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llenarse

La pregunta

En lugar de hacernos la pregunta de si nos sentimos o no felices deberíamos preguntarnos si nos sentimos llenas o por el contrario nos sentimos vacías.

El éxito o el abismo al vacío

Muchas mujeres sienten que han alcanzado el éxito, el éxito profesional, familiar, o los dos objetivos juntos, sin embargo, a pesar de sentir la admiración y el reconocimiento de los demás, les falta algo y no logran descifrar lo que es.

El intento de solución tras esa sensación de no sentirse del todo completas, les lleva a todavía esforzarse más, a hacer mejor de madres, a hacer más en el trabajo, “sé que puedo lograr muchas más cosas, sé que puedo hacer más…” me comentaba una de ellas en una sesión intentando buscar la manera de saciar su infelicidad.

Otras no sienten que hayan logrado ese éxito para el que han sido educadas, o tienen un trabajo estupendo, pero fracasan en la pareja o tienen una relación maravillosa pero no han encontrado un trabajo donde se sientan realizadas. En este caso, el intento de solución se convierte en una obsesión, o destacar al máximo profesionalmente (aunque aquello no me guste) u obsesionarse con la pareja perfecta que cree la rescatará de todos los males y de toda la infelicidad.

Educación basada en los resultados

¿Qué hay detrás de estas mujeres? Una educación basada en el molde de la niña perfecta. Este tipo de niña ideal, sabe cuál es su cometido desde pequeña y lo que se espera de ella. En mis años de estudiante hice de canguro de una niña de diez años que ya sabía qué universidad escoger y el coche que tendría cuando cumpliera los dieciocho. La niña perfecta sabe desde muy pequeña cómo tiene que vestir, qué tiene que estudiar, a qué se va a dedicar, qué tipo de marido tiene que escoger, para agradar. No hay ningún espacio para la libertad: “es una niña que nunca me ha dado problemas” “es una niña súper estudiosa” “es muy buena niña” “nunca me ha dado un disgusto” son las frases de sus orgullosos padres.

El afecto que reciben de ellos, es proporcional a cuánto se asemeje a la niña modélica que ellos diseñaron. Por eso, ellas se esfuerzan tanto y hacen méritos, por ejemplo, consiguen becas de entre miles de aspirantes, marcas deportivas admirables, oposiciones imposibles, un trabajo de ensueño…y el bucle se envenena más y más… Cuánto mayor es el éxito, más alimento reciben los padres que a su vez más les exigirán, aunque como nunca les han dado un disgusto, esta exigencia se basa en el refuerzo positivo y nunca en el castigo o la desaprobación.  El mayor enemigo de una persona que nunca se equivoca es el miedo a cometer un error, la desaprobación de sus padres y la decepción que pudiera provocarles, se convierte en una amenaza que que le conducen a una vida hiperexigente y controladora.

Desconocimiento personal = Esclavas de la perfección

Esclavas de la obligación, del éxito, esclavas del orgullo de sus padres a los que temen defraudar y a los que sienten que no pueden fallarles, por eso viven con terror equivocarse y tomar sus propias decisiones. Y lo peor es que se convierten en esclavas por no conocerse a sí mismas, porque mientras cumples órdenes no tienes espacio para escoger por ti misma y tomar tus propias decisiones o responsabilidades.

El GPS más fácil es cumplir lo que te dicen, lo terrorífico es todo lo que salga de lo formal, el folio en blanco donde tienes que dejarte llevar, escoger lo que te apetece y ser tú misma, se convierte en una carretera peligrosa que desvío cada vez que me encuentro con ella, porque no te conoces de nada y por lo tanto temes encontrarte con esa desconocida que podría hacer cualquier tontería.

Una paciente se encuentra con todos los deberes hechos, la carrera y el proyecto entregado, tres años en los mejores despachos de abogados, un novio recién dejado y una tristeza y agobio enorme. La vida le presenta de nuevo, la carretera peligrosa hacia el centro de sí misma o seguir con una vida vacía. Después de unos años de terapia, le he anunciado que es el momento adecuado (no habrá otro más oportuno), para dejarse llevar. Dejar de cumplir por un tiempo, para viajar al centro de sí misma a través del dolce far niente, un viaje sin máster, sin obligaciones, sin ONG, sin sentido, con el único propósito de pasarlo bien y conocerse. Está aterrorizada, y empiezan las resistencias: ¿como voy a decirle a mis padres que me voy a hacer “nada” ?, ¿como una psicóloga como tú, me recomienda perderme, perder el tiempo y pasar de todo?, es una locura! Una locura muy cuerda, para quien nunca ha podido explorar esa parte de sí misma. Lo va a conseguir, va a dejar de ser perfecta, va a dejar de luchar y a atreverse a divertirse y volverá encontrada y reconciliada con su parte más auténtica.

