El monstruo de mamá

madre pludaUna amiga me confesaba en tono avergonzado,  que se había sentido  mala madre, “soy un monstrúo”, me dijo. Para mí , es una madre admirable, que se pasa las tardes con sus cachorros y no se ahoga, que nunca pierde la paciencia, que juega, los escucha, los mima…pero  me decía que estaba cansada, que  había llegado al límite, que no podía cuando desobedecían, cuando tiraban los juguetes por el suelo, cuando hacían alguna rabieta. Un día, un tsunami devastador se apoderó de ella cuando sus niños no querían salir de casa y se hacía tarde, entonces estalló! Empezó a gritarles, a dar portazos y amenazarles con mil castigos que no iba a cumplir pero que en ese momento de furia incontrolada creía que no eran suficientes, y gritaba más y más… Sus niños cogieron las carteras y  hubo un largo silencio hasta llegar a la puerta del colegio, cuando volvió a casa, rompió a llorar. Ella me lo explicaba horrorizada y yo no paraba de reírme imaginando a mi amiga, la buena madre, sacando a su monstrúo, entonces, me miró perpleja insistiéndome que yo no la entendía, porque se sentía la peor de las madres.

Le conté que  en mis charlas para padres después de nacer mis hijos, mi discurso iba dirigido principalmente a  trabajar la culpa y a contener la frustración cuando se nos acaba la paciencia y les tratamos mal sin querer. En una de estas sesiones, insistí tanto en esta idea, que al final los padres asistentes reconocieron haber perdido los nervios y haberse equivocado muchas veces. No  traté de minimizarlo pero sí de normalizar la idea de que somos humanos , no máquinas y que reconocer nuestros errores en la crianza de nuestros hijos, es el camino para  mejorar nuestra función como padres.

Las madres tenemos doble personalidad, como Doctor Jekyll y Mr.Hyde. Por un lado está la buena madre, que en general es la que siempre sonríe, disponible, paciente, amorosa, generosa, entregada a la vida de los hijos, que los disfruta al máximo. La otra mitad, es la madre monstrúo, la que se siente agotada, agobiada, cansada, que pierde los nervios y que no tiene tiempo para nada, ni fuerzas para jugar…y incluso grita y parece una desequilibrada. Normalmente, hay una lucha interior entre las dos madres, tenemos rachas y ciclamos. El problema es cuando negamos a nuestro lado monstrúo, nos sentimos mal porque no llegamos al ideal de madre que queremos ser , nos frustramos y nos culpamos enormemente.

Hace unos años, estuve en un país africano y visité un poblado indígena, ibamos paseando cuando observé que  en cada puerta de cada cabaña, había una mamá en el suelo con su bebé agarrado del pecho y la abuela que  le acompañaba sentada al lado. Alguna tenía a más mujeres sentadas alrededor…vigilando algún otro bebé más grande  que corría cerca. ¡Qué afortunadas son estas madres! pensé . Yo ya tenía dos niños pequeños, por eso,  aquella imagen fue  impactante para mí, porque mi experiencia con ellos era y continuaba siendo muy distinta. Mientras ellas  estaban arropadas, sostenidas por su tribu familiar, nosotras tenemos que ir a la compra, llevar a los niños al cole, trabajar. Allí, en cambio, almenos en esa primera etapa, a la mujer se la respeta y cuida enormemente. Las demás mujeres de la familia, la ayudan para que ella pueda estar exclusivamente dedicada  a cuidar de su bebé.

En la generación anterior, la de nuestras madres, las cosas eran distintas, muchas vivían con las abuelas y la inmnesa mayoría no trabajaba, la nuestra en cambio,  es una generación de superwoman. El tiempo de contención dura los días del hospital y luego al llegar a casa y para el resto de la crianza,  estar solas. No es que ellos no ayuden, pero también trabajan fuera de casa , afortunadamente también van al parque, al pediatra, cambian pañales….no obstante,  las mujeres siguen nutriendo emocionalmente a la familia y llevando el peso de la casa y  de los hijos. Normalmente al mes de tener el bebé, los que te vinieron a ver  se han olvidado de ti y si te llaman te preguntan sólo por la criatura. Por eso, yo intento ir a ver a las amigas en este momento, que es normalmente cuando nos da el bajón, y claro, visto el panorama, no es casualidad. La depresión postparto es como una enajenación que nadie quiere tener, ni reconocer…algunas mujeres se quejan de porque nadie, ni siquiera las amigas,  les avisaron de lo duro que era tener un hijo y  de que sólo nos cuenten la parte buena. Compartir tu vivencia como madre y explicar tus bajones puede ser muy reparador para aquellas madres que lo están pasando mal y se creen que ésto sólo les está pasando a ellas. Una amiga de mi marido que  había tenido gemelos recientemente,  colgaba fotos maravillosas en las redes sociales, así que le comenté lo bien que parecían llevarlo, él con su visón práctica de la vida, me dijo: “no te creas, mi amigo me cuenta que  tienen días de todo, lo que en instagram sólo cuelgan lo bonito”. Claro, al final nos creemos que las demás mamás están siempre felices, están permanentemente enamorados de sus retoños y nunca tienen días malos, así que piensas que sólo existe un monstrúo, y ese mosntrúo eres tú.

