluir, no resistirnos y aceptarlo. El intento de control, de resistencia, de reprimir el dolor nos pone enfermos física y psicológicamente. En cambio, si dejo que mi cuerpo y mi mente se convulsionen ante la pérdida, podré tras el doloroso golpe asimilar la experiencia. A medida que lloro y expreso ese dolor lo hago consciente y puedo aceptarlo. Las pastillas para anestesiarme en una pérdida, son contraproducentes ,  para superar el dolor no hay que anestesiarlo, hay que afrontarlo.

Recientemente vi una película en el cine, Brooklyn, que recomiendo, porque es la historia de una jovencita que se exilia de la Irlanda pobre a la Nueva York emergente y refleja en su historia la complejidad  de la separación. La película es un continuo ejercicio de despedidas  que te ayudan a aceptar que están allí y que forman parte del ciclo de la vida. Es realmente una película muy terapéutica, yo lloré por todas las separaciones de mi vida conscientes e inconscientes. A través de las rupturas que viven los protagonistas, puedes aprender a fluir en la experiencia de las despedidas, con dolor pero sin resistencia. Dejar ir es un arte y toda una muestra de amor con mayúsculas.

Dejar espacio en la relación de pareja

Al igual que ocurre en la gesta de educar a un hijo ayudándole a crecer, favoreciendo la autonomía dando espacio.  En una relación de pareja la realización individual de cada miembro de la relación tiene que tener cabida a pesar de la fusión con el otro.Es necesario ser maduro para poder establecer una relación de pareja sana. Eso significa que estás preparado para dar y recibir y al mismo tiempo para irte y dejar marchar.Significa que cada miembro de una relación tiene que dominar tanto la capacidad de amar y acercarse como la capacidad de alejarse y estar solo, tanto la capacidad de recibir amor como la de dejar marchar. Quienes no dominen estas cuatro energías difícilmente podrán llevar a cabo con éxito una relación. Una paciente estaba muy enfadada porque su novio le había dejado, es un “cabrón” repetía enfadada. Si algo no permito en mis sesiones es a que alguien se quede enquilosado en un papel de víctima, ¿es un cabrón porque te ha dejado? ¿Y si no era feliz? Me dijo que nunca me abandonaría… Detrás de un mal duelo, que se cronifica en el tiempo, existe una falta de autonomía previa a la relación de pareja.

La verdad aunque a veces sea dolorosa es lo único que permite avanzar. Cuando un paciente me pregunta como dejar a su novia sin que sufra, le contesto que eso no es posible. Probablemente ese paciente no lleve bien decir que no, se hace demasiado responsable de la felicidad del otro y le cuesta alejarse, poner límites y ser asertivo con los demás. Para superarlo, deberá aprender a ser egoísta, a conectar con sus derechos y a empatizar con sus propias necesidades. No hace falta ser un talibán, pero al final romper implica soltar la cuerda, y entender que cada uno tendrá que digerir su dolor solo.

Vacunarse del virus: miedo a la soledad

La baja tolerancia a la frustración nos hace ser débiles, y la mala prensa que tiene la soledad nos hace tragar muchos sapos y aguantar situaciones insostenibles. Una obra de teatro con un título muy sugerente; Infeliz pero casada, lo dice todo. Las mujeres tienen que vacunarse del virus que aprenden desde niñas que es mejor estar mal acompañadas que solas. Separarse a veces, es la mejor opción y uno no tiene que creer que el mundo  se acaba. Para que la vida vuelva a brotar hay que aprender a cortar las malas hierbas, amar el ciclo de la naturaleza, y entender que separarse y cambiar, es a veces un trámite necesario para seguir evolucionando y volver a empezar.

SEGUNDA PARTE

LOS HOMBRES BUENOS

Pintura obra de Mark Horst

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Dentro de cada hombre hay un hombre bueno solo que muchas veces está por descubrirse. Las mujeres dicen que están cansadas de hacerse entender, que ya han gastado demasiada energía. Lo que muchas veces ocurre, es que no todos los hombres están capacitados para complementarse con una mujer. La clave será dar con uno dispuesto a querer descubrir los misterios femeninos que hay dentro de ti, capaz de ver más allá , de querer conocerte , de admirarte y celebrar poder hacer equipo contigo.