El primer paso para liberarse=criticar a los padres

Una hija complaciente, jamás ha tenido la libertad de cuestionar o criticar a sus padres. Algunas incluso en terapia, se niegan a hacerlo puesto que lo interpretan como un sacrilegio, como si estuvieran faltando al jefe de su secta. Sus padres han hecho una campaña de prestigio de que son padres modélicos, con grandes valores, grandes trabajos, dignos ejemplares. Ellas solo tienen que imitarles o que seguir las coordenadas que ellos van trazando a medida que crecen.

Por ello, cuestionarlos, el que se abra una mini brecha, donde quepa la posibilidad de que estos padres modélicos se hayan equivocado inconscientemente, con el deseo de hacerlo bien…es el principio de la crítica.

No estamos hablando de malos padres, en realidad el concepto de malos o buenos también es infantil y proviene del mismo tipo de educación, hay que lograr superar la dicotomía. Se trata de padres que posiblemente también crecieron con el mismo patrón y no son conscientes de su propia prisión, por lo tanto, no se trata de buscar unos culpables, sino de entender el origen de mi problema y comprenderlo.

Imitando a los «exitosos»

Cuando creces complaciendo sientes un vacío en tu interior. Ese vacío lo empiezas a llenar como te han enseñado, haciendo lo que la mayoría hace…por eso escogen la misma carrera que las amigas que se sienten seguras, el mismo coche que el vecino que parece feliz, el objetivo es tener la misma vida de los que parecen mejores que tú.

El valor a imitar es el éxito por eso las personas que triunfan se convierten en tu referente. Por ejemplo, a una paciente en crisis matrimonial, le pregunté qué era lo que le había enamorado de su marido, me contestó que era el mejor de su promoción. Nos acercamos a los que tienen éxito, sin plantearnos si quien está detrás nos gusta de verdad. Confundimos a alguien de éxito, con alguien feliz. Pero si el éxito está construido para buscar la aprobación, no es un éxito auténtico, puesto que el talento nace del placer y solo los mejores disfrutan haciendo lo que hacen.

Las personas felices, rigen su vida en la confluencia entre la responsabilidad y el placer. Toman decisiones arriesgándose a equivocarse, se atreven a caerse y cuando se levantan de nuevo son más libres que cuando se cayeron. No llenan todo su tiempo con obligaciones, sino que también buscan actividades que les llenen, aunque no sirvan para nada y si se sienten en crisis no buscan un chupete emocional para huir de sí mismos, sino que se rompen para reconstruirse de nuevo. Por lo tanto, no es la vida que tienen, no es su pareja, ni su casa, ni su trabajo, ni su coche lo que hace que se sientan bien, es lo que son y la libertad de ser auténticos.

Huir  de uno mismo con el exceso de actividad o llenarse con las pequeñas maravillas de la vida

Hace un tiempo, en el círculo de mujeres, pedí que cada una trajera una definición de felicidad. La primera voluntaria leyó lo que parecía un día en un parque de atracciones: viajar, salir, comprar, cenar fuera, ropa, caprichos, vacaciones…La segunda, habló de una puesta de sol, un abrazo, una mirada, un proyecto. No hizo falta decir nada.

El vacío se puede llenar con un trabajo que me absorba todo mi tiempo, con consumismo compulsivo, viajando en forma de huida para evitar el aburrimiento que es una puerta hacia uno mismo, con un novio que me dé sentido e identidad, con un cuerpo perfecto que me dé sensación de control en mi vida, o con las copas del fin de semana, o educando de forma rígida a los hijos como hicieron conmigo…

Puedes vivir con este parche solución muchos años…chupetes emocionales, les llamo. Pero llega el día, si tu parte sana se pronuncia, que ya no puedes más, que no quieres vivir engañado… que quieres recuperar aquella niña libre de seis años que corría y saltaba, que era salvaje y que aún estaba por codificar.

