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decir adios

Decir adiós, decir que no, distanciarse, caerse, exiliarse, cambiar, morir, cerrar una etapa, desenamorarse, discutir, romper con alguien, huir, olvidar, poner límites, ignorar, centrarse en uno mismo, perder,  estar solo, acabar, alejarse, marcharse, desconfiar, enfadarse,  olvidar, crecer…..

La vida y el amor conviven con la dolorosa pero necesaria energía de la separación .

Nacer: la primera experiencia de separación

La primera separación que experimentamos en la vida es al nacer, cuando dejamos de vivir en ese hogar calentito y seguro que es el vientre materno.

El primer aliento, es la primera experiencia de separación que vivimos, cuando hemos de respirar por primera vez por nosotros mismos y ya no dependemos del oxígeno que nos proporcionaba el cuerpo de nuestra madre.

Debe de ser duro nacer, por eso la mayoría lloramos, porque las separaciones, al principio duelen, nos producen sufrimiento, desorientación y miedo. Evidentemente la separación no es abrupta entre la madre y el  hijo sino que ésta, será progresiva y tendrá idas y venidas, hasta que el niño se valga por sí mismo y se convierta en un adulto autónomo.

Los padres: los grandes maestros

Recoger y soltar, será el ejercicio que todo padre y madre ejercerán desde el principio en relación a sus hijos. Ahora me acerco y doy amor con mi apoyo, ahora me alejo y doy amor dejando que tu solo puedas cosechar éxitos y resolver dificultades. Al mismo tiempo, el hijo aprenderá los mismos movimientos, ahora te necesito y aprendo de ti, ahora te cuestiono para poder alejarme y explorar el mundo. Todo un arte aparentemente sencillo pero cuando este movimiento no fluye, se originan todas nuestras neurosis.

Evidentemente para saber separarte y convertirte en un adulto, antes te han tenido que querer. Nadie sabe dar afecto si antes no lo ha recibido, nadie se atreve separarse y caminar solo por la vida si no cree en uno mismo. La medida perfecta se encontraría entre el amor que no ahoga y el amor que te empuja a que te valgas por ti mismo, pero esa medida es muy difícil de encontrar, no existe la medida perfecta en una relación, aunque haya que intentar acercarse.

Cicatrizar la herida de la infancia

Todos en la vida adulta, en mayor o menor medida, tendemos a buscar que nos quieran, porque todos estamos heridos por la separación, el rechazo y el tú no juegas. En nuestro recorrido vital habremos vivido experiencias primarias de desamor porque son inevitables a la condición de existir. En la infancia, vives tantas experiencias de amor como de desamor. En función de como hayas manejado a lo largo de tu vida las sucesivas separaciones y como te hayan enseñado a separarte, tendrás un estilo más adaptativo o menos. Una experiencia de separación es cuando estabas enfermo y querías que te mimaran más, cuando te dijeron que no, cuando tus padres salían y te dejaban en casa con los abuelos, cuando no te comprendieron, cuando no te escucharon lo suficiente, cuando no se dieron cuenta que estabas mal, cuando te castigaron, cuando no apreciaron tus verdaderas cualidades, cuando desconocían lo que necesitabas, cuando no te dejaron ir, … todos de alguna manera, no hemos recibido todo el amor que hubiéramos deseado. Crecemos con una herida de que nos hubiera gustado que nos quisieran de otra manera, siempre es así. Superar ese complejo ,aceptar que no existe el padre/madre ideal, perdonar a tus padres y comprender que te quisieron como mejor supieron, se llama madurar.

A lo largo de la vida, irás despidiéndote de  muchas personas y experiencias. La suma de todas ellas te proporciona un estilo de afrontamiento frente a  la separación, pero se puede modificar si éste no te deja avanzar.  ¿ Te has fijado en que aspecto tienes más dificultad: en dejar o en ser dejado?Analiza tu historia vital con una línea y marca todas aquellas separaciones que recuerdes (pérdidas, separaciones de padres o familiares cercanos, despedidas, cambios de casa, cambios de escuela, hospitalizaciones, castigos o broncas, rechazo en la escuela, decepciones, rupturas de amistad ,de pareja…)Las  experiencias de separación traumáticas pueden condicionar las relaciones en la vida adulta. Una ruptura mal digerida de un primer amor puede condicionar las relaciones de pareja  futuras. A veces en psicoterapia, tratas la ruptura de un paciente con su pareja y te das cuenta que se siente peor por la penúltima experiencia  que por la última relación. Si sientes que tienes situaciones de separación no resueltas y no puedes cerrar el pasado, trabajarlo en una psicoterapia puede ser de mucha utilidad, para crear un buen abono de tus relaciones futuras.