Una mujer posee una doble naturaleza, la mujer interior y la mujer exterior. El secreto para amar a una mujer es acceder a sus dos mundos e intentar comprenderla. El hombre que llegue a tocar el alma  de una mujer, la tendrá para siempre. Estas dos energías tienen que estar en sintonía, cuando una parte de la mujer está conectada, la otra desconecta, cuando una parte de la mujer está feliz, a la otra “le falta algo” pero solo los hombres sensibles comprenden y aman a la mujer desde su complejidad que las hace únicas. Como dice la canción de Alejandro Sanz :

A veces me encierro tras puertas abiertas
A veces te cuento porque este silencio.Y es que a veces soy tuya y a veces del viento

Una mujer necesita sentir que su pareja quiere a las dos partes y no reprime a ninguna de ellas, necesita sentirse libre que va y que viene, como la vida y la muerte, que sube y que baja, que se me tece hacia dentro y vuelve a salir….y el hombre bueno, natural y salvaje responde a la misma naturaleza.

A lo largo de mi experiencia profesional, he acompañado a muchas mujeres a descubrir que sí existen los hombres buenos. A pesar de su escepticismo y de que vinieran magulladas tras la experiencia con algún hombre depredador, puedo constatar que la mayoría los han acabado descubriendo, solo que para encontrarlos primero hemos tenido que definirlos. Si eres de las que vienes de una mala experiencia y no crees mucho en el otro sexo, un buen ejercicio es fijarte en las excepciones. Se trata de observar detenidamente aquel ser excepcional, aquel que tu consideras bueno, ya sea tu hermano, padre, vecino, compañero de clase o trabajo, primo, hijo, profesor.., y fijarte en como te trata, como trata a su pareja, a su madre, a sus amigos… A partir de ese momento, habrás encontrado a tu referente, la semilla del hombre bueno, que te servirá para trazar un perfil y encontrar uno para ti.

Un hombre bueno es racional para complementar tu lado emocional no para castrarlo. Un hombre bueno expresa enfado para defender lo suyo pero no es agresivo ni lo usa para hacerte daño. Un hombre bueno escucha para que tu tengas más espacio para hablar y expresar tus emociones. Un hombre bueno es sencillo para enseñarte lo verdaderamente importante y separar lo esencial de lo mundano. Un hombre bueno es directo para orientarte cuando te pierdes. Un hombre bueno es noble para amarte sin doble fondo. Un hombre bueno es fuerte para mostrarte que juntos podéis con todo. Un hombre bueno es honesto para enseñarte lo auténtico y lo verdadero. Un hombre bueno es capaz de leerte y conocer tu esencia. Un hombre bueno es valiente porque cree en tu poder y no se hace pequeño cuando tu no paras de crecer.

El hombre salvaje, aquel capaz de querer en profundidad a una mujer es descrito por la analista junguiana Clarisa Pinkola a través de un cuento afroamericano llamado Manawee. El cuento explica como un rey le propone a un caballero llamado Manawee que podrá casarse con sus dos hijas gemelas si éste es capaz de descubrir como se llaman. El perro del caballero, va corriendo a casa a las doncellas para averiguarlos. En el primer intento, después de oírlos los olvida cuando de camino de vuelta a casa se encuentra un pedazo de hueso que le pierde y desconcentra. En el siguiente intento vuelve a escucharlos pero los olvida cuando en el camino de regreso topa con otro manjar delicioso. En el tercer intento, retiene los nombres y de vuelta a casa, ignora los olores de manjares que se encuentra por el camino, pero lo caza un gigante que lo maltrata para que le revele el secreto. A pesar de la tortura, el perro resiste callado y llega a casa de su amo magullado pudiendo revelarle los nombres para que al fin Manawee pueda casarse con ellas.

