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La casa es el lugar donde conectamos con nuestro mundo interior, es donde reside nuestra esencia y nuestra relación con ella refleja nuestro estado de ánimo. Cuando nos encontramos bien con nosotros mismos nos gusta estar en casa. Cuando no queremos encontrarnos, no nos interesa pensarnos… estamos poco en casa.

Dime como vives y te diré lo que te pasa

Muchos de los problemas que la persona no es capaz de identificar se expresan mediante un conflicto con la casa, así que no es extraño que en terapia, el tema de la casa sea un tema recurrente.

Por ejemplo, una paciente estaba atravesando un duelo complicado por la ruptura con su novio tras nueve años de relación. Había pasado de vivir en la casa de su infancia a vivir en la casa de su novio. Toda su vida se había acoplado al modo de vida de él, los amigos, los suegros, el barrio, el universo de su novio era su hogar. Al romper la relación, se había quedado sin ese mundo, totalmente vacía y perdida, había alquilado un pequeño apartamento en tierra de nadie, en medio de la ciudad, ya no pertenecía ni a su madre (una mujer controladora que hablaba por ella), ni al mundo de su novio (dicho sea de paso, un ególatra con muy poca empatía e interés por los demás, que también hablaba por ella). Era una huérfana, con una voz de niña perdida, se había mudado a un barrio sin nombre y a una casa vacía . Con razón, me contaba que aquella casa no la sentía suya, que aquel barrio y estar en su piso se le hacía extraño. Ella era una extranjera dentro de su propia casa y no sabía como llenarla, en realidad, lo que no sabía era lo que quería hacer con su vida. A medida que en las sesiones pudo descubrir quien era, pudo encontrar por fin su propio hogar.

Otro paciente al que le cuesta dar pasos en sus relaciones de pareja, me comentaba que su novia se acababa de mudar a su piso, ella se sentía molesta porque se encontraba objetos de su novio con una relación anterior y se sentía insegura ante el paso que había dado. Él le aseguraba que aquella historia estaba acabada sin embargo me explicaba que los celos de ella le estaban generando dudas. También me comentaba que su casa estaba muy llena y que le costaba desprenderse de pertenencias para hacerle espacio a su chica y a sus cosas. Esta dificultad práctica esconde una dificultad emocional de dar a la relación mayor compromiso y entrega.

La casa: fuente de seguridad

En nuestra infancia, para luego en la vida adulta sentirnos seguros debemos haber vivido la experiencia de un hogar cálido. En una casa con calor, uno aprende sentirse querido y atendido, a sentirse escuchado, respetado, y a que te hagan sitio, tengas un nombre, una identidad y un espacio para ti. Por eso las personas, identifican la casa de su infancia con aquel lugar donde vuelven a cargar pilas y conectan de nuevo con su esencia. Un hogar puede ser una habitación, un paisaje, la casa de la niñez , un lugar donde fuimos inmensamente felices, un recuerdo, …..

En algunos países africanos, es tradición enterrar el cordón umbilical del bebé debajo de un árbol, que se convertirá en su punto de referencia cuando éste sea adulto. Por eso muchos expatriados regresan al hogar de su infancia, a su acacia o a su baobab, para volver a inspirarse.

Identificar un lugar donde puedes recuperar espacio, volver a ser tu mismo, donde te encuentras con tu esencia y te cargas de nuevo de buena energía, sirve, para poder recuperar la autoestima, los valores de aquellas cosas por las que vale la pena vivir, sobretodo en una vida en la que no solemos estar conectados con nuestro interior. Podemos viajar físicamente hasta allí, que sin duda, puede ser lo más reparador, pero cuando no es posible, podemos regresar desde la imaginación.

Mi lugar de reparación, son unas rocas frente al mar, conozco la forma que tienen y las podría dibujar si supiera. Allí jugaba de pequeña, unas rocas con forma de nave espacial, cuando lo necesito, me visualizo subida en el gran asiento y conduciendo frente al mar. Ese lugar se encuentra donde pasábamos los veranos en familia y lo asocio con una época de mi infancia donde fui inmensamente feliz. Me impresionan estas rocas que siguen iguales, impasibles al paso del tiempo, aunque mi vida haya recorrido muchos capítulos, la nave sigue dentro del mismo paisaje, y con ello, me llevo la sensación de lo que realmente importa nunca cambia.

Se dice que cuando sueñas con la casa de tu infancia, la emoción que surge es la nostalgia, pero no es la nostalgia por tus padres o tus abuelos o por la casa en sí, sino por esa niña o niño que fuiste, que sabía donde buscar refugio. Normalmente soñamos con ello, cuando nos sentimos vulnerables y el inconsciente nos lleva allí para recordarnos que aunque todo afuera se derrumbe, por dentro seguimos intactos.

