Llenarse de una misma

llenarse

La pregunta

En lugar de hacernos la pregunta de si nos sentimos o no felices deberíamos preguntarnos si nos sentimos llenas o por el contrario nos sentimos vacías.

El éxito o el abismo al vacío

Muchas mujeres sienten que han alcanzado el éxito, el éxito profesional, familiar, o los dos objetivos juntos, sin embargo, a pesar de sentir la admiración y el reconocimiento de los demás, les falta algo y no logran descifrar lo que es.

El intento de solución tras esa sensación de no sentirse del todo completas, les lleva a todavía esforzarse más, a hacer mejor de madres, a hacer más en el trabajo, “sé que puedo lograr muchas más cosas, sé que puedo hacer más…” me comentaba una de ellas en una sesión intentando buscar la manera de saciar su infelicidad.

Otras no sienten que hayan logrado ese éxito para el que han sido educadas, o tienen un trabajo estupendo, pero fracasan en la pareja o tienen una relación maravillosa pero no han encontrado un trabajo donde se sientan realizadas. En este caso, el intento de solución se convierte en una obsesión, o destacar al máximo profesionalmente (aunque aquello no me guste) u obsesionarse con la pareja perfecta que cree la rescatará de todos los males y de toda la infelicidad.

Educación basada en los resultados

¿Qué hay detrás de estas mujeres? Una educación basada en el molde de la niña perfecta. Este tipo de niña ideal, sabe cuál es su cometido desde pequeña y lo que se espera de ella. En mis años de estudiante hice de canguro de una niña de diez años que ya sabía qué universidad escoger y el coche que tendría cuando cumpliera los dieciocho. La niña perfecta sabe desde muy pequeña cómo tiene que vestir, qué tiene que estudiar, a qué se va a dedicar, qué tipo de marido tiene que escoger, para agradar. No hay ningún espacio para la libertad: “es una niña que nunca me ha dado problemas” “es una niña súper estudiosa” “es muy buena niña” “nunca me ha dado un disgusto” son las frases de sus orgullosos padres.

El afecto que reciben de ellos, es proporcional a cuánto se asemeje a la niña modélica que ellos diseñaron. Por eso, ellas se esfuerzan tanto y hacen méritos, por ejemplo, consiguen becas de entre miles de aspirantes, marcas deportivas admirables, oposiciones imposibles, un trabajo de ensueño…y el bucle se envenena más y más… Cuánto mayor es el éxito, más alimento reciben los padres que a su vez más les exigirán, aunque como nunca les han dado un disgusto, esta exigencia se basa en el refuerzo positivo y nunca en el castigo o la desaprobación.  El mayor enemigo de una persona que nunca se equivoca es el miedo a cometer un error, la desaprobación de sus padres y la decepción que pudiera provocarles, se convierte en una amenaza que que le conducen a una vida hiperexigente y controladora.

Desconocimiento personal = Esclavas de la perfección

Esclavas de la obligación, del éxito, esclavas del orgullo de sus padres a los que temen defraudar y a los que sienten que no pueden fallarles, por eso viven con terror equivocarse y tomar sus propias decisiones. Y lo peor es que se convierten en esclavas por no conocerse a sí mismas, porque mientras cumples órdenes no tienes espacio para escoger por ti misma y tomar tus propias decisiones o responsabilidades.

El GPS más fácil es cumplir lo que te dicen, lo terrorífico es todo lo que salga de lo formal, el folio en blanco donde tienes que dejarte llevar, escoger lo que te apetece y ser tú misma, se convierte en una carretera peligrosa que desvío cada vez que me encuentro con ella, porque no te conoces de nada y por lo tanto temes encontrarte con esa desconocida que podría hacer cualquier tontería.

Una paciente se encuentra con todos los deberes hechos, la carrera y el proyecto entregado, tres años en los mejores despachos de abogados, un novio recién dejado y una tristeza y agobio enorme. La vida le presenta de nuevo, la carretera peligrosa hacia el centro de sí misma o seguir con una vida vacía. Después de unos años de terapia, le he anunciado que es el momento adecuado (no habrá otro más oportuno), para dejarse llevar. Dejar de cumplir por un tiempo, para viajar al centro de sí misma a través del dolce far niente, un viaje sin máster, sin obligaciones, sin ONG, sin sentido, con el único propósito de pasarlo bien y conocerse. Está aterrorizada, y empiezan las resistencias: ¿como voy a decirle a mis padres que me voy a hacer “nada” ?, ¿como una psicóloga como tú, me recomienda perderme, perder el tiempo y pasar de todo?, es una locura! Una locura muy cuerda, para quien nunca ha podido explorar esa parte de sí misma. Lo va a conseguir, va a dejar de ser perfecta, va a dejar de luchar y a atreverse a divertirse y volverá encontrada y reconciliada con su parte más auténtica.

El primer paso para liberarse=criticar a los padres

Una hija complaciente, jamás ha tenido la libertad de cuestionar o criticar a sus padres. Algunas incluso en terapia, se niegan a hacerlo puesto que lo interpretan como un sacrilegio, como si estuvieran faltando al jefe de su secta. Sus padres han hecho una campaña de prestigio de que son padres modélicos, con grandes valores, grandes trabajos, dignos ejemplares. Ellas solo tienen que imitarles o que seguir las coordenadas que ellos van trazando a medida que crecen.

Por ello, cuestionarlos, el que se abra una mini brecha, donde quepa la posibilidad de que estos padres modélicos se hayan equivocado inconscientemente, con el deseo de hacerlo bien…es el principio de la crítica.