Los hijos no son tuyos

Los padres también tienen que ser lo suficientemente maduros para entender que un hijo no es una propiedad, es hijo de la naturaleza, es alguien que no te pertenece y que acabará teniendo su propia vida. Hay padres que viven la vida de sus hijos, que sus éxitos o fracasos se los hacen suyos y que diseñan un ideal de hijo a la carta, que tratan de modelar y hacer a su imagen o semejanza, o mucho peor, que intentan que logre todos los sueños que ellos no pudieron cumplir. Un ejemplo serían los casos de los padres con niños deportistas de élite o niños de 10 que viven presionados desde casa para que sean perfectos.

Estos padres no tiene una vida propia que les satisfaga y desde el control de sus vástagos, viven sus éxitos como si fueran propios. Esta dificultad de separase hace que el niño no tenga el espacio suficiente para desarrollar su individualidad. Se convierten en un apéndice de su familia porque no entienden donde acaban sus padres y donde empiezan ellos.

 

El proceso de diferenciarse: de niño a adulto

Desde que nace un niño hay que saber despedirse de este, desde que camina, habla por sí mismo, te lleva la contraria, se enfada contigo, te cuestiona y acaba creando sus propios valores en su propia familia. El proceso de autonomía de un niño precisa de que se le de el espacio necesario para que pueda diferenciarse de sus padres. Hay pacientes que de niños nunca pudieron llevar la contraria a sus padres. La música alta, un tatuaje, un desplante, un portazo o un me largo…son necesarios. Sin conflictos no pueden haber cambios, si no hay confrontación de opiniones en una familia , el niño no podrá crecer. Por lo tanto, si tu hijo no es rebelde y está en la adolescencia, pregúntate si tiene suficiente espacio para cuestionarte. Tengo una paciente que expresó el sano impulso de rebeldía en silencio y disimulando, empezó premeditadamente a rebelarse haciendo mala letra y sacando malas notas, porque no había espacio para más. Si tu hijo pequeño te llama tonta, tu tarea educativa no es castigarle y reprimir su enfado sino enseñarle a que está bien no estar de acuerdo contigo pero que lo debe expresar sin insultos explicando los motivos de su discrepancia. De lo contrario , si le reprimimos, construiremos niños que temen el conflicto, a la confrontación, que no son críticos. Una casa donde no hay comunicación, donde no se puede ser libre y hablar desde la verdad, desde lo que realmente se piensa, es como una dictadura que reprime la voluntad.  Sin conflicto, se interrumpe tu desarrollo, impidiendo construir un criterio propio, anulando de esta forma tu capacidad crítica.

Consecuencias de la sobreprotección y la parentalidad autoritaria

Tanto los padres sobreprotectores, como también lo estrictos que son los dos extremos en la línea de la parentalidad, no permiten que un niño se separe y crezca rumbo al desconocido mundo del adulto.

El sobreprotector le transmite que el mundo exterior a la familia es una amenaza que está lleno de peligros y que como en casa, no va a encontrar un sitio más seguro y cómodo, ni siquiera con una pareja.

El hiperestricto monitoriza la vida del hijo adulto enviando señales de cómo tiene que vestir, qué tiene que estudiar, donde aplicar trabajo, qué tipo de pareja escoger…haciendo que este no sepa realmente cuales son sus verdaderos intereses y transmitiendo que si escojen por sí mismos pueden cometer el gravísimo error de equivocarse, así que lo mejor es seguir los sabios consejos de los padres.

En ambos casos hay una restricción de la experiencia, vivo en una zona controlada sin peligro, no me equivoco si nunca piso una zona desconocida, por lo que si no hay retos tampoco podré tener éxitos y saber que puedo superar la adversidad.

Hay una frase de Jonas Salk que dice. ” Los buenos padres, les dan a sus hijos raíces y alas.Las raíces para que sepa donde está su casa, las alas para que vuelen lejos y pongan en práctica lo que se les ha enseñado”

La inseguridad de no creer en uno mismo, la culpa por alejarme y diferenciarme de mis padres como si fuera malo, la falta de autonomía, la baja autoestima, son síntomas de las personas que se les ha vetado el impulso de crecer y alejarse de sus progenitores. Ellos se convierten en niños asustados con piel de adulto, que no son Peter Panes por elección sino como resultado.

Enseñar a despedirse

Para dejar crecer y ayudar a tu hijo a convertirse en un adulto autónomo hay que enseñarle a partir, a exiliarse de ti, a vivir con naturalidad el dolor de separarse y enseñarle a aceptar que separarse forma parte de la vida…Los lobos enseñan a sus cachorros a cazar y a sobrevivir en el bosque para que llegado el momento puedan aprender a valerse por sí mismos.