Identificar cual es tu sitio, donde te sentiste libre, donde fuiste más feliz puede ser muy útil para en momentos de descarga poder reencontrarte contigo mismo. Has pensado ¿cuál es tu lugar?

El calor del hogar

Un hogar cálido lo construyen las personas que viven dentro, un niño no aprecia si la casa es más grande o más lujosa, si es pequeña o es sencilla, las personas que habitan esa casa, como cuiden del hogar y de los que habiten en ella, son lo que hará que ese hogar sea acogedor, frío, amoroso, triste o alegre, rico o pobre…

Muchas personas sienten estar en casa cuando se encuentran en un país desfavorecido, viviendo con lo mínimo y rodeados de pobreza. Personas que vienen de una vida cómoda y aparentemente con todas las necesidades cubiertas, que sin embargo, se sienten felices y en casa cuando se encuentran con su verdadera familia que puede no coincidir con la familia en la que han nacido.

Una pareja joven con dos niños pequeños decidieron dejarlo todo por hacer un viaje por todo el mundo en familia durante dos años. Antes de tomar la decisión se pusieron en contacto con una psicóloga infantil que les aconsejó no hacerlo argumentando que los niños necesitaban un punto de referencia, el hogar y que un cambio así podría desestabilizarles. Por suerte, ellos siguieron a su intuición, emprendiendo el viaje de sus vidas. Dormían acurrucados unos con los otros en una cama, compartían su plato para comer, jugaban con lo que la naturaleza les brindaba y estaban disponibles para sus hijos las veinticuatro horas del día. Durante casi dos años, fueron todo para sus hijos, sus profesores, sus compañeros de juego, de viaje…, todo un lujo para los tiempos que corren. La paredes de su hogar fueron ellos y el resultado fue una familia más unida, más cercana y una experiencia inolvidable.

Una paciente me comentaba que en su infancia había cambiado 18 veces de casa, explicaba que su madre era muy nómada, probablemente porque se estaba buscando. En su casa no existían las rutinas, ni las normas, tampoco el cariño ni alguien siempre disponible. El afecto, y la atención por un lado, y los límites por el otro, son los cimientos necesarios para construir un hogar seguro. En este caso, ella tuvo que aprender a cuidarse de sí misma, a buscar sus propias referencias, desarrollando una personalidad perfeccionista y autoexigente con unas paredes indestructibles, donde la estabilidad se convierte en una necesidad , el cambio en su enemigo y equivocarse en la peor de las pesadillas.

El síndrome del patito feo. En busca del hogar verdadero

Entonces, ¿qué ocurre cuando eres un extranjero en tu propia casa?. Cuando la casa es insegura y no te proporciona el calor de un hogar, lo mejor es iniciar una peregrinación. Autoexpatriarse no es cómodo, irse del hogar, física o emocionalmente es muy doloroso, pero a veces es la única salida si queremos sobrevivir.

Todos debemos encontrar nuestro fuego, el afecto de la familia. Aquel lugar donde no se nos juzga, donde se nos quiere por como somos, con nuestras virtudes y defectos, al completo. Donde se nos acepta independientemente de nuestros resultados o de nuestra utilidad.

A veces tenemos la suerte que nuestra familia de origen ya nos proporciona este calor, entonces ya estamos cargados de luz para toda la vida. Pero si no es así deberemos iniciar un peregrinaje en busca de una familia que nos acepta y nos quiera. Cuando nos sentimos distintos al resto de la manada, sentimos rechazo directa o indirectamente por parte de los miembros de la familia. Al principio, la persona siente que igual se lo merece y que no es aceptada porque es distinta. Pero siempre hay alguien externo que le demuestra que esas diferencias no son negativas, simplemente no encajan en la cultura en la que ha nacido.

El Patito Feo es un expatriado que tras luchar por encajar en una familia que no le acepta, decide marcharse a buscar un hogar que le acoja. Tras muchos sufrimientos, casi muere de frío por el camino, encuentra a los que son como él y el patito se convierte en un cisne.Cuando alguien encuentra a su verdadera familia, el cisne, lo bonito de su ser, sale a la superficie y se expresa. Curiosamente, suele coincidir que aquello que la familia de origen no apreciaba es donde se esconde el verdadero talento de esa persona.

Tu familia adoptiva puede ser un grupo de amigos, un profesor, una pareja o la familia que tu construyas, un lugar donde te sientas aceptado y puedas encontrar ese calor para que tu persona adquiera la seguridad necesaria y puedas querer y que te quieran como mereces.

Cuando la casa se me cae encima

Muchas personas no quieren y evitan encontrarse en el hogar, que significa que huyen de sí mismos. La manera de huir es mediante la hiperactividad de nuestra sociedad. Mediante el trabajo, el ocio y la vida social pongo toda mi energía en el exterior para no tener ni tiempo de mirarme en el espejo. Eso nos lleva a sentirnos empachados pero insatisfechos porque en realidad no paramos pero vamos sin dirección.

