Aburrida de ser princesa

burla-princesa

Recuerdo que  era carnaval y subimos del patio a la clase, íbamos disfrazados y apensas quedaba un rato para volver a casa. Estaba en primera fila porque hablaba demasiado…(eso me decían que era malo, y me lo creí, aunque ahora ya no lo piense) así que cuando llamaron a la puerta, lo escuché todo. La señorita de tercero, levantó una cinta de tul rosa y preguntó en voz alta:¿Alguna de las niñas de la clase, ha perdido esto en el jardín?

Ninguna contestó…insistió una vez más. Nadie habló. Entonces ella, hablándose para sí misma pero en voz alta, dijo: “no, esto no es de esta clase, debe ser de las de segundo, ellas son mucho más princesas” e indicó al niño que fuera a preguntar allí.

Aquella frase me quedó enorme y se abrió una brecha, me quedé con una pregunta  flotando en mí cabeza que empezó a adentrarme en un mundo desconocido…

Lo primero que pensé fue si lo que decía la señorita, sería bueno o malo porque cuando se tiene ocho años todo lo clasificas bajo estos dos opuestos. A mí ella me infundía mucho respeto, me daba casi hasta miedo. Su tono, su mirada, eran una mezcla entre la amargura y el sarcasmo. Por eso, aunque yo aún no había conocido a alguien como ella, ni entendía el significado de la ironía, aprendí por supervivencia a leer su tono. Me di cuenta de que lo que decía con mala leche, era todo lo contrario a lo que en realidad pensaba y eso era mala señal porque muchas veces indicaba enfado, crítica o desaprobación.

Las de segundo son más princesas….mi cabeza repetía dentro de mí. De repente las recordé, era cierto,  jugaban en el patio con sus disfraces rosas, sus coronas, sus tacones, el pelo al viento y reverenciándose sin parar. La verdad es que parecían muy felices.Y por el contrario, no visualizaba a mis amigas, no lograba imaginar a qué dedicábamos el tiempo libre las de tercero. No supe contestarme: ¿si las de segundo son princesas, nosotras qué somos???

Esa frase de la Srta. Sarcasmo fue lo mejor del curso, un regalo que no fui consciente de recibir y que me llevé en forma de una gran pregunta. Mientras explicaba en la pizarra cómo dividir, de la manera menos interesante del mundo (también el sistema educativo tenía su parte de culpa), yo la observaba a ella, de hecho, me pasé todo el curso analizándola. Quería entender esa ironía desde donde interpretaba a la vida, a   través de sus gafas de pasta marrón que era lo único que teníamos en común, ella y yo.   Y todo, para poder entender…. ¿Por que las de segundo eran más princesas? y traducir si eso era mejor o peor para nosotras, las de tercero.

Creo que a la siguiente navidad pedí a Papá Noel que me trajera un disfraz de princesa. En casa, no debieron entender nada, porque nunca había querido uno antes y me trajeron un vestido rosa chicle espantoso que me puse intentando ponerle ilusión. Además, lo combiné con sombra de ojos verde a lo 80´s versión Madonna. Viéndolo con perspectiva, creo que tenía un lío importante de referentes femeninos. La cuestión es que el vestido tuvo poco éxito y apenas lo utilicé , no me lo sentí nada mío. Tengo una foto donde lo llevo puesto, aparezco con cara de impostora, voy de feliz, pero parece que esté pensando: no me pega nada este vestido. Con el tiempo, llevé otros disfraces de campesina, vaquera, pitufa y tuve una concesión : un disfraz de hada madrina de túnica azul y barita con la estrella glitter pero muy espartana sin confetis ni cintas colgantes. Nunca más me puse un vestido de princesa…hasta el día de mi boda, veinte años más tarde.

