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El camino de Laura es un camino de descubrir otra forma de amar y es una historia de lucha por acabar una relación que necesito pero que al mismo tiempo me hace daño.  A veces entramos en relaciones demasiado complejas, con recovecos y sombras y si no somos capaces de ser autocríticos, no lo cambiamos, nos lleva a atraparnos en historias de dependencia, adictivas… Laura llegó a terapia pidiendo objetividad para entender su relación, con sus parejas siempre acababa ocurriendo lo mismo y no era feliz.

A continuación os dejo con su escrito donde relata su viaje y los tesoros que recogió durante su experiencia.

Laura eres una heroína, gracias por compartir.

EL CAMINO DE LAURA

Se me hace extraño hablar de él. Es como si fuera aquella página ya leída de un libro que no volverás a releer, porque deseas y debes seguir avanzando y disfrutando de la lectura, de la vida. Pero sin esa página clave, no hubiera podido proseguir mi camino ni disfrutar del libro en su esencia. Él es un capítulo que ya no está vigente, pasado, que no necesito releer, y del que incluso ahora me resulta absurdo escribir, pero sin el cual no se escribiría ni entendería el presente. De forma natural, sin más, sin odio, sin resentimiento, sin apego… El pasado que llevó al presente.

Unos meses después de la ruptura, lo volví a ver. Él me contactó. Tomamos un café y charlamos durante la tarde. Al verlo, sentí que él no era para mí ni yo para él. Fue una sensación nítida. Fueron meses de separación, de contacto interrumpido y a la vez de regeneración propia, personal. Durante el encuentro, me di cuenta de las dinámicas de relación que establecíamos al estar juntos, entre risas, entre conversaciones serias o no tan serias. Pero en esta ocasión, el encuentro no estaba distorsionado por el amor, o mejor dicho, por el enamoramiento.

El distanciamiento después de romper, combinado con las lecciones aprendidas con Carla, me llevó a comprender, a la objetividad, a darme cuenta de qué pasaba en realidad. El ser capaz de decir “basta”, de romper, de disponer tiempo para la reflexión con calma, hicieron el resto. De hecho, esta experiencia ha sido uno de los mejores regalos que he recibido. Hubo mucho amor, sí, pero también sufrimiento, cuando el amor no es sufrir.

El inicio del cambio fue entender qué pasaba: qué soy y cómo soy, qué era él y cómo era él, y entender las dinámicas en las que entrabamos los dos. Sin buscar culpables, sin buscar ni víctimas ni verdugos; sólo objetividad. Saber dónde estábamos y porqué actuábamos así y, por extensión, si eso era lo justo o conveniente.

Durante esa tarde con él en la cafetería, tuvimos ocasión de ponernos al día de la vida, de las cosas cotidianas. Me dio cierta pena, si se puede llamar así, identificar como en ocasiones él intentaba achicarme, es decir, poner en práctica un yo+ tú -. Recuerdo aquella frase de Carla: “Para estar bien con él, debes aceptar que siempre deberás estar debajo». Y qué cierto era. ¡Ejemplos, ahora, los recuerdo a decenas! El amor es ciego, nunca mejor dicho.

Su falta de autoestima, su inseguridad, sus miedos, provocaban que al verme segura de la relación, él se inquietase y entrase en estado de cierta ansiedad. Sin quererlo, sin provocarlo, sin ser malvado; como un niño asustado. Sí, él me quería. Muchísimo. Tenía y tiene un buen corazón, era muy tierno, pero descubrí que sentía y siente un miedo atroz a la pérdida (supongo que por las vivencias que acumulaba) y, por esa razón entonces me hacía daño sin querer, no físicamente pero sí psicológicamente. Él necesitaba no perder el control y para recuperarlo, inconscientemente, me achicaba de vez en cuando; un yo+ tú – en toda regla. Debido al miedo, a menudo también me marcaba distancia, con lo que provocaba mi desconcierto y potenciaba mi necesidad de estar cerca de él. No hay nada mejor para atraer a alguien, que no hacerle caso. De esta manera, se generó una dinámica en cierta manera adictiva.