El mundo en el que vivimos nos roba nuestra esencia. Vamos siempre con prisas, centrados en conseguir metas que muchas veces cuando nos paramos a pensar carecen de un sentido profundo.

Una paciente llegó a terapia derivada de su médico de cabecera, llevaba dos crisis de pánico, estaba en un estado de nervios y de vulnerabilidad tremendo. Cuando no paramos a tiempo, nuestro cuerpo llega a un demasiado y nos para en seco con síntomas ansioso-depresivos. La paciente hacía el trabajo de cuatro profesionales, estaba siempre disponible, nunca tenía un no, trabajaba incluso los fines de semana. Sus frases estrella eran : no me cuesta nada, no me importa, no te preocupes y tranquilo no pasa nada ya me encargo yo. Estaba tan entregada a su trabajo que ni siquiera tenía tiempo de atender a su relación de pareja que estaba en crisis desde hacía tiempo pero ni siquiera su mente había podido percibirlo, aunque su cuerpo ya le estaba enviando señales.

Parar y saber descansar es necesario para hablarse a sí mismo y poder atender tus propias necesidades. Vivimos en una sociedad donde leemos el descanso, la lentitud , el quedarse en casa y el no hacer nada como algo improductivo, pero nos equivocamos del todo. El hogar, debe funcionar como un cargador de batería donde volvemos a reubicarnos y a decidir lo que se borra porque ya no nos conviene y plantearnos nuevos comienzos.

Una vez tuve un paciente hipersatisfecho, había logrado todo lo que realmente nos dicen que debe realizarnos. El perfeccionismo y la ambición llevado al extremo también son formas de huir de casa y en consecuencia de huir de uno mismo. Con solo 35 años me dijo que se sentía acabado, marchito, vacío, creía que había alcanzado todas las metas que habían en la vida. Fue el primero de su promoción en encontrar trabajo, había alcanzado un puesto de súper directivo antes de los 30, había formado una familia a la que no tenía tiempo de ver pero a la que no le faltaba ningún lujo…. Y su pregunta en terapia era, y ahora que….? No se había dado cuenta de que su vida estaba enfocada a tener, pero realmente cuando se preguntaba para qué vivía, no sabía que contestar, no le encontraba ningún sentido, ni sabía hacia donde mirar en el futuro. Afortunadamente había una parte sana dentro de sí mismo que le ayudó a caer en una crisis existencial, sino hubiera seguido insatisfecho y coleccionando posesiones hasta el final de sus días.

Enfocarse en el tener es huir de nosotros mismos. Las personas llenan sus vidas de objetivos que a largo plazo no producen ninguna satisfacción. Cuando no sabemos autorealizarnos nos satisface conseguir bienes para buscar el reconocimiento del vecino.

Pensar, aprender, conocer, tener inquietudes, intereses, disfrutar de las pequeñas cosas no parece atractivo a las personas que huyen de sí mismas. Para ellas, pararse es una pérdida de tiempo. Por eso, son personas a las que les cuesta disfrutar de la soledad y estar en casa porque no saben llenarse a sí mismas leyendo, viendo pelis, cocinándose para uno mismo o cuidándose, descansando…por eso buscan la actividad de forma compulsiva.

Alimentarse de energía contemplativa, observar a los bebés cómo descubren y aprenden desde un sentido de la curiosidad intacto, a la gente mayor cómo disfruta con las pequeñas cosas de la vida, de cuidar de las plantas, de disfrutar de los nietos… de un día de sol, nos pueden dar una idea de lo que significa el calor del hogar interior.

Cuidar la casa: Hestia

Mi amiga llega radiante, ante mi piropo me dice que ahora me cuenta… ¿le habrán aumentado el sueldo?, ¿se habrá montado un fin de semana de pareja sin niños?, ¿se habrá reconciliado con su suegra?…. No, algo mucho más sencillo pero que nos llena de estabilidad, sin perder su sonrisa, pide un cortado y me confiesa: por fin he encontrado tiempo y he ordenado los armarios!.

Cuando cuidamos nuestro hogar, conectamos con nuestro centro espiritual, ese centro interior de quietud se asocia con el sentido de plenitud. Cuidar la casa en la que vivimos, y también nuestro cuerpo, que es nuestra carcasa espiritual, nos reconforta, nos da un sentido de orden y bienestar.