A diferencia de los países del norte de Europa, aquí a los cuatro meses de nacer el bebé, la mayoría ya combina la maternidad con la vida profesional.Esto en realidad, es una salvajada pero nosotras nos hemos adaptado tanto al sistema, que ni nos quejamos , lo damos por válido y encima decimos “me daba pena separarme del bebé pero necesitaba recuperar un poco una parcela de mi vida”. Volver a querer tener nuestras rutinas, es muy comprensible, lo fuerte es que recuperar nuestro espacio, debería ser algo qué decidiéramos nosotras de forma  progresiva a medida que vamos manejando nuestra nueva vida y no algo que venga impuesto de políticas patriarcales. A todo esto, las madres pretendemos  llevarlo bien, encajarlo  y  además ser modélicas en todas las facetas. Muchas lo consiguen, aunque se dejen la piel y paguen muchos peajes por el camino, sin ser conscientes de ello.

Cuando tienes una conversación con  otra mamá, pueden haber dos diálogos, “el todo genial”  que es muy aburrido y el discurso auténtico. Así que cuando me encuentro con alguien, empiezo a explicar cualquier contratiempo de la semana, esto es fácil, porque siempre hay alguno. Entonces la conversación da un giro inesperado , al dialogar desde mi monstrúo puedo también acceder al monstrúo de la otra madre. La conversación se llena de complicidad, es mucho más realista, y al despedirme,  me doy cuenta de lo mucho que necesitábamos contarnos, de la herida enorme que tenemos, de lo dura que es ésta sociedad que nos envía un mensaje de que las madres son perfectas y nos lo creemos porque llegamos al punto de ocultar nuestra vulnerabilidad.

Es tan importante aceptar que somos humanas, que tenemos límites y reconocer nuestro lado monstrúo, a veces es difícil mirarse en el espejo, pero el principio para volver a equilibrarse, para vivir la maternidad de forma plena y consciente empieza por  reconocer que a veces llegamos tarde a buscarles, que comen más azúcar del que debieran, que les dejas el móvil para descansar cinco minutos, que ven la tele más tiempo del deseable, que celebras que se hayan dormido rápido…el único camino para sanar nuestras heridas empieza en la sinceridad con nosotras mismas.

Tampoco hemos de negar que ellos nos necesitan, y decirnos que está de más acompañarles con un cuento para dormirse, que el pecho y el biberón son la misma cosa, que no les gusta el parque, que prefieren jugar con los amigos que con nosotros….a veces cuando nos sentimos incapaces de darles, nos autoengañamos. Siempre es mejor decir hago lo que puedo, lo que la logística me permite, lo que mi vida profesional me deja, hago hasta que se me agotan las baterías y reconocer donde no llegamos.Porque esta sociedad no está preparada para darles siempre un tiempo de calidad y en consecuencia los padres tampoco. Si viviéramos en un isla, sin relojes, ni hipotecas que pagar, sin prisas por llegar al trabajo, rodeados de familia y amigos y  playa todo el día, igual seríamos mejores padres, pero aquí tal y como está el patio ya hacemos malabarismos. Por eso todas tenemos derechos, derecho a  tomarnos una tarde para nosostras,  a  fantasear y por fin escaparte un fin de semana con amigas…. Y nadie es criticable, ni la que escoje no dar el pecho, ni la que aplica el  método Estivill, ni la que trabaja mucho, ni la que lleva el niño a los cuatro meses a la guardería, porque no podemos ser perfectas y  cada una tiene su circunstancia y su tope. Hemos de bajar expectativas, y no intentar llegar a todo, porque si nos pasamos de vueltas, la madre monstrúo se come a la buena madre y entonces nos desbordamos que es justo lo que queremos evitar.Por todo ello, también es importante, buscar esos espacios de pareja, de amigos, de risas, de hacer deporte, de realización profesional, de soledad… almenos de  vez en cuando porque necesitas separarte de la crianza,para  poder coger aire y volver  a acercarte a ellos con energías renovadas.

Menos mal que nuestros hijos, son los jueces  de nuestros actos y al final  son mucho más benévolos  que nuestra jueza interior. El conflicto es necesario,  si nos hemos pasado puedes pedirles perdón y ellos aprenderán  a equivocarse. Siempre lo que les das es mucho más de lo que te crees, ellos si conocen tus defectos, aprenderán a empatizar y a ponerse en tu lugar. Seguirán demandando afecto las veinticuatro horas del día, porque es lo que por naturaleza les toca, y tú, por tu lado,  no llegarás a cubrir de amor toda su jornada, pero podrán aprender a ser vulnerables al conocer tu vulnerabilidad.

Mi amiga, la “buena madre”,  es ahora mucho mejor  madre  desde que abrazó su lado monstrúo. Cuando  comprendió  que a pesar de equivocarse…hace lo que puede para superarse cada día,  al final, dio un primer paso del camino hacia una  maternidad más consciente y sana.

Este post se lo dedico a  todas las madres y padres que luchan para educar a sus hijos y darles lo mejor, aunque a veces no lleguen a todo, aunque a veces también se  equivoquen!

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  • Gloria

    Carla! Mil gracias, por expresar lo que realmente toda madre siente en algun momento/s de nuestra vida.ResponderCancelar

    • Hola Gloria muchas gracias por valorar mi disurso, y compartir tu opinión. Un abrazoResponderCancelar

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