Encerrada en una jaula de oro

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¡Todo era tan bonito al principio! alguien poderoso se había fijado en ti, y te llevaba en bandeja, te cuidaba y protegía… no entiendes lo que os ha pasado, y te preguntas una y otra vez, porque tu príncipe azul se ha convertido en rana. Era el más guapo, el más popular, el jefe que todas comentabais lo atractivo que era y la lástima que estuviera felizmente casado, el profesor que te animaba cuando querías abandonar la carrera, aquel señor tan elegante y encantador que te daba las gracias cuando le servías el café…Y ahora te sientes encerrada en una jaula de oro.  Una jaula porque no tienes libertad, no puedes pensar por ti misma, y de oro porque aparentemente todo es maravilloso y funcionáis como una pareja modélica. Poco a poco, empiezas a despertarte de tu fantasía, cada día que pasa te falta más el aire y si sigues así, sabes que mueres en vida, el problema es que no sabes como escapar.

Todo empezó cuando él te confiesa que no ha tenido suerte en el amor, que en realidad nunca lo han querido, que sus amigos le han fallado, que su mujer le hace la vida imposible, o que tuvo una infancia dura y sin afecto. Te emocionas, sabes que le puedes hacer feliz, que contigo ha encontrado la horma de su zapato porque lo vas a cuidar y a tratar como a un rey. Te sientes atraída por su magnetismo, su éxito, su carisma, su vulnerabilidad, halagada por la confianza que ha depositado en ti contándote su intimidad, te enamoras de la película que te vende, de que eres única, especial, la mejor! Parece mentira que esta historia te esté pasando a ti y no a otra, es como si fueras la protagonista de una comedia romántica, una mezcla entre Pretty Woman, la Sirenita y Dirty Dancing.

Cuando ya eres suya, las cosas empiezan a cambiar…Poco a poco, descubres a una persona rencorosa, envidiosa, recelosa, insegura. La relación es su refugio donde se lame las heridas del exterior, su discurso es que los demás son una amenaza y tu eres la única que le comprendes, pero en realidad es porque no te atreves a decirle lo que realmente piensas. Un día llegas a casa emocionada diciéndole que has encontrado el trabajo de tu vida, aunque eso significará sacrificar tiempo juntos o has encontrado un curso que mejorará tu perfil profesional, o simplemente le dices que tienes una cena con las amigas del colegio y que te hace tanta ilusión reencontrarte con ellas. Pero entonces, de repente, tu hombre encantador, se convierte en un ogro despiadado y cruel. Te humilla y denigra, habla por ti diciéndote que todo eso no lo necesitas, que es malo , se muestra áspero, severo, y reacio a que te tomes esa libertad sin haberle consultado. Te vende la película, de que sois uno y que todas las decisiones tienen que considerarse juntos, además si él te lo da todo, intenta convencerte de que nada te va a satisfacer tanto como su compañía, que te aburrirás y decepcionarás. Al final decides que es mejor quedarse en casa, y no verle las orejas al lobo manteniendo una armonía tan falsa que te dan ganas de vomitar.

Te crees que la gente de tu alrededor piensa que vuestra vida es perfecta ,aunque cuando rompes, muchos te acaban confesando que no entendían como podías aguantar todo aquello. Cuando te imaginas dejándole, das un paso atrás. No quieres disgustar a tu familia, ni a tus amigos pero sobretodo no quieres hacerle daño a él. ¿Cómo vas a romper un amor tan fuerte, único y especial? La culpa te mataría, así que prefieres dejarlo todo tal y como está. Te autoconvences de que no siempre todo es tan malo y que a veces tenéis buenos momentos. Piensas, que igual algún día cambia, cuando madure, cuando solucione sus problemas familiares, cuando encuentre un buen trabajo… pero los años pasan y tu sigues ahí, infeliz y encerrada.

Un día, te armas de valor intentado expresar tus necesidades no cubiertas, intentas plantearle pedir ayuda externa… su respuesta es negativa, en realidad, él no le ve problemas a la relación, tú tienes todos los deberes y él todos los derechos, así que se enfada y zanja el tema con una cena romántica que para ti es un tanatorio.

Cada vez que te hiere, que te quita la libertad, tú  inconscientemente lo castigas sin sexo, siempre te duele la cabeza y estás cansada, pero si se enfada, acabas accediendo sintiendo todo menos placer, incluso a veces se te han caído las lágrimas, sobretodo cuando notas que él ni se da cuenta de que no estás haciendo el amor porque en realidad estás lejos, ausente y perdida.

Te preguntas si te está maltratando, si se parece a los hombres del telediario que asesinan a sus mujeres y te enorgulleces de él, diciéndote que es diferente porque nunca te pondría la mano encima. Y te sientes afortunada, pasando por alto que aunque no te pega, te menosprecia, te ignora, te manda, te grita, te humilla, te controla, te reclama atención constante, te trata como una esclava, nunca te agradece nada de lo que haces, aunque vivas por él y tu vida sea su vida. Su círculo es mucho más importante que el tuyo, sus amigos, su familia, su deporte, su tiempo es sagrado, el tuyo no vale nada…y para usarlo le has de pedir permiso. Sin darte cuenta dejas de ver a tus amigas, la relación con tu madre se enfría porque se ponía celoso y es mejor no hacerle enfadar. Poco a poco dejas de lado tu anterior vida, te distancias de tu entorno, dejas de ser tú misma para convertirte en una apéndice de él. De repente, eres su secretaria, su mánager, su enfermera, su consejera, su madre, su psicóloga, su gueisha, depende de lo que necesite en cada momento, porque no importa quien eres, importa lo que le ofreces.