Hestia , es el arquetipo que representa la diosa del hogar. Era simbolizada por la llama ardiendo en casas y en los templos, ciudades y campos.
Una persona que disfruta de su casa, sabe estar bien dentro de sí mismo, por lo que no teme a la soledad, no tiene un apego enfermizo a los demás, ni a los resultados, ni a los bienes materiales, ni al prestigio, ni al poder. Shinoda Bolen.
Para cultivar esta actitud, se requiere practicar la calma en soledad y hacer las cosas de manera contemplativa. Disfrutar de las tareas más sencillas; haciendo una cosa cada vez. Llenar la casa de sabiduría, aprender y disfrutar aprendiendo. El aprender, a diferencia del tener, no tiene fin. Contemplar la naturaleza y disfrutar de cada uno de sus ciclos. Limpiando, tirando lo que ya no nos sirve, cocinando y ordenando, no solo a nivel práctico sino también a nivel simbólico. Puesto que en la sencillez es donde nos encontramos con nuestra verdadera esencia.

 

 

 

 

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Niños sin tiempo, ni libertad

Mis hijos han descubierto ahora las pelis de nuestra infancia (Los Goonies, La Historia Interminable, E.T…) y es inevitable que viéndolas treinta años más tarde, compares tu niñez con la de ellos y se despierten recuerdos que te invitan a reflexionar. Después de una sesión doble de pelis ochenteras, me invadió un sentimiento de nostalgia…sobretodo viendo mis escenas favoritas, cuando los protagonistas salen con todos los amigos en bici, escapando de los “malos” y viviendo mil aventuras. Qué sensación tan mágica la de cuando éramos niños y te ibas por ahí con tus amigos diciendo aquello de “me voy a dar una vuelta…ya volveré…”. Los niños de ahora tienen muchas menos oportunidades de ser libres. Nos hemos convertido en padres helicóptero, volamos a una distancia muy baja y lo monitorizamos todo. Ni se sale a jugar a la calle, ni te vas en bici solo, ni hay tiempo para aburrirse, ni para encontrarse con uno mismo…

El niño que llevamos dentro no se ha de morir nunca en un adulto, el problema es que ahora nuestro niño interior muere demasiado pronto, a veces incluso en la misma infancia. Es muy triste pero hay niños de siete años que solo les motivan los juegos de pantalla y han perdido el interés por el juego real y espontáneo.El estar parado y contemplar, el ser curioso y tener ilusión por descubrir, el inventarse juegos y montarse la película, el no hacer nada… ¿queda algún niño que tenga el espacio para pensar en las musarañas? es más difícil que nunca…

La baja tolerancia al aburrimiento

El último día de vacaciones de verano, decidimos quedarnos por la tarde en la playa, estaba vacía, solo había un hombre preparando las cañas para pescar y nosotros. Tampoco podíamos alargar demasiado porque al día siguiente empezaban las clases… pero los niños estaban encantados hablando con el pescador mientras esperaban si picaba….y decidimos darles su tiempo. Viéndoles tan contentos con algo tan sencillo, tuve ganas de parar el reloj, de no volver a la ciudad, de darles lo que necesita realmente un niño y pasar de las prisas para siempre…Dejamos pocos espacios para que hagan, siempre programados, sufrimos si se aburren, si no tienen plan, en parte porque los sobreestimulamos y en consecuencia, tienen muy baja tolerancia a la inactividad. Por eso, ante el aburrimiento que no hemos enseñado a gestionar , les blindamos de extraescolares y parques de atracciones convirtiendo su pequeño mundo en una montaña rusa de actividad. Cuando eras niño y decías me aburro , no te daban un móvil o una Tablet para que dejaras de dar la lata…así que acababas inventando algo… Pero ahora si en un restaurante los mayores miramos el whats up hasta que llegue el primer plato, es lógico que ellos que lo imitan todo, exijan distraerse igual.

Este domingo sin tiempos, ni prisas, previo al comienzo de las clases, me sirvió como jornada de reflexión para plantearme varios retos a conseguir en el nuevo curso escolar. Son tres y aquí los comparto:

Los 3 retos para el nuevo curso escolar

. 1er reto

Dejarles hacer…y darles más autonomía

Hace unos años leí una entrevista de una mujer neoyorkina que había llevado la iniciativa de promover que los niños en la ciudad volvieran solos a casa en autobús. Explicaba que los padres actuales ven peligros por todos lados y se habían vuelto tan protectores que restringían exageradamente la libertad de sus hijos. Creo que la manía de los gobiernos y los medios de comunicación por aumentar la paranoia de que vivimos en un mundo peligroso, tampoco ayuda. Pero lo cierto es que un niño necesita explorar y alejarse de los padres para lograr autonomía y para impulsarles a ello, debemos transmitirles que el mundo es seguro. Cuando un niño capta que confían en él y que salir a manejarse con el exterior es bueno, tiene la oportunidad de comprobar que se puede valer por él mismo y no solo mejora en autoestima sino que aprende a hacerse responsable.