No estamos hablando de malos padres, en realidad el concepto de malos o buenos también es infantil y proviene del mismo tipo de educación, hay que lograr superar la dicotomía. Se trata de padres que posiblemente también crecieron con el mismo patrón y no son conscientes de su propia prisión, por lo tanto, no se trata de buscar unos culpables, sino de entender el origen de mi problema y comprenderlo.

Imitando a los “exitosos”

Cuando creces complaciendo sientes un vacío en tu interior. Ese vacío lo empiezas a llenar como te han enseñado, haciendo lo que la mayoría hace…por eso escogen la misma carrera que las amigas que se sienten seguras, el mismo coche que el vecino que parece feliz, el objetivo es tener la misma vida de los que parecen mejores que tú.

El valor a imitar es el éxito por eso las personas que triunfan se convierten en tu referente. Por ejemplo, a una paciente en crisis matrimonial, le pregunté qué era lo que le había enamorado de su marido, me contestó que era el mejor de su promoción. Nos acercamos a los que tienen éxito, sin plantearnos si quien está detrás nos gusta de verdad. Confundimos a alguien de éxito, con alguien feliz. Pero si el éxito está construido para buscar la aprobación, no es un éxito auténtico, puesto que el talento nace del placer y solo los mejores disfrutan haciendo lo que hacen.

Las personas felices, rigen su vida en la confluencia entre la responsabilidad y el placer. Toman decisiones arriesgándose a equivocarse, se atreven a caerse y cuando se levantan de nuevo son más libres que cuando se cayeron. No llenan todo su tiempo con obligaciones, sino que también buscan actividades que les llenen, aunque no sirvan para nada y si se sienten en crisis no buscan un chupete emocional para huir de sí mismos, sino que se rompen para reconstruirse de nuevo. Por lo tanto, no es la vida que tienen, no es su pareja, ni su casa, ni su trabajo, ni su coche lo que hace que se sientan bien, es lo que son y la libertad de ser auténticos.

Huir  de uno mismo con el exceso de actividad o llenarse con las pequeñas maravillas de la vida

Hace un tiempo, en el círculo de mujeres, pedí que cada una trajera una definición de felicidad. La primera voluntaria leyó lo que parecía un día en un parque de atracciones: viajar, salir, comprar, cenar fuera, ropa, caprichos, vacaciones…La segunda, habló de una puesta de sol, un abrazo, una mirada, un proyecto. No hizo falta decir nada.

El vacío se puede llenar con un trabajo que me absorba todo mi tiempo, con consumismo compulsivo, viajando en forma de huida para evitar el aburrimiento que es una puerta hacia uno mismo, con un novio que me dé sentido e identidad, con un cuerpo perfecto que me dé sensación de control en mi vida, o con las copas del fin de semana, o educando de forma rígida a los hijos como hicieron conmigo…

Puedes vivir con este parche solución muchos años…chupetes emocionales, les llamo. Pero llega el día, si tu parte sana se pronuncia, que ya no puedes más, que no quieres vivir engañado… que quieres recuperar aquella niña libre de seis años que corría y saltaba, que era salvaje y que aún estaba por codificar.

Cuando entras en crisis, cuando ya no puedes más, estás más cerca que nunca de tu parte sana, la depresión, la ansiedad te están avisando que te cargues el sistema y que lo formatees de nuevo. Pero, ¿cómo se hace? Puedes hacerlo en forma de psicoterapia, en forma de viaje interior, meditación, llorar, grupos terapéuticos, para enfrentarte a tus demonios. Hablar con una misma es atreverse a mirarse al espejo, de esta forma, desarrollas la conciencia y creces.

Dejar de huir con miles de actividades, es la manera.  Hay sesiones en las que cuento las veces que la persona asocia el estar bien con la cantidad de actividades que ha hecho, por contraste, en la sesión que te explica que ha estado sin planes, te la encuentras decaída y triste. Es la prueba de que a veces huimos de la crisis a través de la actividad, y nos sentimos “distraídos” que no es lo mismo que estar bien.

Como decía Facundo Cabral “no confundas a la actividad con la vida; ahí está el sol, exactamente ahí para que lo veas, ahí está el árbol hace muchos años para que te des cuenta que es una maravilla”

Llenarse para crear

Las mujeres necesitamos llenarnos para conocernos y sentir nuestra completud. Nuestra naturaleza, nos brinda la oportunidad de ser madres, llenamos nuestros úteros de vida, gestamos y parimos un ser humano y es una energía creativa que empodera nuestro sentido en el mundo.  Sin embargo, no podemos estar todo el tiempo en la tierra maternando hijos humanos, pero sí podemos crear otro tipo de hijos. Nuestros proyectos, el sentido que le damos a nuestra vida, hacer crecer una idea: sembrarla, gestarla y parirla, nos alinea con nuestra naturaleza cíclica y creativa.

Por eso necesitamos periodos de descanso: de  vaciarnos, de parar, de no hacer, de no pensar, de dejarnos llevar y dejarnos cuidar, nutrirnos para cargar pilas y de nuevo gestar una idea, salir a la superficie y volver a crear.

Desde cualquier arte, la música, la artesanía, el dibujo, la escritura, desde el amor de dar, enseñar, compartir,educar, cocinar, desde el placer del baile, el sexo, la risa, el descanso o desde cualquier sentimiento que venga de dentro, podremos llenarnos, crear y ser libres.

 

 

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