Este cuento posee una gran sabiduría y esconde muchos símbolos que representan las cualidades que deber reunir un buen hombre. El perro representa una parte de la conciencia masculina de Manawee, la fuerza instintiva, que es capaz de luchar y de perseverar para lograr descubrir el fondo de una mujer. Las gemelas representan la doble naturaleza de la mujer, lo de fuera y lo de dentro, dos mujeres en una. La que vive arriba, pragmática, humana y aquella más espiritual, que viene de lejos, que aparece y desaparece, pero que siempre desprende algo original sorprendente o sabio. Un hombre depredador no aprecia la vida interior de una mujer, pero en cambio, el hombre salvaje se siente atraído por esta parte salvaje de ella que es reina y soberana de sí misma. Las mujeres buscan un hombre como Manawee que es paciente e ingenioso porque persevera para comprender su naturaleza profunda, ya que trata una y otra vez de conseguir los nombres. El padre, representa el guardián de las hijas, el que dice “hasta que no me demuestres que quieras conocer la verdadera esencia de mis hijas (sus nombres) no las tendrás” , no basta con pedirlas, para comprender los misterios de una mujer tienes que esforzarte. Ese esfuerzo de Manawee representado por su perrito que vuelve una y otra vez, capaz de morir y de arriesgarse, muestra la tenacidad y la fuerza psíquica de un hombre. Los hombres famélicos, con hambre de cariño pueden perder su determinación en cualquier tentación que encuentren por el camino, entonces pueden ser hombres que exploten a las mujeres con el fin de llenar su vacío interior. El hueso en el camino simboliza la tentación, nadie es inmune a un hueso jugoso, y atractivo. En el perrito, su apetito queda satisfecho pero no su tarea, por eso aprende a concentrarse en su prioridad, como al final le pasa al buen hombre que logra luchar por lo verdadero y no dejarse llevar por lo superficial. El gigante que ataca al perrito, representa aquel hombre que intenta abducirte y hacer olvidar quien eres, a este hombre no le interesa la doble naturaleza de la mujer y conocer los nombres, para este, lo femenino es una posesión que desea adquirir y nada más.

El hombre bueno es que el quiere aprender, el mejor partido? El que intenta comprender, el que no se distrae y persiste en su propósito, y cuando conoce el interior de la mujer, no ejerce poder sobre ella sino que se deja inundar, sorprender, escandalizar y permanece siempre a su lado.

 

 

 

 

PRIMERA PARTE

LA MUJER VIRGEN  O AUTOSUFICIENTE

Ilustración de Anahata Katkin

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De la media naranja al individualismo

Las mujeres esposas y madres de los cincuenta que fueron nuestras abuelas, crecieron con el mensaje de que una mujer ideal tenía que mostrarse complaciente con el hombre, teniendo la casa arreglada, la cena a punto y una apariencia perfecta. Y con este referente crecieron nuestras madres. A continuación os muestro unas fotos de unas ilustraciones hechas en los años 50 para instruir a las mujeres a convertirse en buenas esposas:

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Las hijas y las nietas de esta mujer sumisa y entregada generó una cosecha de mujeres autosuficientes que iniciaron su andadura profesional. El desenlace son las mujeres de hoy en día: ingenieras, médicos, abogadas, periodistas…ya no tienen miedo a mostrar su inteligencia, a pesar de que eso les deje muchas veces solas. Han vendido sus necesidades afectivas al diablo, y han dejado de creer en el amor y en consecuencia en el hombre. Ellas han construido un discurso autosuficiente: “no necesito que me quieran, ni que me protejan, no quiero que me digan lo que tengo que hacer…sé cuidarme de mí misma, sigo mi propia voz y gano mi propio dinero” Hemos pasado del mito de la media naranja al individualismo que antepone lo personal al amor.

La búsqueda infructuosa

Muchas mujeres se sienten desorientadas después de un tiempo de búsqueda del hombre perfecto…todas las relaciones acaban en ruptura porque cualquier defecto sirve como pretexto para comprobar que es mejor estar solas que acompañadas.

Las mujeres autosuficentes que más han mamado el mensaje pueden desembocar en dos extremos:

  • la niña buena o mosquita muerta: apuesta por hombres inadecuados, hombres machistas e inmaduros, con mucho ego. Siguen inconscientemente el papel de sumisión de sus referentes femeninos y buscan un perfil parecido al padre que tuvieron. Ellas se muestran dóciles y complacientes, hasta que se hartan y salen del armario. Entonces el hombre con piel de cordero saca el lobo y empieza una relación destructiva. Al cabo de un tiempo la mujer se libera del malsueño, y vuelve a casa confirmando lo que mamá le mostró: que o te haces la tonta o los hombres empeoran tu vida.
  • la mantis religiosa: muestra su poder desde el principio, busca un hombre ambicioso como ella, escoge al más guapo, al más exitoso, al más brillante, pero una vez este hombre se rinde a sus hipnótica capacidad de seducción , lo va debilitando hasta que lo castra y se lo come.