En los planes de vacaciones de muchas familias cada vez se oye más aquello del recurso del camping o de la casa rural con varios argumentos: el de que mientras descansas unos monitores les distraen, no paran y se lo pasan bomba, o el de que no sufres porque no pueden alejarse mucho ya que están en un espacio acotado y supervisado. Está claro que el no descansar ni un segundo durante el eterno periodo vacacional de los niños (ya casi no se veranea con los abuelos) te hace recurrir a vacaciones con relevos…Pero yo abogo por buscar un destino tranquilo, un pueblecito sin coches rollo Verano Azul donde hagan cuatro amigos y puedan entrar y salir con sus bicis para que experimenten esa sensación de libertad (por cierto se aceptan sugerencias si alguien conoce el lugar idílico…).

Pero mientras llega el próximo verano, podemos enseñar a cocinar, (con fuego!), dejar que se duchen solos, dejar que sean ellos con su sentido de orientación que intenten dirigirte a los sitios conocidos , dejarles ir a comprar el pan o hacer algún recado cerca de casa, dejar que hagan… solos, sí SOLOS lo que vayan reclamando hacer sin ayuda… En realidad se trata de dejar de decirles que NO de forma automática, o el clásico: “eres demasiado pequeño” porque nos paraliza el miedo a que puedan hacerse daño y limitamos su impulso por crecer.

. 2ndo Reto

Reconciliarse con el descanso y el tiempo libre

Enseñar a parar. Os suena eso de: “y este fin de semana que plan haremos…? “Quedarse en casa y que cada uno decida por sí mismo como ocupará su tiempo es un buen ejercicio para adquirir autoconocimiento. En tres generaciones, hemos pasado de no hacer demasiado caso a los niños a convertirnos en animadores del fin de semana. Tengo una amiga que cuando ya no puede más coge a toda su familia y lanza la campaña: hoy día libre!…y consiste en que cada uno escoja hacer lo que le gusta. Parece que temamos el descanso o el espacio no estructurado, incluso los adultos buscamos todo el tiempo estar distraídos y hacer planes. Como reto este año me planteo practicar el día libre de mi amiga y disfrutar de las pequeñas cosas con ellos, un paseo con el simple objetivo de disfrutarlo, cocinar, escuchar música, ver una peli o descansar en silencio pensando en las musarañas y dejar que ellos escojan solos que hacer con su tiempo sin organizarles demasiado la vida. Con todo ello fomentaremos la creatividad, la conciencia con uno mismo y la conexión con el placer. Julio Basulto nutricionista autor del libro Se me hace bola (muy recomendable ), explica que para evitar peleas y obsesiones por un alimento tóxico lo mejor es no comprarlo. En la misma línea de pensamiento, creo que si los niños son pequeños y no tienen acceso fácil a los juegos virtuales es mucho más sencillo que surja el juego espontáneo. Entonces, que tu hijo disfrute del juego espontáneo, se puede convertir a largo plazo en un factor protector para evitar adicciones futuras a los juegos de pantalla. Hay un viral que corre ahora por Facebook sobre dibujos de niños que están conectados a la tecnología y niños sin acceso a ésta. La imagen habla por sí sola, la diferencia es abismal, mientras que unos dibujos están llenos de detalles, colores y son super creativos, los de los niños expuestos, son monigotes básicos, simples y poco imaginativos.

Las actividades muy estructuradas y regladas como son las extraescolares son también en exceso una interferencia en el desarrollo del juego espontáneo porque se reduce considerablemente el tiempo libre. Está claro que cada edad requiere unas necesidades concretas, pero cuando son pequeños, un niño tiene que tener tiempo para el juego…Los niños con todas las tardes ocupadas, no juegan en toda la semana. Para el desarrollo emocional de una persona, es importante encontrarse con uno mismo, si siempre está ocupado y distraído,no tendrá la oportunidad de saber quien es y le producirá mucha inseguridad.

. 3er reto

Menos es más

En general es una generación de demasiados. Demasiados canales, demasiadas chuches, demasiados cumpleaños, demasiados regalos, demasiados planes, demasiada actividad, demasiada información…tanto exceso genera niños tiranos, egocéntricos insatisfechos y desorientados. Creo que la crisis ha hecho que recortemos en cosas para los adultos pero los niños tienen casi todo o mucho más. Tenemos la teoría clara de los límites: decir que no, inculcar buenas conductas, hábitos …sin embargo, poner límites también significa no consentirles y no empacharles de excesos. Por ejemplo, llega el cumpleaños, tu quieres celebrarlo pero no hacerles una boda y el tema se va de madre, el regalo de los abuelos, amigos, padrinos, tíos… la fiesta del cole, la fiesta familiar…. Los atiborramos y no lo podemos evitar, igual porque la culpa de estar poco con ellos nos ablanda o porque el consumismo nos empuja. No nos damos cuenta de que ellos con menos son más felices. La abundancia les estresa y les genera inseguridad porque muchas veces no saben qué elegir y necesitan un tope. En este mundo de demasiados, el reto o objetivo es enseñarles a quedarse con la esencia, a sentirse satisfechos valorando lo que ya tienen, a enseñarles a esperar, a que no todo lo que quieren es urgente y tiene que ser inmediato, a valorar los abrazos y los gestos de reconocimiento igual o más que los regalos materiales y para ello es bueno tomar conciencia e inculcarles un poco más de austeridad, menos extras y menos de comprarles algo porque sí (aunque sea de los chinos ellos no conocen el valor de las cosas).