Supongo que durante todo ese tiempo de mis 8 a mis 28…fue un periodo de incubación,  donde seguí recibiendo inputs de la felicidad relacionados con el arquetipo princesa. Al fin y al cabo, que iba a hacer yo, si veía a chicas de segundo por todas partes, hablando de si el vestido, las flores…y que el mejor día de su vida, iba a ser sin lugar a dudas, el día de su boda. La verdad es que podía hacerlo, tenía un novio que me hacía feliz y amigos para compartir esa felicidad servida en pack. No digo que no fuera un momento especial, pero siempre digo que mi historia de amor, que la tengo, contiene capítulos igual o más bonitos antes y después de nuestra boda. Esta reflexión, mí verdad, incomoda un poco a un buen amigo, se lo noto, por ejemplo,cuando ve el álbum de las fotos de la boda tirado de cualquier manera o le digo que todavía nos falta editar el vídeo. Entonces, nos mira con cara de incredulidad y un poco asustado,como si no le diéramos el valor que merece a ese día. Yo no tengo ni idea de cual ha sido el día más feliz de mi vida, tengo por suerte muchos buenos momentos, me parece deprimente e infantil, pensar que el mejor día de tu vida fue el día de tu boda.  Además según los años que hayan pasado, porque el tiempo siempre corre hacia adelante, la felicidad te quedará cada vez más y más  lejos. Pero a mí me provoca curiosidad notar a mi amigo incómodo. Hace poco volvió a salir el tema, estábamos un domingo entre amigos que casualmente coincidió con nuestro aniversario. Nuestro aniversario, pero no -el -de -la- boda, recalqué mirando a mi amigo, ya que me refería al aniversario del día en que mi novio ahora marido  y yo empezamos a salir. Y seguí por inercia al ver su cara: es más, creo que ese día fue seguramente el día más feliz de nuestra relación. Como sólo a los buenos amigos les permites, dejé que me criticara (porque de la crítica constructiva siempre aprendes)y que se burlara de mi comentario.Así que después de aguantar un rato metiéndose conmigo, le pregunté lo que me hubiera gustado que me preguntara la Srta. Sarcasmo, ¿porque crees que las de segundo son mejores que tú? Y le dije, y tú, Amigo, ¿porque crees que el día de tu boda fue el mejor día de tu vida…? se quedó callado y no contestó. Lo cierto es que le entendí…yo he estado treinta años intentando responder a la primera pregunta. Cuando me pidieron matrimonio , me volví loca de felicidad, recuerdo que llamé a mi padre a contarle, (él diseña vestidos de novia y conoce muy bien el mundo femenino), le comenté mi sorpresa por mi gran entusiasmo, al fin y al cabo, ya habíamos firmado una hipoteca, así que sabía que teníamos ilusión por construir un futuro juntos y que él me quería. Mi padre me contestó: mira os lo han metido en la cabeza desde que sois pequeñitas, en los cuentos de princesas, en las pelis de Disney… lo de ser una princesa, casaros con el príncipe azul , que os lo pidan de rodillas. Y sentenció: entonces están las que se mueren de ganas ( como las de segundo, pensé yo) y que lloran de alegría, las que ni fu ni fa y que lloran de alegría y las que dicen que nunca se casarán y que cuando les dan el anillo, también lloran de alegría!. Pues sí, le di la razón, estaba programada, educada para sentirme así, tenemos unas creencias tan, tan incorporadas que ni siquiera nos planteamos el porque de las cosas. Así que fui una novia feliz que me dejé llevar por el cuento que siempre me habían contado, y que con el tiempo ha quedado en un bonito recuerdo.

Ojo y que nadie se confunda, que soy fiel defensora de las bodas, del ritual que significa que empieza una nueva etapa y finaliza otra, porque como todos los rituales ayudan a ubicarte y a ubicar a los demás. También sé, que sería mejor novia hoy que el día de mi boda….porque entiendo más profundamente lo que significa ese compromiso, igual que he disfrutado mucho más de mi maternidad con el paso del tiempo. Pero soy detractora de casarse por el capricho o por tener ese – día princesa-, por ahí ya no paso. De hecho, en mis redes sociales sigo a una conocida que ha publicado diariamente todos los preparativos de su boda durante más de un año, y cuando piensas en eliminarla de tus contactos, por fin se casa, para el descanso de quienes la conocen. Pensé que después de tres semanas publicando sin parar las fotos de su boda, acabaría por fin con el bombardeo, pero no, ha seguido publicándolas compulsivamente y me preocupa. Cada vez que comparte una imagen más me pregunto que hará cuando se le acaben todas… y cómo se sentirá el día de después.

Pero, al final, y como buena hija de mi generación, siempre hay una contradicción, entre lo que realmente soy y lo que me han vendido que soy. Por eso, no descarto, en honor a mi madre, a mi abuela, a mi bisabuela y a todas las mujeres que me precedieron, que también les hicieron creer en princesas, editar, por fin, en nuestro décimo aniversario, el vídeo de la boda. Mi padre ya lo sabe, aunque yo aún no imagine hasta qué punto recordar mi boda me hará muchísima ilusión. Y claro, mi amigo será de los primeros en recibir ese recuerdo (bueno, un resumen porque hacer tragar a tus amigos toda la película, es de mal gusto). Creó que en el asunto del email le pondré  una frase bonita que todavía he de pensar pero que insinúe algo así como “para los que siguen soñado en los cuentos de hadas”.