Dinámicas poco sanas. Él, sin mala intención, porque es bueno, sensible, tierno, me castigaba. Sus miedos, su baja autoestima, su fragilidad interior,… Yo no es que sea una chica perfecta, ni mucho menos. Entendí que yo me encontraba en una tesitura más cercana a lo estándar, a como se espera que se comporte una persona enamorada, pero permití esa dinámica de “sí, pero no”, esa ambivalencia; ese “te quiero sí, pero no avanzo y dudo si avanzamos o si debemos estar juntos”. “Te-quieros” y a la vez dudas y distanciamientos intermitentes, que pueden llegar a enloquecer, a la par que dejarte enganchada, crearte esa adicción amorosa.

Yo lo permitía y no lo veía. ¿Por amor? Quizás mejor por enamoramiento. Se confirma aquello que dicen de que el amor (mejor el enamoramiento) es ciego. Lo que sí está claro es que este tipo de situaciones son cosa de dos. Es decir, la relación, esa dinámica de pareja, se dio no sólo por su situación personal, sino también porque yo lo permití. Ni víctimas ni verdugos. Ambos nos llevamos a ese punto. Demasiada permisividad por mi parte. Además, mi intención de agradarle, hacía que me olvidara de mí misma, en vez de valorar, sopesar, ser honesta, respetuosa y fiel conmigo misma. Por esta razón no rompía el juego y toleraba esa situación. Qué lecciones tan valiosas he aprendido…

Cuán útil ha sido quitarme esa venda de los ojos, ser objetiva y tener herramientas para analizar y ver lo que en realidad estaba pasando; por su parte y por mi parte. De forma objetiva. Ahora, me sorprende que haya estado con él. Incluso me da cierto apuro reconocer que ha sido así. Hasta me río cuando lo pienso: “¿pero cómo actué así?, jajaja”. Ciertamente, me pregunto qué hacía yo con él. La respuesta: aprender y crecer.

Para mí, fueron meses de intenso trabajo personal: primero debí comprender qué estaba pasando, qué roles desempeñábamos cada uno. Después trabajé para intentar cambiar esas dinámicas de pareja que provocaban dolor. Carla me ayudó con todo esto; ha sido una maestra excelente. Y tras numerosos intentos para mejorar la relación, porque también hay que trabajar y luchar las relaciones si crees en el amor, como no conseguí que éstas dinámicas con él (porque las dinámicas son cosa de dos) cambiasen, llegó el momento en que lo más sensato fue poner fin a la historia, la ruptura. Objetivamente y llamando a las cosas por su nombre. Sin enfados, con respeto, con el poder de la lógica y la sensatez. Puedo dar fe que fue un gran alivio y que el proceso me ha aportado un crecimiento enorme.

Visto ahora, creo que él me hizo un gran regalo, creo que el mejor que nadie me ha hecho en años: experimentar y conocer dónde estoy en el plano sentimental, qué y cómo ocurre, cómo funciona, qué está pasando. Conocerme. Que él fuera buena gente, con buen corazón, no quitaba que fuera una persona complicada, por el mismo lío mental y la «mochila» (término coloquial de moda, a la par que muy gráfico) que llevaba. Me compadezco de él, me da lástima que incluso él sufra al ser consciente de ello, estando atrapado en él mismo. Yo, como pareja, no podía ayudarlo a realizar ese trabajo de cambio (ni sufrirlo), si es que era posible el cambio, lo que creo poco probable. Ahora no me despierta interés como pareja; sí lo ayudaría como amiga, porque lo conozco y porque puedo ser muy sincera y directa con él. Pero sé que no es lo que busco como pareja.

¿Momentos bonitos? Claro que los hubo, pero el balance global, aún con buenos momentos en los que me hacía sentir muy amada, no era netamente positivo. Sufrí. Si hubiese seguido con él, me hubiera hecho un flaco favor a mí misma. Y ahora lo veo con total claridad. ¿Ha sido difícil despegarme? ¿Quizás como cuando dejé de fumar? No es lo mismo, pero guarda cierta similitud.

Después de la ruptura y este proceso de duelo y comprensión, ahora tengo la sensación de estar quitándome capas, piel inservible; como las pieles secas de una cebolla. Creo que estoy cerca de llegar a la parte tierna, a la esencia. Puede sonar gracioso, pero es una sensación bastante real. Entender todo y ser honesta conmigo misma, me ha llevado a estar tranquila, conectada conmigo misma.