 ¿Para qué un hombre en tu vida?

La mayoría de estas mujeres llega a terapia con una sensación de fracaso, sienten que todas sus relaciones aunque con distintos actores siempre cuentan la misma película. El problema es que no saben lo que buscan por eso suelo preguntarles ¿para qué necesitan un hombre en sus vida? y aunque suene mal casi siempre te hablan de para ser como las demás, o para tener hijos o de hacer lo que toca por la presión social de tener una pareja y no convertirte en una solterona…pero que en realidad con sus amigas y su trabajo ya les basta.

Pero, ¿que nos ha pasado? Somos una generación de mujeres educadas para desarrollar nuestro talento, competir con los demás, resolver conflictos y expresar nuestro criterio. Es la generación virgen, porque psicológicamente nos han educado para no pertenecer a nadie, solo a nosotras mismas. Enamorarse, el amor y el sexo no es una prioridad. Según la psicóloga junguiana Esther Harding es una tipología de mujer completa en sí misma y como la autora dice “Una mujer completa en sí misma, hace lo que hace, no por algún deseo de agradar, no para gustar o ser aprobada, ni siquiera por sí misma; no por algún deseo de obtener poder sobre otra persona, para captar su interés o su amor, sino porque lo que hace es verdad.” Por eso reniegan de los cuentos de hadas, de las bodas de princesa, de la mujer que se queda en casa ….y cuando tienen relaciones suelen ser superficiales, se dejan querer, no buscan gran cosa en el hombre porque en realidad creen que no les necesitan, y desconocen que les pueda aportar algo.

 Conectar con la vulnerabilidad

Las mujeres con un lado masculino muy desarrollado, se identifican con los valores que defienden que la mujer es igual que el hombre, porque han ejemplificado con sus vidas el sueño de sus antepasadas que lucharon por el derecho al voto, a tener acceso a estudios superiores, a puestos directivos… Entonces…¿ qué pasa en una relación de pareja con tanta energía masculina?, ¿quien aporta la sensibilidad, la entrega, el sacrificio, la empatía? Muchas relaciones se convierten en verdaderas luchas de poder, con discusiones simétricas de a ver quien es el que manda más…

Está claro, que el amor de pareja no es la panacea de la felicidad como nos hicieron creer en los cuentos de hadas, que la dependencia y la sumisión son roles que tienen que morir para siempre. Sin embargo, ponerse a la defensiva y convertirnos en témpanos de hielo, tampoco es una posición que nos permita ser libres, porque igual nos cerramos a experiencias que valdría la pena vivir almenos una vez en la vida.

La mujer necesita recuperar su espacio y conectar con su psicología femenina y sus dones. Necesita conectar con su vulnerabilidad (que no es lo mismo que hacerse la tonta), sino con la necesidad de complementarse con un hombre. Para ello es de vital importancia que haya tenido o encuentre referentes sanos, hombres buenos.

Los referentes negativos

La relación de pareja de los padres y las primeras experiencias de pareja, pueden determinar la construcción mental que hagas de la figura del hombre.

Suele coincidir que este tipo de mujer haya tenido un padre con problemas, que ha desatendido las necesidades emocionales de la familia, por exceso de trabajo, por descuido, por desinterés o por otros problemas como depresión, alcoholismo …y que sus experiencias de pareja hayan repetido ese patrón haciéndoles creer que los hombres son así y o que te hacen sufrir o que no sirven para nada.