 El cambio empieza en los padres

Estos son mis 3 retos de esta temporada, parece sencillo pero ya os contaré, no es un cambio dirigido solo a ellos, el cambio empieza en nosotros, los padres, ya que somos el modelo a seguir….Si te ven parar, pararán, si te ven disfrutar del no hacer, disfrutarán, si te ven contento sin necesitar más , no necesitarán…Os animo a que probéis también, estoy convencida de que por pequeño que nos parezca el gesto, el resultado a largo plazo será grande. Feliz curso!

 

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Cuando llegamos a casa, nos desajustamos la corbata, nos quitamos los tacones, la americana y nos relajamos, dejamos los códigos sociales de lado , desconectamos del mundanal ruido y nos liberamos, siendo más que en ningún otro contexto, nosotros mismos.

Muchas veces tras una reunión con la escuela, los padres se quedan alucinados de la descripción de su hijo, el niño que en casa desobedece y cuesta hacer que recoja sus juguetes es un niño responsable, educado y obediente en clase. Esta incoherencia es una señal de buena salud mental. Un niño capaz de cumplir con las normas indica que tiene buena capacidad de adaptación , es capaz de diferenciar un contexto más informal, el familiar, de un contexto más formal, el colegio. Para que un niño pueda captar las normas de la escuela y cumplirlas, es imprescindible que en casa haya recibido un mínimo de normas. Un niño sano no se comporta de la misma forma en el cole que en casa, igual que nosotros no somos iguales en una reunión de trabajo que en una comida con amigos. El niño que en casa se muestra relajado, es porque se siente lo suficientemente seguro para romper con los convencionalismos externos. Es un síntoma de que está cómodo y libre, porque se siente querido y ha captado que le quieren por como es y no por lo que hace.

Por el contrario un niño modélico en casa, ejemplar, que nunca eleva la voz, que nunca se enfada, ni desobedece, ni reta a los padres, es un niño que probablemente no tenga confianza con ellos y les tenga miedo. No hay que confundir el miedo con el respeto, ni la educación con la severidad.

Esta semana en la prensa han entrevistado a Jari Lavonen el decano de Educación de la universidad de Helsinki, allí, en Finlandia los alumnos empiezan la escuela a los 7 años y comentaba al respecto que un niño de 4 años tiene que jugar, no ser educado de una forma reglada y pesada. También esta semana Salmurri un psicólogo clínico experto en salud emocional comentaba en La contra de La Vanguardia, que hay que enseñar a pensar en lugar de enseñar a obedecer. Es por eso que en casa hemos de brindar a los niños un ambiente informal, distendido donde hayan normas pero sobretodo haya mucho amor. Hasta los siete años el niño tiene pocos recursos para canalizar las emociones, muchas veces necesitan comportarse como más bebés para compensar las ocho horas de educación reglada que han recibido en una jornada escolar , por ejemplo, pueden cambiarse solos en el vestuario de fútbol del cole, sin embargo, en casa pueden hacerse los remolones y necesitar más ayuda, o comer con menos modales… Nuestra reacción típica sería continuar exigiendo creyendo que el niño se está colgando porque ya lo sabe hacer, cuando en realidad el niño está descansando, necesita dejar de esforzarse y buscar seguridad.

Los adultos reprimidos fueron niños silenciosos para no molestar o enfadar a unos padres un poco desconocidos, rígidos o distantes. Estos niños aparentemente ejemplares, tampoco se rebelaron de adolescentes, ni un portazo, ni una contestación, ni siquiera se atrevieron a poner la música más alta. Ellos de adultos tienen mucho temor a ser juzgados por eso no abandonan nunca la formalidad, ni siquiera, en un ambiente distendido, suelen hablar como un libro, son rígidos, excesivamente educados hasta el punto de ser distantes y evitan la relación más íntima, o cercana.