La vida tiene muertes, es un constante viaje de despedidas. Hoy mismo una paciente lloraba asustada porque su vida iba demasiado bien. “Ahora que tengo el marido ideal y el trabajo perfecto me angustia que se muera o me despidan”, hasta el punto que lleva dos meses con nauseas y vómitos. No poder parar su mundo ahora y congelarlo en ese instante de máxima felicidad y la conciencia de que el presente no dura para siempre le provoca ansiedad. Ella tendrá que aprender a fluir, aprender a disfrutar de la felicidad caduca en lugar de sufrir porque un día se vaya a acabar, a abrazar el presente y fluir sin anticipar el cambio o el final de esta etapa.

El problema es que vivimos en un mundo demasiado seguro, certero y controlado, que no tiene muertes ni pérdidas o que si ocurren las interpretamos como la apocalipsis, en parte porque pocas veces pasan cosas inesperadas… pero pueden pasar y nuestra cultura nos transmite que es una experiencia insuperable. Nos educan para tener pero no para perder, nos ponen anuncios de gente feliz de vacaciones permanentes, de personas que lo tienen todo… y nos hacen creer que eso es posible, pero los anuncios duran 5 segundos y la vida real es más larga y las cosas cambian. En realidad, es bueno que así sea porque sino, no podríamos valorar los buenos momentos.

Aceptar el dolor

Cuando vivimos una separación ya sea en forma de muerte, pérdida, ruptura, final, o cambio, debemos fluir, no resistirnos y aceptarlo. El intento de control, de resistencia, de reprimir el dolor nos pone enfermos física y psicológicamente. En cambio, si dejo que mi cuerpo y mi mente se convulsionen ante la pérdida, podré tras el doloroso golpe asimilar la experiencia. A medida que lloro y expreso ese dolor lo hago consciente y puedo aceptarlo. Las pastillas para anestesiarme en una pérdida, son contraproducentes ,  para superar el dolor no hay que anestesiarlo, hay que afrontarlo.

Recientemente vi una película en el cine, Brooklyn, que recomiendo, porque es la historia de una jovencita que se exilia de la Irlanda pobre a la Nueva York emergente y refleja en su historia la complejidad  de la separación. La película es un continuo ejercicio de despedidas  que te ayudan a aceptar que están allí y que forman parte del ciclo de la vida. Es realmente una película muy terapéutica, yo lloré por todas las separaciones de mi vida conscientes e inconscientes. A través de las rupturas que viven los protagonistas, puedes aprender a fluir en la experiencia de las despedidas, con dolor pero sin resistencia. Dejar ir es un arte y toda una muestra de amor con mayúsculas.

Dejar espacio en la relación de pareja

Al igual que ocurre en la gesta de educar a un hijo ayudándole a crecer, favoreciendo la autonomía dando espacio.  En una relación de pareja la realización individual de cada miembro de la relación tiene que tener cabida a pesar de la fusión con el otro.Es necesario ser maduro para poder establecer una relación de pareja sana. Eso significa que estás preparado para dar y recibir y al mismo tiempo para irte y dejar marchar.Significa que cada miembro de una relación tiene que dominar tanto la capacidad de amar y acercarse como la capacidad de alejarse y estar solo, tanto la capacidad de recibir amor como la de dejar marchar. Quienes no dominen estas cuatro energías difícilmente podrán llevar a cabo con éxito una relación. Una paciente estaba muy enfadada porque su novio le había dejado, es un “cabrón” repetía enfadada. Si algo no permito en mis sesiones es a que alguien se quede enquilosado en un papel de víctima, ¿es un cabrón porque te ha dejado? ¿Y si no era feliz? Me dijo que nunca me abandonaría… Detrás de un mal duelo, que se cronifica en el tiempo, existe una falta de autonomía previa a la relación de pareja.

La verdad aunque a veces sea dolorosa es lo único que permite avanzar. Cuando un paciente me pregunta como dejar a su novia sin que sufra, le contesto que eso no es posible. Probablemente ese paciente no lleve bien decir que no, se hace demasiado responsable de la felicidad del otro y le cuesta alejarse, poner límites y ser asertivo con los demás. Para superarlo, deberá aprender a ser egoísta, a conectar con sus derechos y a empatizar con sus propias necesidades. No hace falta ser un talibán, pero al final romper implica soltar la cuerda, y entender que cada uno tendrá que digerir su dolor solo.

Vacunarse del virus: miedo a la soledad

La baja tolerancia a la frustración nos hace ser débiles, y la mala prensa que tiene la soledad nos hace tragar muchos sapos y aguantar situaciones insostenibles. Una obra de teatro con un título muy sugerente; Infeliz pero casada, lo dice todo. Las mujeres tienen que vacunarse del virus que aprenden desde niñas que es mejor estar mal acompañadas que solas. Separarse a veces, es la mejor opción y uno no tiene que creer que el mundo  se acaba. Para que la vida vuelva a brotar hay que aprender a cortar las malas hierbas, amar el ciclo de la naturaleza, y entender que separarse y cambiar, es a veces un trámite necesario para seguir evolucionando y volver a empezar.