¿Y ahora, tengo miedo al amor? Algo me dice que no me líe ahora mismo, que viva mi momento. Que lo saboree. En un tiempo, buscaré a alguien. O no. Ya veré. Mis relaciones anteriores habían seguido un patrón similar. Eran parecidas, pero esta última fue el summum. Nunca puede una decir de este agua no beberé o no repetiré, pero creo que esa etapa acabó. Rompí con ello. Me harté y sacié. Y sé que no me apetece repetir. Aprendí. He cambiado mis referenciales. Si ahora me encontrara en la misma situación, otro gallo cantaría.

Me da la sensación de que quizás antes yo supeditaba muchas cosas a la pareja, como si buscara pareja para desarrollarme, cuando crecer no debe estar condicionado totalmente a la pareja, porque ciertamente crezco sola. Una pareja debe ser un plus, siempre positivo.

¿Y, quiero una pareja ahora? No, ahora no; más adelante. Sí, compartir es bonito. Me gusta la idea. Pero con alguien adecuado. Sé lo que no quiero y creo que sabré escoger lo que me convenga.

¿Y quiere decir todo esto que a partir de ahora cualquier relación que tenga será perfecta? No lo sé. Con la capacidad de análisis y conocimiento que he ido acumulando con Carla, seré consciente y capaz de identificar qué está pasando, de identificar qué tipo de dinámicas de relación establezco o permito. Pero sobretodo, este proceso me ha ayudado a reconocer el amor en positivo, el auténtico (no el de las películas), dónde estoy, cómo me relaciono y cuál es el tipo de personas que en realidad busco para compartir vida. Y eso, no tiene precio.

He aprendido que el amor no está hecho para sufrir, pero sí para disfrutar, complementar, crecer, en igualdad de condiciones, en simbiosis. También, que en el amor hay que trabajar (es cosa de dos), apostar, ser generoso, definir alguna norma que otra; incluso ser tolerante, comprensivo,… Si esto no se da de forma sencilla y natural, algo falla. Probablemente la elección no es la correcta, no es la sana. Ahora sé reconocer lo que es sano y lo que no; lo que es conveniente y lo que no.

Y ahora el libro de la vida continúa. Debo seguir con nuevas páginas, nuevos capítulos, nuevas vivencias. Porque el tiempo no para, porque todo sigue y todo suma. Como el árbol, que en primavera, tras el invierno, vuelve a brotar con nuevas ramas, nuevas flores, nuevos frutos. Pero esta vez con la fortaleza que proporciona la experiencia acumulada.

 

 

Después de escribir el post  Los héroes son de carne y hueso , se me ocurrió pedir a todos los héroes y heroínas que conozco si querían participar en mi blog explicando su viaje heroico para que pueda alimentarnos de sabiduría a los demás.

Quiero inagurar esta nueva sección del blog llamada Caminos que inspiran  a través de una persona que es un referente para mí y una fuente de inspiración.

Me atreví a pedirle si quería contar algo tan íntimo  porque creí que su ejemplo puede ser útil para otras personas. Esta sección no estará escrita por mí, sino por aquellos que han encontrado su camino tras el abismo y quieran compartir su experiencia y aprendizajes.Si te apetece contar  tu viaje  y compartirlo, puedes escribirme a mi email carla@caminaconc.com.

Nuestro verdadero poder se revela cuando estamos en el abismo. Tras el sufrimiento ya no somos los mismos, somos mejores. Camina con c.

EL CAMINO DE SON

En un inicio de mi, formaba parte soñar, hacer planes de futuro o diseñar una vida, luego aprendí que proyectar es malgastar energía y que uno debe estar ineludiblemente colocado en “hoy”.
Mas por suerte que por desgracia, la vida casi nunca depara el dibujo que habíamos trazado. A veces puede parecer que todo está bien y tranquilo, y sin más, todo cambia….