Hace poco una amiga me comentaba preocupada que no entendía porque sus relaciones acababan siempre en ruptura y escogía a hombres que no estaban a la altura, ¿es que escojo mal? ¿es que no puedo tener una relación normal? ¿pero yo puedo acceder a un hombre equilibrado?¿pero a caso existe este tipo de hombres? Ella es una persona súper potente, autosuficiente, amiga entregada, madraza, emprendedora…pero no escoge al hombre se deja escoger. El resultado son hombres en proceso de maduración que buscan a alguien más fuerte que ellos para cobijarse en una novia-mamá. Mi mensaje fue decirle que ella debía reencontrarse con su vulnerabilidad, que reconociera dentro de ella la necesidad de complementarse con alguien y que fuera ella la que escogiera: no te dejes escoger, busca al otro, reconoce que necesitas a alguien en el que te puedas apoyar, déjate cuidar y mimar que aunque no lo sepas también lo necesitas…

Confundimos al hombre fuerte con el hombre machista por eso hay mujeres que buscan hombres en construcción que luego les salen rana, ¿Pero existen hombres maravillosos, hombres buenos, que te saben tratar como una mujer?¿que cualidades o capacidades deben tener?  ¿tú que piensas?

Si te interesa el tema la semana que viene , podrás leer la  2nda parte Los hombres buenos

 

 

 

 

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Filofobia: el miedo al amor o a enamorarse

La filofobia es la fobia o el miedo a enamorarse. Los filofóbicos tienden a buscar relaciones complejas, de difícil continuidad o tratan de encontrar los máximos defectos para convencerse que aquella relación no es adecuada.

Me tiro a la piscina, sí , no, nadie sabe como acabará esto, no tienes garantías, ¿ y si no hay agua y me estrello?, uf igual lo mejor es dejarlo todo aquí y así no sufro…

¿pero como, no te gusta? Sí claro, pero tiene cosas raras, todavía no le conozco, no sé si confiar…

Enamorarse requiere valentía, cuando nos decidimos a amar nos exponemos a sufrir. Pero las personas preparadas, apuestan por el amor a pesar de los riesgos colaterales. Hace un tiempo, una amiga me contaba que no encontraba hombres solteros que valieran la pena, que todas sus relaciones se complicaban y acababan mal, al día siguiente, un amigo me contó que apenas habían mujeres solteras que valieran la pena, que todas sus relaciones se complicaban y que también acababan mal. Al final coleccionar relaciones imposibles es un signo de que hay algo dentro de ti que tiene miedo, miedo a crecer, miedo a enamorarse. Cuando estamos preparados encontramos el amor, antes, todo son decepciones.

El proceso de convertirse en pareja

Después del cortejo, de ese vaivén de señales contradictorias donde ahora parece que sí, pero ahora que no, acaba ese desinterés-interés que nos vuelve locos a todos. Ambas partes han jugado al ratón y al gato, hemos ido de duros, de desinteresados, después de misteriosos, de sobrados como si muriéramos de éxito y nos fueran tod@s detrás. En definitiva, hemos hecho ver que el otro era secundario en nuestras vidas , cuando en realidad mirábamos a cada minuto el whats up pendientes de si nos contestaban. Pero después de tanto vacile llega el maravilloso día en que todas las dudas se despejan, los que se gustan se lo reconocen, no se finge más y ahora en las distancias cortas hay que conocerse de verdad.

El inicio de una pareja que se declara como tal, es la parte más dulce del amor, es cuando las cosas empiezan a ir rodadas, se hacen muchos planes juntos, le presentas a tus amigos y a la familia orgulloso de tu elección. Toca conocerse, contarle tus ideas, tus valores, tus proyectos…e interesarse por los del otro. Toca compartir y crear una historia común. Toca ir confeccionando un nosotros, a veces no exento de discusiones, pero que creará una personalidad de pareja con sus virtudes y defectos. Y más adelante, toca proyectar un futuro común con sus objetivos y sueños compartidos.

Una relación sana tiene que tener una buena historia de amor en su inicio, que sea intensa, peliculera, maravillosa. Cuánto más amor hay al principio, más garantía de éxito en el desarrollo de la historia y más resistencia ante las adversidades. Ese cuento de cómo empezamos tiene que contarse juntos, no vale tener dos versiones, tiene que existir una única historia y ha de encantar a las dos partes.Contarse un buen principio es construir los cimientos de la casa que una pareja necesita para que ésta no se desmorone cuando haya que capear temporales.