Estoy deacuerdo con las charlas para padres donde aprendes estrategias educativas para ejercer el rol de autoridad que necesitamos transmitir a nuestros hijos. Pero un adolescente, para convertirse luego en un adulto sano, tiene que haberse rebelado de alguna manera, ya sea en la forma de vestir, en querer salir todas las noches posibles, en invertir la mayor parte del tiempo en los amigos y en asumir ciertos riesgos…. Con eso no quiero decir que los padres no tengan que hacer su papel y seguir insistiendo en los estudios, en seguir acompañándoles en sus vidas para prevenir las conductas de riesgo y en seguir ejerciendo su autoridad, pero el adolescente tiene que cumplir con su rol y su naturaleza será intentar transgredir las normas de casa o por lo menos atreverse a cuestionarlas. Para ello, los padres tienen que ofrecer el espacio necesario para que el niño exprese sus quejas, sus desacuerdos y pueda transformarse en adolescente. A esta edad las reglas han de ser revisadas y algunas renegociadas con ellos. En consulta te encuentras el clásico perfil de paciente Peter Pan (un adolescente con entradas) que no tuvo la oportunidad de serlo cuando realmente le tocaba cronológicamente. Un niño modélico que no se convierte en adolescente, es preocupante, el que solo estudia, no pide salir de noche, se va el fin de semana con los padres, tiene pocos amigos, y está muy lejos de tener novio/a , una de dos, o le asusta crecer (padres sobreprotectores) o está reprimido (padres autoritarios), pero en ambos casos, el gen adolescente será mucho más rebelde y cronificado cuánto más tarde en salir. Como decía un profesor de psicología evolutiva, a cada edad se ha de hacer lo que toca…El comentario, mi hijo está muy adolescente, ya está en la edad del pavo, tiene mucha tontería… siempre es expresado con cara de terror pero en realidad, que un niño se convierta en un adolescente, es muy buena señal porque significa que tiene el espacio emocional en la familia para poder expresarse como tal.

Hace poco una amiga me comentaba que cuando había un conflicto en casa, se convocaba una asamblea familiar para abordar el problema conjuntamente. No cuestiono el método si al final el objetivo es afrontar y resolver el conflicto. Pero abogo más por la naturalidad que ofrece un contexto familiar que no tiene porque copiar métodos más formales. Cada contexto tiene su riqueza y en cada lugar, aprenderemos cosas muy valiosas e interesantes. Está bien que el niño respire dos contextos con reglas diferentes, en casa se come la verdura de una forma y en el cole de otra, lo importante es validar las dos formas para que no se vivan como una incoherencia, y que el niño pueda vivir en sintonía en cada ambiente y respetar ambos mundos.

Hay que aprender a obedecer pero también a desobedecer, hay que aprender a pedir perdón pero también hay que aprender a perdonar. Los adultos marcan las reglas, deacuerdo, pero también han de enseñar a sus hijos la flexibilidad de las normas, las excepciones, el reconocer cuando nos equivocamos … el convivir en el conflicto. No me creo a las parejas “perfectas” que no discuten nunca y a las familias “modélicas” donde nunca hay peleas. Hay que enseñar a los niños a canalizar la rabia, los celos, la tristeza y el enfado pero si prohíbo estas emociones en casa o son un tabú, no enseño a mi hijo a defenderse ante las injusticias, a defender sus derechos y a demostrar su valía personal cuando alguien le infravalora. En el cole aprenderán más a callar , a pasar por el tubo aunque no se esté deacuerdo pero en casa aprenderán más a defenderse y a expresar su criterio. Ambas habilidades son esenciales en la vida pero unas se ensayan o se tienen más oportunidades de vivir en casa y las otras más en la escuela.El esfuerzo de hacer algo que no nos gusta o que nos cuesta es importante para sobrevivir en una sociedad donde muchas veces la forma de conseguir algo implica ceder, pero también es igual de importante aprender a divertirse ,reconocer lo que nos gusta y luchar por ello, porque muchas veces el secreto del éxito en la vida tiene que ver en lograr ser uno mismo y luchar por mis ideas.

Hace un par de veranos, cuando mis hijos mayores tenían 3 y 5 años me encontré en la playa a una educadora del colegio que me preguntó si el mayor había hecho el cuaderno de vacaciones (por suerte no era obligatorio), por eso me atreví a contestarle la verdad, que era que ni siquiera lo habíamos comprado. Por otro lado, le expliqué un montón de avances que los niños habían hecho, entonces me sorprendí de la de cosas que habíamos trabajado casi sin darnos cuenta. El pequeño había tirado el chupete a los peces, habíamos instaurado la costumbre de cenar todos juntos y habíamos tenido tiempo de calidad para dedicarnos a jugar mucho con ellos. Ella me contestó que habíamos hecho un gran trabajo, así que ahora tras esa anécdota cada verano me propongo unos objetivos alcanzables aprovechando que al pasar más tiempo de calidad con ellos, también puedes aplicar normas nuevas porque las van a tolerar mejor.