A mi vida llegó un hijo especial. Siempre tuve claro que, como cualquier otro, él era una bendición, pero si es cierto que la forma en la que vino, hasta entonces nunca había entrado en mis “planes”.
Fácilmente se me derrumbó toda esa vida que había diseñado y me di cuenta del absurdo y del tiempo perdido que ello había significado hacer. Enseguida tuve que adaptarme a aquella nueva situación y reconocer en mi, pese a la dureza, que eso que estaba viviendo formaba parte de mi y era un regalo; la magia no es nada más que el cambio de perspectiva…

Reflexioné sobre como interpretamos los humanos “lo que es bueno” y “lo que es malo”. Al parecer todo lo que aparentemente nos beneficia y lo que “socialmente” forma parte de una esfera que alguien aprobó “es bueno”, y lo que se aleja de ello “es malo”. Para el resto del mundo que no fuera yo, lo que la vida me había deparado era malo…., “qué desgracia!” oía muchas veces. Ello me hizo sentir la soledad más grande que jamás sentiré en mi vida, pero lo que nadie sabía es que en ese delicado momento yo era feliz y que jamás en mi vida volvería a tener regalo más grande. Por otro lado, en esa estremecedora soledad, encontré también mi fortaleza.

En nuestro paso por la vida estamos aquí para dos cosas, para aprender y sentir amor; al final todo se reduce a ésto. Mi devenir era tachado de infortunio, pero ¿qué persona terrenal puede juzgar si esa adversidad puede ser fuente de aprendizaje? Para el que comprende ésto, “lo bueno y lo malo, lo mejor y lo peor, lo bonito y lo feo, deja de existir. Es simplemente subjetivo, y sólo la persona lo sabe, descubriéndolo con mayor o menor prontitud según su capacidad de luz para poder ver.

El tesoro que yo aprendí está afianzado para siempre en mi, me acompaña allá donde voy y me sirve en cualquier situación. Estará conmigo hasta mi final. Lo particular, es que este tesoro de esmeraldas, nadie me lo puede robar ( y todo el mundo lo quiere ).

Aprendí que el apego es la raíz de todos los males, pese a lo que nos enseña la sociedad. Los apegados no son personas libres, aunque ellos sientan lo contrario.
Aprendí que la vida nos pone las circunstancias que nos hacen enfrentar a nuestros conflictos.y que hay que tener confianza en el poder del eterno y la justicia divina. Muchas veces cuando sucede algo, en ese momento no podemos tener la perspectiva para entenderlo, pero con la distancia y el tiempo, o más pronto para los que saben mirar con vista de pájaro, todo cobra un sentido. Sería como juzgar un momento de una película sin haber llegado al final.

Ahora sencillamente VIVO, y no pienso, o pienso poco. Hago pocos planes, en realidad el mañana me importa muy poco. Me enseñaron a planificar mi vida pero no hago nada de eso, simplemente me dejo llevar por sus caminos sinuosos disfrutando, y siendo feliz. Acojo lo que me llega y tal y como me llega, lejos de ser caprichosa y forzar que mi vida se atenga a los planes que hice, por que ya no tengo planes. Soy completamente libre.

Ya no pongo calificativos a nada…., las cosas simplemente SON. Las cosas suceden y no son ni buenas ni malas, sólo SON; y con ello hago buen uso de la razón, que sin saberlo se convierte en nuestra peor enemiga. Con todo ésto, vivo conectada a lo mas animal que hay en mi y me siento orgullosa de alejarme de la soberbia propia del ser humano que a menudo cree que puede con el destino y las fuerzas del porvenir.

Gracias Hijo, “mi maestrito”, siempre.
Son

imagenes-bonitasSon ha escogido esta imagen y la descibe así: El árbol representa la vida y el juego de luces los momentos de la vida….. el sol es la alegría y las nubes la dureza. En este caso se mezclan, por que la vida es así…un cocktail de luces.
Pero lo importante es reconocer siempre la luz, porque es la que guía….

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La pérdida

Tras una pérdida podemos morir y quedarnos quietos para siempre, o volver a nacer y empezar una nueva vida.Cuando hablamos de pérdida, hablamos de algo que muere , desde perder a un ser querido, separarse de una pareja, a perder una pierna, o la vista, perder la posibilidad de caminar, sufrir un aborto, dejar nuestro país, ser despedido de nuestro puesto de trabajo, cambiar de colegio, vender nuestra querida casa…es algo que era importante en nuestras vidas pero que se acaba, dejando un vacío muy grande.