El síndrome de Peter Pan

Hay quien le tiene tanto miedo al amor que nunca cruza la frontera del cortejo y por lo tanto no se tira jamás a la piscina, no disfruta de la posibilidad de intimar, por el miedo a perder lo que más podría llegar a amar. A veces, porque se ha estrellado antes, o porque carece de referentes positivos, y otras porque todavía no se quiere lo suficiente a sí mismo y cree que el otro tampoco le podrá querer.

Este perfil de personas fue descrito por el psicólogo Dan Kiley como síndrome de Peter Pan. Se trata de una personalidad inmadura, de adultos-niños que se resisten a crecer, por lo que serán incapaces de cuidar, proteger o llevar hacia delante a una relación de pareja. Por ello la mayoría de ellos, sólo tienen relaciones superficiales, sin permanecer durante mucho tiempo en una relación estable, ya que huyen del compromiso.

Después del torbellino del cortejo, cuando las aguas vuelven a su cauce y el otro ya no te persigue, la mayor parte de las personas, celebran que acabe la ambivalencia, pero otro grupo de personas se empiezan a sentir todavía más inseguros. Se sienten abandonados, no entienden de que va el rollo, les descoloca si ya no les llaman veinticinco veces al día, si ya no son siempre la prioridad del otro…y entonces empiezan los celos, la desconfianza o el aburrimiento. Esta monotonía donde ya no hay juego, el que ahora seamos una pareja que se lava los dientes y se arregla delante del otro cuando salimos a cenar, es para algunos sentirse en el abismo. En realidad cuando empieza la vida en pareja hay quien lo interpreta como el final de la historia y salen corriendo porque ya no se sienten confirmados. La mayoría de los Peter Panes no llegan a la fase de la cotidianidad y si alguno logra alcanzarla, empieza a poner trabas hasta que arruina la relación.

 Cuando el cortejo se cronifica

Si hicieras una lista de tu historial amoroso igual podrías encontrar un denominador común de todas tus parejas. No es casualidad que sean de fuera, vivan en la otra punta del mundo, estén casadas o superando el duelo de su recién separación, sean personas que no buscan realmente una relación seria, o se encuentran precontemplando la posibilidad de dejar a su pareja mientras te están conociendo a ti. Son aquellos candidatos que tus amigos descartarían de entrada, es decir, que ya no se fijarían en alguien que se encontrara en cualquiera de estas situaciones. Sin embargo, tu tienes un imán, te atrae lo más difícil y complicado porque en el fondo, aunque no lo sepas, son las relaciones más difíciles de encauzar las que más te interesan.

Estas relaciones se quedan a las puertas de convertirse en una relación de verdad. No es casualidad que siempre tus grandes amores fueran relaciones donde avanzar era un esfuerzo titánico. En tu inconsciente, existe una parte de ti que tiene miedo de continuar hacia adelante, tienes miedo de sentirte vulnerable y de no controlar la situación, por ello encuentras a personas que ya de entrada te lo ponen difícil. Y aquí se genera el bucle neurótico: yo no quiero sufrir en el amor, por lo que me acerco de puntillas a la relación, pero el hecho de no entregarme y de encontrarme con alguien igual de asustad@ que yo, hace que al final sufra el doble porque la indecisión se convierte en la pesadilla de la historia. En conclusión evitar sufrir te hace sufrir más.

Cuando tienes catorce, quince años, la relación de pareja, se basa sobretodo en pre-relaciones, todo el cortejo es en sí mismo la relación. Hay muy pocas relaciones quinceañeras de novios estables, la mayoría está peleándose, que si hoy pasa de mí, que si ahora estuvimos un mes bien pero ahora parece que le guste otr@ , y estas tonterías duran muchísimo, en parte porque nadie está demasiado maduro para ir más allá, son relaciones superficiales.

El problema es cuando alguien de 35 o 40 años está atrapado en este tipo de historias y enlaza una tras otra sin entenderlo como un problema. Entonces el cortejo se cronifica se hace eterno y nunca se pasa a la siguiente fase. Una relación adulta- infantil es una receta de cocina basada en: 2 dl de mentiras , 3 ml de malos entendidos, 5 cucharadas de desconfianza, 3 tazas de incomunicación, 1 pizca de pensaba que después de dos semanas sin llamarme ya te habías olvidado de mí, salpimentado con un fin de semana cada mes y medio de pasión desenfrenada y mucha dosis de citas románticas jugando a que somos una pareja ideal.