Al final después de tantas teorías sobre la educación, a mí lo que me llama es el sentido común y la naturalidad. No es cierto que los niños solo se educan en la escuela, nosotros como padres también tenemos un montón de cosas valiosas que enseñar a nuestros hijos que solo aprenderán en la familia.

En casa aprendemos de la vida, a ser fuertes y a ser débiles, aprendemos a ser felices: hablamos de la muerte y de los monstruos que pueden salir del armario por la noche, también discutimos, nos gritamos y pataleamos. Lloramos por los miedos y las cosas que nos asustan, así que aprendemos a ver nuestro lado más vulnerable y a no avergonzarnos de ello. Aunque nos cueste bastante, nos pedimos perdón y aunque nos cueste perdonar, porque seguimos heridos un rato, perdonamos. Otras cosas no las perdonamos hasta que pasan unos días y también aprendemos que es lícito. Patinamos, vamos en bici o patinete, saltamos encima de las camas y del sofá, y desobedecemos cuando nos piden que bajemos y no bajamos hasta la quinta vez que ya nos lo piden gritando… También paseamos y le damos comida al perro, ponemos la mesa, y recogemos los juguetes aunque a veces pedimos ayuda a los padres, nos encanta sentirnos útiles y así sin darnos cuenta aprendemos a ser responsables. Hacemos muchas cosas que en el cole están prohibidas pero que también hemos de aprender, por ejemplo a enfadarnos con la autoridad (los padres) y discutirles las normas para salirnos con la nuestra y aunque pocas veces nos salimos con la nuestra, a veces se acaba negociando….así que aprendemos a hacernos escuchar y a hacernos valer. Jugamos con el Ipad , con el móvil y nos enfadamos cuando nos obligan a apagarlos, a veces con rabieta y lloros dramáticos, al rato se nos pasa porque aprendemos que no nos queda otra, que los berrinches se me pasan y así aprendemos a tolerar la frustración. Cocinamos galletas de chocolate con mucho azúcar, hay días especiales que comemos pizza, hacemos palomitas y vemos una peli y nos vamos a dormir más tarde de lo que toca, ponemos música y bailamos como locos….Así, aprendemos a divertirnos, a hacer lo que nos gusta, y a valorar las excepciones . Aprendemos a amar la naturaleza,  cuando nos llevan al mar, a la montaña, y nos damos cuenta que hay sitios increíbles que se pueden disfrutar sin gastar dinero. Aprendemos a querer a la familia, cuando pasamos un día con los abuelos, los tíos y primos como el dia Navidad donde todo el mundo está contento celebrando que estamos juntos. Aprendemos a compartir cuando invitamos a amigos a comer y aprendemos a valorar la amistad cuando disfrutamos de su compañía. Aprendemos a guardar secretos cuando descubro quien son los reyes de la navidad y aprendo a que a veces las mentiras son necesarias para no romper la ilusión de  los que todavía no quieren saber la verdad. Aprendo a respetar la intimidad cuando llaman a mi puerta cuando quieren algo o no leen mi diario ni me preguntan por cosas que no tienen porque saber. Aprendo a escuchar cuando me escuchan y a hablar cuando me hablan. Aprendo a querer porque me quieren.  Esta es una parte de la infancia y esas vivencias todo lo que en el cole no tendremos tantas oportunidades de aprender pero que también es necesario aprender….

Un niño que no es feliz en casa, no podrá aprender matemáticas en la escuela.

 

Os dejo con algo que dijo John Lennon:

Cuando yo tenía cinco años, mi madre siempre me decía que la felicidad es la clave para la vida. Cuando fui a la escuela, me preguntaron qué quería ser cuando fuera grande, escribí feliz. Me dijeron que yo no entendía la pregunta. Les dije que no entendían la vida.

 

 

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A veces oyes algo que se te queda archivado en el pensamiento pero que no sabes interpretar hasta que no pasa un tiempo. Una profe de yoga dijo como quien no quiere la cosa, que cuando eras madre aterrizabas a la tierra por primera vez… esa frase resonó en mi cabeza hasta que fui madre y la entendí.

Había trabajado asesorando a familias, había llevado terapia de grupos para adolescentes y hacía talleres para alumnos y charlas en colegios para padres. Y entonces fui madre…uf quería borrar todos mis archivos, empezar de nuevo. Mi hijo era todavía un bebé y me llamaron para que diera una charla de padres sobre los límites, entonces, leí mi discurso, y no me convenció. Puede que no estuviera mal pero no lo reconocía como propio…era como leer un libro que no iba conmigo, así que como quería creerme lo que decía…rehíce la charla entera…busqué referentes nuevos y encontré verdaderos tesoros.

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