Cuando entras en crisis, cuando ya no puedes más, estás más cerca que nunca de tu parte sana, la depresión, la ansiedad te están avisando que te cargues el sistema y que lo formatees de nuevo. Pero, ¿cómo se hace? Puedes hacerlo en forma de psicoterapia, en forma de viaje interior, meditación, llorar, grupos terapéuticos, para enfrentarte a tus demonios. Hablar con una misma es atreverse a mirarse al espejo, de esta forma, desarrollas la conciencia y creces.

Dejar de huir con miles de actividades, es la manera.  Hay sesiones en las que cuento las veces que la persona asocia el estar bien con la cantidad de actividades que ha hecho, por contraste, en la sesión que te explica que ha estado sin planes, te la encuentras decaída y triste. Es la prueba de que a veces huimos de la crisis a través de la actividad, y nos sentimos “distraídos” que no es lo mismo que estar bien.

Como decía Facundo Cabral “no confundas a la actividad con la vida; ahí está el sol, exactamente ahí para que lo veas, ahí está el árbol hace muchos años para que te des cuenta que es una maravilla”

Llenarse para crear

Las mujeres necesitamos llenarnos para conocernos y sentir nuestra completud. Nuestra naturaleza, nos brinda la oportunidad de ser madres, llenamos nuestros úteros de vida, gestamos y parimos un ser humano y es una energía creativa que empodera nuestro sentido en el mundo.  Sin embargo, no podemos estar todo el tiempo en la tierra maternando hijos humanos, pero sí podemos crear otro tipo de hijos. Nuestros proyectos, el sentido que le damos a nuestra vida, hacer crecer una idea: sembrarla, gestarla y parirla, nos alinea con nuestra naturaleza cíclica y creativa.

Por eso necesitamos periodos de descanso: de  vaciarnos, de parar, de no hacer, de no pensar, de dejarnos llevar y dejarnos cuidar, nutrirnos para cargar pilas y de nuevo gestar una idea, salir a la superficie y volver a crear.

Desde cualquier arte, la música, la artesanía, el dibujo, la escritura, desde el amor de dar, enseñar, compartir,educar, cocinar, desde el placer del baile, el sexo, la risa, el descanso o desde cualquier sentimiento que venga de dentro, podremos llenarnos, crear y ser libres.

 

 

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La casa es el lugar donde conectamos con nuestro mundo interior, es donde reside nuestra esencia y nuestra relación con ella refleja nuestro estado de ánimo. Cuando nos encontramos bien con nosotros mismos nos gusta estar en casa. Cuando no queremos encontrarnos, no nos interesa pensarnos… estamos poco en casa.

Dime como vives y te diré lo que te pasa

Muchos de los problemas que la persona no es capaz de identificar se expresan mediante un conflicto con la casa, así que no es extraño que en terapia, el tema de la casa sea un tema recurrente.

Por ejemplo, una paciente estaba atravesando un duelo complicado por la ruptura con su novio tras nueve años de relación. Había pasado de vivir en la casa de su infancia a vivir en la casa de su novio. Toda su vida se había acoplado al modo de vida de él, los amigos, los suegros, el barrio, el universo de su novio era su hogar. Al romper la relación, se había quedado sin ese mundo, totalmente vacía y perdida, había alquilado un pequeño apartamento en tierra de nadie, en medio de la ciudad, ya no pertenecía ni a su madre (una mujer controladora que hablaba por ella), ni al mundo de su novio (dicho sea de paso, un ególatra con muy poca empatía e interés por los demás, que también hablaba por ella). Era una huérfana, con una voz de niña perdida, se había mudado a un barrio sin nombre y a una casa vacía . Con razón, me contaba que aquella casa no la sentía suya, que aquel barrio y estar en su piso se le hacía extraño. Ella era una extranjera dentro de su propia casa y no sabía como llenarla, en realidad, lo que no sabía era lo que quería hacer con su vida. A medida que en las sesiones pudo descubrir quien era, pudo encontrar por fin su propio hogar.

Otro paciente al que le cuesta dar pasos en sus relaciones de pareja, me comentaba que su novia se acababa de mudar a su piso, ella se sentía molesta porque se encontraba objetos de su novio con una relación anterior y se sentía insegura ante el paso que había dado. Él le aseguraba que aquella historia estaba acabada sin embargo me explicaba que los celos de ella le estaban generando dudas. También me comentaba que su casa estaba muy llena y que le costaba desprenderse de pertenencias para hacerle espacio a su chica y a sus cosas. Esta dificultad práctica esconde una dificultad emocional de dar a la relación mayor compromiso y entrega.