Una paciente se lesionó su rodilla, ella quería ser bailarina y lo luchó, bailaba con muchísimo dolor hasta que su cuerpo le dijo basta. Desde entonces no poder bailar es como acaba todas sus frases, nada le motiva, ni el trabajo, ni su pareja… y siempre la culpa de todo la tiene su rodilla, que no le dejó cumplir su sueño. Han pasado veinte años y sigue triste, pero acaba de llegar a terapia, quiere cambiar y encontrar un motor en su vida.

Cuando algo muere, nace otra etapa, tenemos que transformar esa muerte en algo nuevo por mucho que lo que dejemos atrás sea doloroso y cueste desapegarse. Reinventarnos en alguien nuevo no es fácil pero es el único camino para sobrevivir.

El ciclo de la vida: la metamorfosis

Un ser vivo nace, crece, muere y vuelve a nacer como un nuevo ser, de la putrefacción viene la sustancia fértil que es la base de la nueva vida, es un ciclo sin fin.Los gusanos se convierten en mariposas, pero todo el proceso es lento, y ha de permanecer quieto y dentro de su capullo hasta que esté preparado para cambiar.Por eso entre la muerte de algo que se acaba y la vida de algo que empieza, hay un tránsito, un tiempo de espera, de incertidumbre y de reflexión. A veces es un tiempo que parece vacío, perdido, caótico, infructuoso… pero es un tiempo de gestación de un nuevo ser y es necesario. Es un tiempo donde se encuentra la intersección entre el pasado y el futuro…una parte de nosotros sigue mirando hacia atrás, añorando lo perdido y la otra parte mira hacia el futuro con valor, con ganas del cambio, pero con incerteza y miedo, por eso nos quedamos quietos.

Hay personas que no quieren detenerse, que sufren una pérdida y ya se ponen enseguida con otra cosa. A veces, no queremos aceptar nuestra desorientación, nos asusta sentirnos perdidos y el caos. Pero es un estado de ánimo normal por lo que respetar estas emociones y no taparlas es necesario para asimilar lo vivido y poder pasar página. Aquello que se dice de que un clavo saca otro clavo, por ejemplo, tras una ruptura sentimental, no es muy recomendable, quien va demasiado deprisa y enlaza con otra relación sin apenas detenerse , se suele estrellar. Como dice el psiquiatra Boris Cirulnik, “un herido no puede volver a la vida de forma inmediata”.

La paradoja de la vida y la muerte

El drama existencial ha sido un tema tratado en todas las disciplinas, desde el arte, la literatura, la filosofía, la astronomía, la psicología…a lo largo de todos los siglos de la humanidad. Irvim Yalom, psicólogo famoso por sus libros sobre psicoterapia, cuenta como en todo proceso terapéutico, normalmente al final, cuando la persona empieza a estar bien, aparece el miedo a que se acabe el bienestar, a perder lo bueno que acabo de afianzar. Es uno de los temas recurrentes que surge en un proceso terapéutico, el miedo a sufrir y a la muerte. Quienes han hecho terapia o han experimentado con una pérdida o un gran cambio en sus vidas, entienden el proceso de transformación y aceptan la paradoja de la vida y la muerte.

La semana pasada en la televisión vi por casualidad, “El laberinto”, una película muy recomendable, sobre unos padres que pierden a su hijo de cuatro años. No era una película dura a pesar de que la temática trate de una pérdida tan grande. El director transmite el mensaje de que la vida ha de continuar de otra forma y sus personajes tras un periodo de desorientación y confusión logran seguir caminando, aún sin saber muy bien lo que les depara el futuro, pero logran mirar hacia el infinito.

El nacimiento es la muerte de la vida que conocíamos; la muerte es el nacimiento de la vida que aún no hemos vivido” M.Woodman. Esta ambivalencia forma parte de la vida, y debemos entenderla para poder vivir en armonía. Las personas que se quedan tetrapléjicas sienten como una parte de su vida ha muerto, pero B. Cirulnik que los trata, explica que si en su mirada brilla el amor por la vida, se les agudiza el placer de vivir lo que aún sigue siendo posible. Hacen deporte aunque antes no fueran deportistas, hacen amigos más fácilmente, trabajan más…