 La relación ambivalente

A estas relaciones se le llaman relaciones ambivalentes, relaciones donde sí quiero pero no quiero, donde siempre hay un pero que genera en los miembros de la pareja,  sintomatología de  dependencia emocional, obsesiones y depresión.

Cuando alguien lleva enganchado a una relación ambivalente mucho tiempo, el poder de decisión queda totalmente anulado, uno se queda atrapado esperando a que el otro se acabe de decidir, pero ese momento no llega nunca, al final el bucle va minando la personalidad y desgastando la relación hasta que al final se acaba de forma trágica. Mi respuesta es siempre que las cosas han de ser claras. Cuando alguien te pide tiempo no te está diciendo que sí , cuando alguien te dice que tiene dudas, que no puede proyectar todavía el futuro contigo, que está cerrando su anterior relación, no está preparado para empezar una relación y por mucho que te guste, has de identificar las alarmas para no iniciar una dinámica disfuncional.

Un paciente sentía que cada vez que entre ellos no habían tropiezos ni inconvenientes, por ejemplo, después de un fin de semana romántico, su pareja, se enfriaba, se distanciaba y volvían las dudas . Si esta situación la multiplicamos por un año, al final el desgaste es enorme. Descifrar la dinámica de la relación, entender qué está pasando, cuando vienen los problemas, y por qué la pareja no puede evolucionar es clave para poderse separar bien. Cuando te atreves a romper el bucle, no tienen que quedar fisuras. Las dudas de si hubieras sido o actuado de otra manera, son el síntoma de la inseguridad que genera este tipo de relaciones. Al final una persona no preparada para una relación adulta no lo está independientemente de cómo seas o como actúes. Lo que has de plantearte es la parte de ti que es disfuncional por sentirte atraído por estos perfiles, y llegado el caso de verte atrapado tener las herramientas adecuadas para lograr liberarte.

 El trabajo terapéutico

El trabajo terapéutico es distinto según el lado que se trabaje. Para quien se encuentra en el papel del que espera se le ayudará a tomar conciencia que también está asustado y tiene miedo del amor. Su autoestima está minada de todo lo que ha cedido. Tiene que aprender a poner límites, a decir que no, a enfadarse y a ser egoísta. A exigir lo que necesita en una relación. Y tiene que entender que el otro nunca cambia, ha de aprender a dejar de esperar , dejar de esperar que acabe la tesis, que deje al marido, de soñar con que la empresa funcione, las escusas se han de interpretar como lo que son, escusas.

El trabajo con el Peter Pan se basa en primer lugar en que sean conscientes de su realidad para que dejen de culpar a los demás de su situación. Es un perfil con miedo a intimar porque tampoco se conoce lo suficiente y no saben qué pueden ofrecer ,por lo tanto, hay que fomentar el autoconocimiento y la autoestima. Es básico, ayudarle a asumir las responsabilidades del mundo adulto y enseñarle el idioma de las relaciones adultas: el compromiso, la aceptación, la entrega, la confianza, reconocer y expresar nuestra vulnerabilidad, y aceptar asumir el riesgo de sufrir para poder entregarse a amar plenamente., En definitiva, el trabajo consiste en acompañarlo en su marcha del País de Nunca Jamás camino hacia el País de la Madurez .

 Amar es vivir

Hace poco leía que quien teme a la muerte significa que teme también a la vida, esta expresión la podríamos extrapolar al amor, porque amar es disfrutar de lo mejor que nos puede ofrecer la vida. Así que en lugar de preocuparnos por si vamos a sufrir, por si puede que algún día todo acabe, es mucho más inteligente vivir la experiencia, dejarse llevar, entregarse al otro y disfrutarlo al máximo. Ytú ¿te atreves?

Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta.La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar. “Ya entendí” – dijo la rosa. “No lo entiendas, vívelo”- agregó el principito.  El principito. Antoine de Saint-Exupéry.

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