La casa: fuente de seguridad

En nuestra infancia, para luego en la vida adulta sentirnos seguros debemos haber vivido la experiencia de un hogar cálido. En una casa con calor, uno aprende sentirse querido y atendido, a sentirse escuchado, respetado, y a que te hagan sitio, tengas un nombre, una identidad y un espacio para ti. Por eso las personas, identifican la casa de su infancia con aquel lugar donde vuelven a cargar pilas y conectan de nuevo con su esencia. Un hogar puede ser una habitación, un paisaje, la casa de la niñez , un lugar donde fuimos inmensamente felices, un recuerdo, …..

En algunos países africanos, es tradición enterrar el cordón umbilical del bebé debajo de un árbol, que se convertirá en su punto de referencia cuando éste sea adulto. Por eso muchos expatriados regresan al hogar de su infancia, a su acacia o a su baobab, para volver a inspirarse.

Identificar un lugar donde puedes recuperar espacio, volver a ser tu mismo, donde te encuentras con tu esencia y te cargas de nuevo de buena energía, sirve, para poder recuperar la autoestima, los valores de aquellas cosas por las que vale la pena vivir, sobretodo en una vida en la que no solemos estar conectados con nuestro interior. Podemos viajar físicamente hasta allí, que sin duda, puede ser lo más reparador, pero cuando no es posible, podemos regresar desde la imaginación.

Mi lugar de reparación, son unas rocas frente al mar, conozco la forma que tienen y las podría dibujar si supiera. Allí jugaba de pequeña, unas rocas con forma de nave espacial, cuando lo necesito, me visualizo subida en el gran asiento y conduciendo frente al mar. Ese lugar se encuentra donde pasábamos los veranos en familia y lo asocio con una época de mi infancia donde fui inmensamente feliz. Me impresionan estas rocas que siguen iguales, impasibles al paso del tiempo, aunque mi vida haya recorrido muchos capítulos, la nave sigue dentro del mismo paisaje, y con ello, me llevo la sensación de lo que realmente importa nunca cambia.

Se dice que cuando sueñas con la casa de tu infancia, la emoción que surge es la nostalgia, pero no es la nostalgia por tus padres o tus abuelos o por la casa en sí, sino por esa niña o niño que fuiste, que sabía donde buscar refugio. Normalmente soñamos con ello, cuando nos sentimos vulnerables y el inconsciente nos lleva allí para recordarnos que aunque todo afuera se derrumbe, por dentro seguimos intactos.

Identificar cual es tu sitio, donde te sentiste libre, donde fuiste más feliz puede ser muy útil para en momentos de descarga poder reencontrarte contigo mismo. Has pensado ¿cuál es tu lugar?

El calor del hogar

Un hogar cálido lo construyen las personas que viven dentro, un niño no aprecia si la casa es más grande o más lujosa, si es pequeña o es sencilla, las personas que habitan esa casa, como cuiden del hogar y de los que habiten en ella, son lo que hará que ese hogar sea acogedor, frío, amoroso, triste o alegre, rico o pobre…

Muchas personas sienten estar en casa cuando se encuentran en un país desfavorecido, viviendo con lo mínimo y rodeados de pobreza. Personas que vienen de una vida cómoda y aparentemente con todas las necesidades cubiertas, que sin embargo, se sienten felices y en casa cuando se encuentran con su verdadera familia que puede no coincidir con la familia en la que han nacido.

Una pareja joven con dos niños pequeños decidieron dejarlo todo por hacer un viaje por todo el mundo en familia durante dos años. Antes de tomar la decisión se pusieron en contacto con una psicóloga infantil que les aconsejó no hacerlo argumentando que los niños necesitaban un punto de referencia, el hogar y que un cambio así podría desestabilizarles. Por suerte, ellos siguieron a su intuición, emprendiendo el viaje de sus vidas. Dormían acurrucados unos con los otros en una cama, compartían su plato para comer, jugaban con lo que la naturaleza les brindaba y estaban disponibles para sus hijos las veinticuatro horas del día. Durante casi dos años, fueron todo para sus hijos, sus profesores, sus compañeros de juego, de viaje…, todo un lujo para los tiempos que corren. La paredes de su hogar fueron ellos y el resultado fue una familia más unida, más cercana y una experiencia inolvidable.