Esta semana una paciente lloraba en sesión porque su ex marido estaba iniciando una relación con otra mujer. Hacía un año que ella había decidido dejarle, pero hasta entonces, seguían siendo los mismos y la relación seguía estancada casi muerta como en sus veinte años de matrimonio. El cambio sucedió solo hace unos días, cuando el hombre pasivo y depresivo que ella conocía daba paso a un hombre ilusionado por otra mujer. Detectamos durante la sesión, que su tristeza venía del miedo a pensar que ahora sí que lo perdía para siempre. Lo que le faltaba entender era que tras una muerte, no viene más muerte sino la oportunidad de construir un nuevo vínculo. Por ello durante la terapia, trabajamos la idea de ver la botella medio llena, por fin aquella relación de veinte años de dolor y estancamiento, tenía los días contados, trazamos un objetivo que era el intentar buscar una relación distinta con su ex, ahora sí podrían ser amigos, colegas, cómplices. El cambio en la pareja solo es posible cuando ambos miembros, logran cerrar bien con todos los candados y para siempre lo que fueron, y dan paso a lo que serán.

Digerir el dolor

La única muerte que acaba en muerte, es cuando no transformamos el dolor, cuando nos quedamos fijados en el pasado, cuando seguimos caminando físicamente pero nuestra alma y nuestra psique no viven el presente, ni proyectan en futuro, están eternamente llorando lo perdido.

No se trata de frivolizar el dolor, Robert Neimeyer psicólogo reconocido internacionalmente como experto en el proceso de duelo, explica que una pérdida no se supera del todo nunca. El dolor nos acompaña a lo largo de nuestra vida, viene y va, es intermitente, a veces se nota como si la pérdida hubiera sido ayer aunque hayan pasado mil años, otras épocas es soportable, pero lo que uno tiene que saber es aprender a vivir con él.

Muchas veces, el dolor nos confunde, nos preguntamos, como puede ser que eche de menos el lugar de trabajo donde me sentía tan mal, o como puede ser que añore a mi pareja cuando ya no la soportaba, o aquel amigo tóxico que te sacaste de encima y hoy recordando una noche de copas, lo echas de menos. Pero es que , el final de una etapa, no es fulminante, son como capas de cebolla, hay muchos duelos dentro de una sola muerte, la muerte de lo que eras, la muerte de tus expectativas, de tus sueños, de la inocencia, de tus proyectos de futuro, de lo que creías que significaba la amistad, o el amor, del otro, de su compañía,… Un paciente me comentó que le preocupaba la contradicción que sentía cuando por un lado quería con locura a su mujer y sentía ilusión por sus proyectos de futuro juntos, sin embargo, seguía acordándose de su relación anterior aunque ya llevaran tres años separados. Casualmente, después de nuestra sesión su ex le envió una foto del perro que habían comprado juntos, le explicó que aquel mismo día lo iba a sacrificar porque estaba mayor y enfermo, le avisó porque creyó que era justo compartirlo con él. Mi paciente lloró toda la tarde pero entendió que era una parte más del cierre de la historia, y se permitió quererla, lloraba por lo que nunca serían, sin sentirse culpable, sin sentir que a veces echar de menos a tu pasado, no significa que desees volver a él, y que seguir queriendo a las personas que dejaste atrás, no significa que quieras menos a las personas que finalmente has escogido para compartir tu vida.

El sentido de la vida

Por mucho que a veces lo malo sea lo que peor nos puede pasar, muchas veces, a toro pasado, sentimos que aquella experiencia fue necesaria para ser la persona en la que ahora nos hemos convertido. A veces esa puerta que cerramos nos da la posibilidad de abrir otras puertas, distintas pero también con sorpresas agradables. Al final, los cambios surgen de pequeños o grandes incomodidades, pero son precisamente esas incomodidades, las que nos mueven y nos llevan a crecer. Tras una muerte,se puede volver a la vida, a pesar de que la pérdida nos haya destrozado por dentro, y luego seamos personas distintas.

El secreto cuando un alma está herida es transformarla en belleza, en poesía, en solidaridad, transformarse a través del amor por la vida. Encontrar un motivo por el qué vivir o a alguien por quien vivir. Holderlin decía que la poesía era el hospital de las almas heridas. Si logramos transformar nuestra herida en algo constructivo igual encontramos un tesoro: el sentido de nuestra vida.

 

Es extraña la forma en que las cosas adquieren sentido cuando terminan… es entonces cuando comienza la historia” J.L Godard. Éloge de l’amour, Film Remiscence, 2001.