De hecho has perdido mucho contacto con tus amigos, y crees que ahora si te separaras, te encontrarías muy sola y sin fuerzas. No haces nada que no sea juntos, lo que haces sola es un complemento, pero el centro de tu vida es él. Hay una parte de ti, que idealiza lo vuestro, nadie tiene tanta compenetración como vosotros, nadie tiene una pareja que le llame tantas veces al día y que le deje tantos whats ups con mensaje amorosos y románticos. Aunque al final, muchas veces te canses de las llamaditas sin sentido y te sientas controlada y asfixiada de tanta dulzura.

Pero siempre llega un momento de click, un momento de lucidez y empiezas a plantearte que igual la felicidad está fuera de la jaula de oro, aunque estés sola, aunque vivas con menos comodidades, aunque a priori creas que no te valdrás por ti misma. Sabes que es ahora o nunca y que es tu oportunidad para escapar. El click aparece, quizás en el momento que encuentras un grupo de amigas y ves que tu no puedes salir con ellas por estar con tu pareja. Entonces te percatas de que sus caras no son de envidia sino de rechazo hacia vuestro modo de llevar la relación y sientes por primera vez que lo tuyo no es sano. Otro click, puede ocurrirte, cuando notas que tu amante-jefe está tonteando con otra compañera de trabajo. O el click aparece cuando otro hombre te trata distinto, te considera, te valora…o ves a tu amiga con su marido que son un equipo, que discuten las cosas, porque es una relación con dos voces. Otro clásico click es cuando te da el anillo y empiezas a proyectar tu futuro con tu príncipe a largo plazo y solo pensarlo te sientes triste y asustada. Y el click más revelador, cuando aparece el tercero en discordia, los hijos. Y sorprendentemente aunque sean sangre de su sangre, se muestra celoso, demanda tu atención constante y no es cariñoso con ellos puesto que los percibe como un obstáculo entre vosotros.

Las mujeres pueden aguantar mucho, y ese es parte del problema, que no defienden su espacio, sus necesidades y sus derechos, pero cuando llega un demasiado, la gota que colma el vaso, la parte sana despierta a la parte disfuncional, y la mujer empieza a maquinar la huida. Al final, recuperar la propia voz, tu autoestima, volver a creer en una misma… no es fácil, pero salir de la jaula es el primer paso para volver a conquistar tu libertad.

Este post está inspirado en historias reales de pacientes que he podido acompañar en su viaje de huida y se lo dedico a todas ellas, a las valientes, que un día fueron sinceras con ellas mismas, lograron pedir ayuda y recomponer sus vidas.

 

Los pájaros nacidos en jaula, creen que volar es una enfermedad. Alejandro Jodorwsky.

 

 

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  • Pájaro liberado

    Me siento identificada en tantas cosas de este post, la dependencia la aprendemos en hogares donde no ha habido un reconocimiento, no ha habido amor y el primero que nos insinúa algo parecido al amor nos tiramos como locas en sus brazos. Es la historia del amor mal entendido, donde sólo hay una voz y el otro no cuenta. Yo tardé 22 años y 1 hijo en darme cuenta, pero finalmente tuve fuerzas y lo hice, el click del hijo que menciona el post. Revelador. Yo ya estoy libre de mi jaula.Gracias CarlaResponderCancelar

    • Gracias Pájaro Liberado (me gusta mucho tu nickname) por compartir tu experiencia, tienes toda la razón, los patrones disfuncionales se gestan mucho antes de encontrar a la pareja. Con tu testimonio puedes ayudar a otras personas que siguen en la jaula, porque les demuestras que se puede cambiar y finalmente romper con la relación. Se necesista ser valiente, y tu lo hicistes. Un abrazoResponderCancelar

  • Cristina Borràs

    Me suena bastante ésta historia… Tu dedicas este post a las que consiguieron (conseguimos) aceptar la realidad, pero creo que lo justo sería hacerte a ti un monumento por ser la pieza fundamental para conseguirlo. Nunca sabré como agradecértelo! Mientras tanto iré bocetando ideas para el monumento jeje…ResponderCancelar

    • Gracias Cristina por el piropo!!! en el momento en que un paciente cree en su terapeuta, es mucho más fácil ayudar. No fallastes a ninguna sesión, siempre hicistes los deberes y confiastes siempre en mí, esto es el secreto de que el cambio fuera posible.Hubieron lágrimas, pero también risas y te has convertido en alguien enorme. Un abrazo!ResponderCancelar

  • Marta Ortiz

    Precioso artículo Carla. Lo leo y me siento muy reflejada.  Qué claras se ven las cosas cuando he logrado comprender tantas cosas de mi que no sabía.  Tú me has ayudado cuando estaba perdida,  desorientada y totalmente desconectada de mi misma. Ahora he conseguido recuperarme, cada día un poco más y estoy muy contenta y orgullosa de mi misma,  de ver que puedo. Recuerdo que me decías y yo no me lo creía que llegaría a disfrutar con ello y ahora te doy la razón.  Tú y mi querido libro de Robin Norwood significais un antes y un después. Muchas gracias. Un abrazoResponderCancelar

    • Marta desde el primer momento en que te conocí supe que podrías salir de la jaula aunque tu a priori no lo creyeras (y lo discutiéramos mucho). Irradias bondad y amor: dos poderosos tesoros, que los depredadores buscan deseperadamente. El problema a veces es tener unos dones y no saberlo, la fuerza se escapa hacia fuera y tu te quedas vacía y agotada. Ahora construyes con ese amor, eres la dueña de tu vida, y nuestra terapia se encuentra en la última fase, cuando ya vienes de vez en cuando y me explicas todos tus avances… estás a punto de levantar el vuelo, y ya no hay miedos!Gracias por tus palabras. Un abrazo.ResponderCancelar

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