Una paciente me comentaba que en su infancia había cambiado 18 veces de casa, explicaba que su madre era muy nómada, probablemente porque se estaba buscando. En su casa no existían las rutinas, ni las normas, tampoco el cariño ni alguien siempre disponible. El afecto, y la atención por un lado, y los límites por el otro, son los cimientos necesarios para construir un hogar seguro. En este caso, ella tuvo que aprender a cuidarse de sí misma, a buscar sus propias referencias, desarrollando una personalidad perfeccionista y autoexigente con unas paredes indestructibles, donde la estabilidad se convierte en una necesidad , el cambio en su enemigo y equivocarse en la peor de las pesadillas.

El síndrome del patito feo. En busca del hogar verdadero

Entonces, ¿qué ocurre cuando eres un extranjero en tu propia casa?. Cuando la casa es insegura y no te proporciona el calor de un hogar, lo mejor es iniciar una peregrinación. Autoexpatriarse no es cómodo, irse del hogar, física o emocionalmente es muy doloroso, pero a veces es la única salida si queremos sobrevivir.

Todos debemos encontrar nuestro fuego, el afecto de la familia. Aquel lugar donde no se nos juzga, donde se nos quiere por como somos, con nuestras virtudes y defectos, al completo. Donde se nos acepta independientemente de nuestros resultados o de nuestra utilidad.

A veces tenemos la suerte que nuestra familia de origen ya nos proporciona este calor, entonces ya estamos cargados de luz para toda la vida. Pero si no es así deberemos iniciar un peregrinaje en busca de una familia que nos acepta y nos quiera. Cuando nos sentimos distintos al resto de la manada, sentimos rechazo directa o indirectamente por parte de los miembros de la familia. Al principio, la persona siente que igual se lo merece y que no es aceptada porque es distinta. Pero siempre hay alguien externo que le demuestra que esas diferencias no son negativas, simplemente no encajan en la cultura en la que ha nacido.

El Patito Feo es un expatriado que tras luchar por encajar en una familia que no le acepta, decide marcharse a buscar un hogar que le acoja. Tras muchos sufrimientos, casi muere de frío por el camino, encuentra a los que son como él y el patito se convierte en un cisne.Cuando alguien encuentra a su verdadera familia, el cisne, lo bonito de su ser, sale a la superficie y se expresa. Curiosamente, suele coincidir que aquello que la familia de origen no apreciaba es donde se esconde el verdadero talento de esa persona.

Tu familia adoptiva puede ser un grupo de amigos, un profesor, una pareja o la familia que tu construyas, un lugar donde te sientas aceptado y puedas encontrar ese calor para que tu persona adquiera la seguridad necesaria y puedas querer y que te quieran como mereces.

Cuando la casa se me cae encima

Muchas personas no quieren y evitan encontrarse en el hogar, que significa que huyen de sí mismos. La manera de huir es mediante la hiperactividad de nuestra sociedad. Mediante el trabajo, el ocio y la vida social pongo toda mi energía en el exterior para no tener ni tiempo de mirarme en el espejo. Eso nos lleva a sentirnos empachados pero insatisfechos porque en realidad no paramos pero vamos sin dirección.

El mundo en el que vivimos nos roba nuestra esencia. Vamos siempre con prisas, centrados en conseguir metas que muchas veces cuando nos paramos a pensar carecen de un sentido profundo.

Una paciente llegó a terapia derivada de su médico de cabecera, llevaba dos crisis de pánico, estaba en un estado de nervios y de vulnerabilidad tremendo. Cuando no paramos a tiempo, nuestro cuerpo llega a un demasiado y nos para en seco con síntomas ansioso-depresivos. La paciente hacía el trabajo de cuatro profesionales, estaba siempre disponible, nunca tenía un no, trabajaba incluso los fines de semana. Sus frases estrella eran : no me cuesta nada, no me importa, no te preocupes y tranquilo no pasa nada ya me encargo yo. Estaba tan entregada a su trabajo que ni siquiera tenía tiempo de atender a su relación de pareja que estaba en crisis desde hacía tiempo pero ni siquiera su mente había podido percibirlo, aunque su cuerpo ya le estaba enviando señales.