Yo en cambio, ya no soy de esas, he intentado con todas mis fuerzas, creerme el cuento, pero no he sabido, no pude. Me ha costado reconocerlo, me ha costado mucho entender que no me gusta ser una princesa. Me ha costado entender que las pequeñas muertes, en forma de crisis, defectos, rupturas y decepciones existen en todas las relaciones y me ha aliviado el saber que eso es lo auténtico, y que no puedes encontrar luz sin sombra. No soy feliz siendo una princesa, ni me hace feliz jugar a príncipes, así que creo que empiezo a estar orgullosa de no llevar corona. Y menos me gustan los hombres que te tratan como princesas… cuidado con esos!!!

Y hoy, nueve años y pico después de vestirme de princesa por segunda vez, he podido completar esta frase: las de segundo son más princesas y las de tercero no quieren serlo… porque no se han creído del todo que ser mujer es agradar y complacer al hombre, ni que lo necesitan para ser felices y al amor no le llaman tener un príncipe azul, ni necesitan una boda de cuento de hadas (basta con un ritual cristiano o pagano donde le den sentido a su amor…) Son completas en sí mismas pero cuando son sabias saben que necesitan a un hombre, que no un príncipe, no para completarlas sino para complementarlas (que no tiene nada que ver), no para toda la vida, sino hasta que dure el amor, no siendo felices y comiendo perdices, sino muriendo y renaciendo juntos y a la vez separados.

Yo no soy una princesa, ni falta que me hace. No soy perfecta, y por eso no busco a un hombre perfecto. También me equivoco y no pretendo gustar a todo el mundo o almenos es lo que intento. Y hago reverencias solo a quien lo merece y espero que me las hagan a mí solo cuando realmente lo merezca.

Acompaño a otras niñas y mujeres a despertar y a  rebelarse. A través de mi trabajo, he descubierto que todas las mujeres, lleven o no el vestido de princesa, sean de tercero o sean de segundo, poseen en su alma a una diosa que es mucho más grande que ser una princesa. Sólo tienen que aprender a desnudarse y quitarse la corona, sólo tienen que atreverse a ser auténticas y a defender lo que sienten. A pesar de que si escoges este camino, estarás más sola, incomodes a los demás y seas un poco diferente. Vale la pena ser valiente y desnudarse.

Y cierro con una sabia, que lo cura todo, Clarissa Pinkola y sus palabras medicina: Si has intentado encajar en algún molde y no lo has conseguido, probablemente has tenido suerte. Es posible que seas una exiliada, pero has protegido tu alma. Jamás es un error buscar lo que una necesita. Jamás.

 

 

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  • Gloria

    Como siempre.., excelente publicación. Me encanta!ResponderCancelar

  • Susana

    Fantástico post!! Yo también estoy cansada del cuento de princesas !!! Mujeres perfectas, bodas ideales y vidas programadas. Mi madre nunca fue una princesa e intentó que ninguna de sus 4 hijas lo fuera. Siempre pensé que se equivocaba, y con el paso del tiempo veo que ha conseguido que seamos 4 mujeres fuertes que muchas veces no se ajustan a los cánones establecidos. Ahora soy madre de una princesaResponderCancelar

    • Gracias Susana, no importa si te sientes atraída por el arquetipo princesa o por otro distinto. El tema está en que ningún referente femenino te encasille, te encorsete y te atrape quitándote libertad y no dejando encontrar a tu verdadera esencia. Si las niñas se disfrazan ahora de Elsas que sea porque les apetezca y no porque lo hacen todas…hay que crear más cuentos de no princesas, más modelos de mujeres para que puedas elegir la que más va con tu forma de ser.
      beso grande para ti y tu princess!ResponderCancelar

  • Anouschka

    Caaaaaaarla. Has dado en el mega claaaaavo con este post y esta sección la voy a imprimir y enmarcar, no solo para recordarla sino para que mi hijo me pregunte sobre ella. Para que se convierta entema de conversación con cada persona que entre en mi casa. Medan ganas de pinerme de pue, como en los conciertos, y gritar “¡BRAAAAAVO!”

    “porque no se han creído del todo que ser mujer es agradar y complacer al hombre, ni que lo necesitan para ser felices y al amor no le llaman tener un príncipe azul, ni necesitan una boda de cuento de hadas (basta con un ritual cristiano o pagano donde le den sentido a su amor…) Son completas en sí mismas pero cuando son sabias saben que necesitan a un hombre, que no un príncipe, no para completarlas sino para complementarlas (que no tiene nada que ver), no para toda la vida, sino hasta que dure el amor, no siendo felices y comiendo perdices, sino muriendo y renaciendo juntos y a la vez separados.”ResponderCancelar

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