Parar y saber descansar es necesario para hablarse a sí mismo y poder atender tus propias necesidades. Vivimos en una sociedad donde leemos el descanso, la lentitud , el quedarse en casa y el no hacer nada como algo improductivo, pero nos equivocamos del todo. El hogar, debe funcionar como un cargador de batería donde volvemos a reubicarnos y a decidir lo que se borra porque ya no nos conviene y plantearnos nuevos comienzos.

Una vez tuve un paciente hipersatisfecho, había logrado todo lo que realmente nos dicen que debe realizarnos. El perfeccionismo y la ambición llevado al extremo también son formas de huir de casa y en consecuencia de huir de uno mismo. Con solo 35 años me dijo que se sentía acabado, marchito, vacío, creía que había alcanzado todas las metas que habían en la vida. Fue el primero de su promoción en encontrar trabajo, había alcanzado un puesto de súper directivo antes de los 30, había formado una familia a la que no tenía tiempo de ver pero a la que no le faltaba ningún lujo…. Y su pregunta en terapia era, y ahora que….? No se había dado cuenta de que su vida estaba enfocada a tener, pero realmente cuando se preguntaba para qué vivía, no sabía que contestar, no le encontraba ningún sentido, ni sabía hacia donde mirar en el futuro. Afortunadamente había una parte sana dentro de sí mismo que le ayudó a caer en una crisis existencial, sino hubiera seguido insatisfecho y coleccionando posesiones hasta el final de sus días.

Enfocarse en el tener es huir de nosotros mismos. Las personas llenan sus vidas de objetivos que a largo plazo no producen ninguna satisfacción. Cuando no sabemos autorealizarnos nos satisface conseguir bienes para buscar el reconocimiento del vecino.

Pensar, aprender, conocer, tener inquietudes, intereses, disfrutar de las pequeñas cosas no parece atractivo a las personas que huyen de sí mismas. Para ellas, pararse es una pérdida de tiempo. Por eso, son personas a las que les cuesta disfrutar de la soledad y estar en casa porque no saben llenarse a sí mismas leyendo, viendo pelis, cocinándose para uno mismo o cuidándose, descansando…por eso buscan la actividad de forma compulsiva.

Alimentarse de energía contemplativa, observar a los bebés cómo descubren y aprenden desde un sentido de la curiosidad intacto, a la gente mayor cómo disfruta con las pequeñas cosas de la vida, de cuidar de las plantas, de disfrutar de los nietos… de un día de sol, nos pueden dar una idea de lo que significa el calor del hogar interior.

Cuidar la casa: Hestia

Mi amiga llega radiante, ante mi piropo me dice que ahora me cuenta… ¿le habrán aumentado el sueldo?, ¿se habrá montado un fin de semana de pareja sin niños?, ¿se habrá reconciliado con su suegra?…. No, algo mucho más sencillo pero que nos llena de estabilidad, sin perder su sonrisa, pide un cortado y me confiesa: por fin he encontrado tiempo y he ordenado los armarios!.

Cuando cuidamos nuestro hogar, conectamos con nuestro centro espiritual, ese centro interior de quietud se asocia con el sentido de plenitud. Cuidar la casa en la que vivimos, y también nuestro cuerpo, que es nuestra carcasa espiritual, nos reconforta, nos da un sentido de orden y bienestar.

Hestia , es el arquetipo que representa la diosa del hogar. Era simbolizada por la llama ardiendo en casas y en los templos, ciudades y campos.
Una persona que disfruta de su casa, sabe estar bien dentro de sí mismo, por lo que no teme a la soledad, no tiene un apego enfermizo a los demás, ni a los resultados, ni a los bienes materiales, ni al prestigio, ni al poder. Shinoda Bolen.
Para cultivar esta actitud, se requiere practicar la calma en soledad y hacer las cosas de manera contemplativa. Disfrutar de las tareas más sencillas; haciendo una cosa cada vez. Llenar la casa de sabiduría, aprender y disfrutar aprendiendo. El aprender, a diferencia del tener, no tiene fin. Contemplar la naturaleza y disfrutar de cada uno de sus ciclos. Limpiando, tirando lo que ya no nos sirve, cocinando y ordenando, no solo a nivel práctico sino también a nivel simbólico. Puesto que en la sencillez es donde nos encontramos con nuestra verdadera esencia.